Si bien existe una opinión generalizada de que los depositantes a menudo “vuelan” con su dinero a los bancos (extranjeros) de “calidad” en tiempos de dificultades financieras en el país donde actúan, este no es el caso en todas las crisis.
Si bien existe una opinión generalizada de que los depositantes a menudo “vuelan” con su dinero a los bancos (extranjeros) de “calidad” en tiempos de dificultades financieras en el país donde actúan, este no es el caso en todas las crisis.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEso hallaron Gustavo Adler y Eugenio Cerutti, dos especialistas del Fondo Monetario Internacional (FMI), en un estudio fechado en febrero en el que analizan el comportamiento de los depositantes de los bancos foráneos durante los episodios de tensión financiera en Argentina en los años 1994 a 2002, y en Uruguay, entre 1999 y 2002. Eligieron estos países y lapsos debido a la gran participación de la banca extranjera en sus sistemas, la característica local-regional de las crisis bancarias que enfrentaron, y la disponibilidad de datos mensuales sobre las instituciones. “El caso de Uruguay es de interés adicional, ya que nos permite distinguir entre el comportamiento de los depositantes residentes y no residentes (que representaban 40% del total de depósitos al momento de la crisis)”, explicaron los autores.
El origen de la crisis bancaria de 2002 en Uruguay está muy ligado a sucesos en Argentina y, de hecho, una “síntesis de eventos” reseñada en su análisis a modo de apéndice comienza el 2 de diciembre de 2001, cuando el gobierno de ese país estableció el “corralito” limitando el retiro de depósitos.
Señalan que durante gran parte de la década de 1990 y hasta la crisis financiera de 2002 el sistema bancario de Uruguay fue percibido como un “centro financiero seguro” en América Latina, lo que a su juicio refleja en parte la “garantía implícita e irrestricta del gobierno, una importante presencia de bancos extranjeros y un marco institucional sólido”. A pesar de que estaba compuesto por solo 22 bancos y seis cooperativas, la plaza financiera local era “relativamente grande”, describen los especialistas del FMI. Las entidades de origen extranjero tenían una participación de mercado de 58%, incluyendo un 10% de bancos de procedencia regional.
Relatan que la confianza del público comenzó a erosionarse en el momento en que los depositantes argentinos con problemas de liquidez no pudieron acceder a sus cuentas en bancos de su país por el “corralito”. Tras ello empezaron los retiros de fondos de Uruguay y poco después, la crisis se extendió a los residentes uruguayos.
Los resultados del análisis de Adler y Cerutti sugieren que no hay percepción de refugio seguro sobre los bancos extranjeros. Solo en uno de los cinco casos estudiados (Argentina, 1995) existe evidencia de una percepción positiva y exclusivamente respecto de sucursales extranjeras, mientras que en otro episodio (Argentina, 2001) estas en realidad enfrentaron más retiros de depósitos.