La madre de Milagros llegó a su casa, donde su hija y un grupo de amiguitos, todos de edad escolar, se habían reunido para jugar en el jardín, aprovechando el comienzo de las vacaciones y el buen tiempo.
La madre de Milagros llegó a su casa, donde su hija y un grupo de amiguitos, todos de edad escolar, se habían reunido para jugar en el jardín, aprovechando el comienzo de las vacaciones y el buen tiempo.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa empleada que le abrió la puerta le dijo que los chicos se estaban portando muy bien, que jugaban animadamente desde hacía mucho rato, a algún juego que ella no entendía mucho, pero todo dentro de lo normal y tranquilo.
La señora se fue entonces al jardín a ver a los chicos, y evaluar sus juegos, como corresponde a una madre responsable, por más confianza que les tenga a los pequeños.
Lo primero que le llamó la atención fue los nombres que escuchaba, por los que los protagonistas se llamaban unos a otros.
La pequeña anfitriona divisó a su progenitora, no le gustó mucho, porque a los chiquilines les molesta que los grandes interfieran en sus juegos, pero tampoco, le dio demasiada importancia.
—Hola Milagros, ¿todo bien? —le dijo desde bastante lejos la mamá a la nena.
—No soy Milagros, soy Bashira, y vivo en Estambul, y soy la secretaria de Marcelo, que en realidad hoy se llama Mesut, y mejor no interrumpas, porque estamos en una parte bastante brava de la situación.
Mientras la madre de Milagros ponía cara de no entender lo que estaba aconteciendo, aparece desde el fondo del jardín Marcelo, y se produce el siguiente diálogo.
—Mesut, te he dicho que llames a la Policía, porque el secuestro de Raissa permanece sin aclarar, y se corre el riesgo de los de la tribu Tarkan, que la tienen retenida, la puedan matar si no pagamos el millón de liras.
—Sí, señor Mesut, perdóneme pero me distraje un momento, me estaba hablando esta señora (que era su madre, a la que señaló con su dedito de 12 años) y no pude hacerlo.
—¡Que sea la última vez que te distraes, tonta, apúrate a llamar o tendré que castigarte con otra bofetada, como cuando me trajiste el té frío ayer por la tarde, antes de irnos a beber unos tragos y luego compartir magníficos momentos en la noche…!
—Pero…¿qué es esto de las bofetadas y los momentos magníficos en la noche? ¿Me quieren explicar qué significa todo esto? –dijo en un tono bastante enérgico la madre de la dueña de casa, abriendo grandes los ojos y poniendo los brazos en jarro.
—¡Ay, mamá, es un juego, no nos damos nada de bofetadas y ni idea tengo qué son los magníficos momentos, estamos jugando a la comedia turca, porque todos los de la clase vemos todas esas comedias de Turquía que dan en la tele, y sacamos de ahí las palabras y las situaciones, está redivertido, tenemos pedazos de todas las comedias y las juntamos, por ejemplo ahora Soledad, que hoy se llama Jalila, se está casando allá en el fondo, en la barbacoa, con Federico, que hoy se llama Kerem, porque lo sacamos de La esposa joven, esa comedia que están dando en el cuatro, creo, y…
Ni bien escuchó lo que le decía su hija, la señora la interrumpió y marchó rauda a la barbacoa, a ver en qué consistía la boda de la “esposa joven”, porque el riesgo de deslizarse hacia los tomates es muy grande en los preadolescentes. Se arrimó despacito a la barbacoa, y, sin ser vista, pudo mirar dentro del recinto, donde había como seis chiquilines más, todos disfrazados con unos trapos en la cabeza.
Sentados en el piso, juntitos pero sin correr peligro alguno, Soledad-Jalila tenía su mano posada sobre la de Federico-Kerem, mientras los demás circulaban alrededor de la pareja, diciéndole cosas como “que las bendiciones de Alá caigan sobre vosotros, y que Jalila haga feliz a Kerem haciéndole la comida, ocupándose de sus ropas, cuidando a sus hijos, limpiando bien la casa en la que vivirán, para que cuando Kerem regrese por las noches, cansado de trabajar, encuentre la alegría viendo que Jalila ha preparado todo, limpiado todo, hecho la comida que a él más le gusta, sirviéndolo así para la felicidad de ambos”…
La señora no daba crédito a lo que veía, pero los diálogos siguientes no dejaron de ser más preocupantes.
—Jalila —dijo Kerem—, que todo sea como nuestros amigos de la tribu nos desean, porque si no, recibirás los castigos que reciben las malas esposas, que no satisfacen a sus esposos, y a cambio sí reciben golpizas y latigazos, y se ven privadas de salir a la calle y de ver a su familia, porque lo primero es que el esposo esté feliz y satisfecho, y la esposa no debe olvidarlo, ¿me entiendes, querida? —enfatizó.
La señora decidió entrar, e intervenir en aquel mamarracho machista y desopilante. Aprovechó para aconsejarles a aquellos niños que todo eso que estaban repitiendo pertenecía a otra cultura, que las comedias turcas serán buenas para los turcos pero para nosotros son una deformación de cómo deben vivir las familias y las parejas.
Con toda corrección, otro de los niños le dijo que en su casa, y en la de todos, de tarde se veían esas comedias, y que todos se divertían mucho con ellas, cosa que ratificaron varios niños y varias niñas de la concurrencia.
En eso entran en la barbacoa Milagros-Bashira y Marcelo-Mesut, que venían del frente, donde aparentemente había terminado el episodio de hoy.
—Chicos —dijo Milagros-Bashira—, por hoy terminó la comedia, ahora viene el informativo.
Me imagino que vendrá a presentarlo Blanca Rodríguez —dijo la mamá dueña de casa, siguiéndoles el juego, que parecía haber terminado, al menos por hoy.
—No, mamá, el informativo ahora también es en turco, y viene a darlo Juan José, pero hoy se llama Jihad Diyab.
—¡Pero Jihad Diyab no es turco, es sirio, y no tiene nada que ver con esto! —replicó la señora.
—Sí, ya sabemos eso también, mamá, dijo la pequeña, pero como se nos acabaron las galletitas hace rato, ¡nombramos al único que hace huelga de hambre!