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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDiferencias entre programas electorales y declaraciones de principios. Las declaraciones de principios de los partidos políticos contienen las ideas fundamentales de sus integrantes, su misión en la sociedad y, fundamentalmente, el diseño de la sociedad que desean construir.
Es decir, no se trata de un contrato coyuntural —como lo son los programas electorales— sino que se trata de un contrato ideológico y político para todo un período histórico.
La actual Declaración de Principios del Partido Nacional que enriqueció las anteriores y, en particular, la formulada en el año 1983, fue discutida en todos los organismos, tanto departamentales como nacionales, en un proceso que comenzó en el año 2001 y culminó con su aprobación en la Convención Nacional del 7 de octubre de 2006.
En su parte introductoria se expresa:
“Desde la última Declaración de Principios del Partido Nacional se ha consolidado la democracia en nuestro país, en el mundo se ha visto la caída y fracaso del llamado socialismo real, se ha registrado un extraordinario aumento de bienes materiales a pesar de lo cual se mantienen radicales y escandalizantes desigualdades, y como nunca antes desde las primeras décadas del siglo XX, se han puesto en discusión las responsabilidades de los individuos, la comunidad y el Estado. En la Declaración de Principios aprobada por la Convención Nacional el 17 de diciembre de 1983, el Partido Nacional reiteró su voluntad inquebrantable de construir una sociedad que volviera a ser patrimonio de todos los orientales. Una sociedad pluralista y participativa, donde los ciudadanos no solo tengan el derecho, sino también el deber de compartir su conducción y realizaciones. En esa oportunidad se reafirmó la convicción profunda, fecundada con la sangre de tantos servidores, de que esa concepción del hombre y esa visión del Uruguay solo son posibles con la plena vigencia del régimen democrático. En esa dirección la acción del Partido Nacional, aun antes de 1973, fue decisiva en la recuperación de las libertades, así como en la consolidación democrática operada en el país a partir de 1985, bajo la conducción de Wilson Ferreira Aldunate. Nuestro Partido ha sido el que ha generado y desarrollado los conceptos de gobernabilidad y coalición, como forma de asegurar la necesaria solidez, estabilidad y permanencia del sistema democrático republicano de gobierno, presupuesto imprescindible para la conducción de la comunidad nacional hacia el logro de mayores niveles de bienestar espiritual y material. La realidad local e internacional ha puesto particularmente de relieve la esencialidad de la libertad y de los mecanismos para su defensa, imponiendo, principalmente para quienes admitieron sistemas totalitarios, la necesidad de revisar su visión finalista, justificadora de vías antidemocráticas. Para el Partido Nacional no hay justicia sin libertad, ni puede haber libertad sin justicia. La libertad y la democracia, en lo formal y en lo sustancial, son hoy, como siempre para nosotros, valores supremos e inescindibles de la vida de la nación”.
En estos párrafos, así como en toda su extensión, se expresa con claridad meridiana y total transparencia cuáles son los fines que aglutinan al Partido Nacional y cuál es la sociedad que se propone construir.
Esta es la unidad ideológica y política que distingue al Partido Nacional del Frente Amplio, porque este es una coalición de más de veinte grupos, partidos y movimientos unidos coyunturalmente, porque sus fines son diversos.
Lo único que pueden mostrar son programas electorales, porque las diferencias ideológicas les impiden transparentar ante la opinión pública cuál es, verdaderamente, la sociedad a la que aspiran.
En el Frente Amplio continúan existiendo partidos y movimientos que se proponen construir una sociedad totalitaria y sus paradigmas siguen siendo sociedades como lo son la cubana o la venezolana.
Y son precisamente esos sectores quienes dominan sus estructuras organizativas y que en la administración que termina, le impusieran a la mayoría de la coalición aprobar tantas leyes inconstitucionales.
Esa es la razón por la cual el Frente Amplio se encuentra impedido de tener una Declaración de Principios, ocultando su debilidad ideológica y cuáles son los verdaderos fines que persiguen muchos de sus partidos o grupos, poniendo el énfasis en su programa electoral.
Eso no quiere decir que todos los que se llaman blancos sean buenos y todos los frentistas sean malos por el hecho de ser integrantes de la coalición de izquierda.
No me afilio a la frase de “Viva los blancos” sino que “Vivan los buenos blancos” y, por qué no, los buenos colorados, los buenos frentistas y los buenos independientes. Buenos y malos hoy en todas las chacras.
Mucho menos me afilio a la teoría (tan de moda en nuestras tiendas) de que hay que degollar o jubilar a todos los veteranos. Sí que hay que renovar, pero no pasando por arriba de personas que aún mucho tienen por dar, en nuestro partido y en todas las tiendas. La experiencia es una virtud y nunca una desventaja.
Y vaya si el Partido Nacional ha tenido malos blancos (en otras tiendas que se ocupen ellos) y el problema es qué se hace con estas personas. Ese es el gran dilema de todos los partidos, los que tienen declaración de principios y los que no pueden tenerlos por diferencias ideológicas irreconciliables.
La lucha electoral luego de las internas quedó establecida con un escenario radicalizado: las dos alas de derecha triunfantes en los partidos tradicionales (Lacalle Pou y Bordaberry vs. Larrañaga y Amorín) y un pequeño giro a la izquierda del Frente Amplio con la fórmula cerrada con Sendic y el crecimiento notorio y trascendente de la senadora Constanza Moreira.
Rompe los ojos que el centro del electorado definirá todo: si hay balotaje, si hay mayoría parlamentaria, si hay cambio de gobierno y qué lugar ocupa cada uno dentro de los partidos.
Rompe los ojos que Bordaberry (para mí no es Pedro) necesita como nunca del Batllismo, que Lacalle (no es Lacalle Pou) necesita del wilsonismo y de Alianza Nacional (Larrañaga) y que el Frente necesita urgente del crecimiento de sus sectores más moderados.
Rompe los ojos que vendrá una campaña dura donde habrá temas que ninguno de los candidatos quiera tener sobre la mesa. Hay una parte de la historia que cada candidato prefiere olvidar.
Se viene como nunca la derecha contra la izquierda y en el centro no hay opciones.
Por ahora todos quietos. Pero será sin duda una elección bisagra en la vida democrática del país.
Pesarán menos las estructuras y más el voto opinión, ese 65% que no vota si no es obligatorio el sufragio.
Están todos en las gateras y lo cierto es que la fija del siglo, que era Tabaré, hoy solo es favorito. Amplio favorito pero no fija nacional.
Dr. Juan Andrés Ramírez Saravia
CI 2.677.195-4