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    Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

    Carlos Pareja fue, y sigue siendo, uno de mis profesores favoritos. Discutimos casi a los gritos el día que lo conocí, en 1991, en el viejo Instituto de Ciencia Política. En ese entonces, yo trabajaba como cajero en el Banco Hipotecario, lamía mis heridas de los años de militancia leyendo a José Enrique Rodó y Carlos Vaz Ferreira y estudiaba Ciencia Política. Más de tres décadas después, por suerte, seguimos discutiendo. Tenemos tanta pasión por los temas políticos como en los años 90, pero ninguno grita. Lo hacemos, cada día, con más cariño y respeto por el otro. Es por eso mismo, por cariño y respeto por él, pero también porque nos faltan en Uruguay conversaciones respetuosas y debates serenos, que no puedo dejar de responder a su agudísimo comentario a mi columna de hace dos semanas atrás.

    Carlos Pareja afirma que, en mi interpretación, que vincula causalmente las “apuestas a la polarización” con la reforma electoral de 1996, hay muchos “equívocos” y “malentendidos”. Puede ser. Me dolería mucho que así fuera, porque me considero un buen lector. Debo decir que, a Martín Peixoto, una de las personas que conoce el pensamiento de Carlos bastante mejor que yo, también le llamó la atención el énfasis que pone en su libro en la última reforma electoral. En su excelente prólogo escribió: “Este libro advierte que la crisis de la democracia también llama a nuestra puerta. El momento clave que señala Carlos Pareja es la inflexión plebiscitaria que se produjo en Uruguay en los años 90 del siglo pasado. En estas páginas somete a examen la solvencia de los argumentos utilizados en favor del balotaje, y analiza los efectos de la pendiente plebiscitaria que se inició en esos años (…)”. La reforma del 96, sus causas y consecuencias, es uno de los ejes centrales de una obra en la que se abordan múltiples aspectos de lo que Carlos suele denominar la “sintaxis” y la “semántica” de la política uruguaya.

    De todos modos, con la honestidad espectacular que sus estudiantes y amigos le conocemos tan bien, Pareja asume que él también podría ser responsable de mis “equívocos” interpretativos. Francamente, es lo de menos. Es posible que, como en cualquier otra conversación, él no haya sido tan claro como hubiera sido deseable y que yo no haya sido capaz de descifrar correctamente el fondo de su argumento. No importa. Lo que realmente nos interesa, a él, a mí, a todos los que estamos preocupados por la pendiente por la que se desliza el clima político de este país, es el debate de fondo sobre lo que Pareja define perfectamente como las “apuestas a la polarización del sistema político uruguayo”.

    ¿En qué estamos de acuerdo y en qué no con Pareja? No puedo hacer una lista completa. Pero quiero mencionar algunas de nuestras numerosas coincidencias. Estamos de acuerdo en que, en todos lados, la democracia está en problemas. Estamos de acuerdo en que Uruguay no está a salvo de los problemas globales. Estamos de acuerdo en que, en nuestra polis, hay “apuestas a la polarización” potencialmente muy dañinas. Estamos de acuerdo en que no todo es malo. Estamos de acuerdo en que la democracia uruguaya tiene algunas tradiciones espléndidas. Estamos de acuerdo en el elogio al pluralismo (dicho en criollo, en la importancia de dispersar el poder político). Estamos de acuerdo en que los partidos tienen derecho a modificar sus posiciones tradicionales (en materia de instituciones y de políticas públicas) siempre y cuando tengan el coraje de argumentar frente a la ciudadanía sus razones para cambiar. Estamos de acuerdo en que algunos dispositivos institucionales incorporados a la Constitución en el contexto de la década del 60, como el Mecanismo de Urgente Consideración, deben ser examinados y, eventualmente, eliminados.

    Párrafo aparte merece el acuerdo más importante de todos. Dice brillantemente Pareja en su carta al director: “Todo indica que los dirigentes de nuestros principales partidos hace tiempo que han renunciado a la disposición de convencer y ser convencidos, que encaran sus interlocuciones recíprocas como otras tantas oportunidades de fortalecer sus posiciones previas y que no consideran necesario esforzarse por ampliar sus horizontes de modo de tener en cuenta y acoger en parte algunos de los temores y de las desconfianzas que genera su propia prédica”. No puedo estar más de acuerdo. Tampoco podría decirlo mejor. Los partidos parecen no poder “procesar rendidoramente discrepancias sustantivas, de modo que las partes involucradas reformulen sus diagnósticos y sus propuestas alternativas a la luz de intercambios públicos entre quienes se alinean en convocatorias ideológicas diferentes”. Otra vez, dicho en criollo: no tenemos deliberaciones genuinas, diálogos inteligentes, reconocimientos mutuos. Vamos camino a un mundo de tribus enfrentadas a pedradas, cada una en su trinchera, cocinándose en su propia salsa, reforzando sus identidades sin reparar en los riesgos. Hace muy bien Carlos en criticar esta dinámica cavernícola. Su reclamo de deliberaciones honestas, hoy, parece utópico. Pero no podemos renunciar a ese horizonte. Y la única manera de avanzar hacia él es evitando naturalizar las prácticas actuales. Remito a los lectores a un texto breve que publiqué recientemente en la colección Diálogo Político de la fundación Konrad Adenauer titulado Construir la utopía democrática (disponible en: https://dialogopolitico.org/documentos/dp-enfoque/utopia-democratica/).

    ¿En qué no estamos de acuerdo? Temo hacer sufrir a Pareja con lo que voy a escribir a continuación. No estamos de acuerdo en, al menos, tres cosas. Primero: Pareja piensa que el presidencialismo es una apuesta atávica. Yo creo que, como cualquier otro diseño institucional, tiene virtudes y defectos. Segundo: Pareja sostiene que la reforma del 66 fue una apuesta institucional equivocada. Yo creo que esa reforma se hizo cargo razonablemente bien de los problemas de su época. Tercero: Pareja piensa que la reforma electoral del 96 agravó los errores anteriores. Yo creo que la opción de los reformistas por la “simplificación” de las opciones políticas era razonable y necesaria. Tengo claro que estos argumentos me acercan a la tradición de pensamiento político que él se esfuerza en criticar. Yo creo, como él, en la importancia del pluralismo. Pero creo que la historia de la democracia es la de una constante búsqueda de equilibrio entre dispersión del poder (en nombre de la libertad) y concentración del poder (en nombre de la gobernabilidad). Uruguay ha sido un laboratorio espectacular. Como las demás nuevas repúblicas, después de las guerras de independencia, en 1830 adoptamos y adaptamos el modelo presidencialista norteamericano. En 1918 dispersamos el poder. En 1934 lo volvimos a concentrar. En 1942, pero mucho más radicalmente en 1952, lo volvimos a dispersar. En 1966, tocó mover la perilla en la dirección contraria. Donde él encuentra una tradición saludable y otra perniciosa, yo veo dos tradiciones políticas complementarias.

    Las instituciones importan. Pero no condicionan las prácticas. En esto estamos de acuerdo. Desde mi punto de vista, un sistema presidencialista, con balotaje incluido, podría funcionar sin polarización, con diálogos inteligentes y reconocimientos mutuos entre los partidos. Depende de los líderes de los partidos y del grado de civilización política de la ciudadanía. Un sistema parlamentarista y multipartidista, como los que prefiere Carlos, puede ser un fracaso absoluto. Depende exactamente de los mismos factores. Un buen sistema político, cualquiera sea su diseño institucional, es el que logra aprender a partir de sus propias prácticas. En todo caso, es tiempo de discutir a fondo qué es lo que hacemos en materia política y cuáles son sus fundamentos morales. En esto estamos absolutamente de acuerdo con Carlos Pareja, admirado profesor.

    Adolfo Garcé

    Vieron que hay “Salón del Automóvil”, “Salón de la Moda”, “Salón Inmobiliario” y qué sé yo cuántos más?. Pues, también pasa algo similar con los impuestos. ¿No están aburridos de pagar siempre los mismos impuestos? ¿No les encantaría probar nuevos modelos?

    Cinve viene a satisfacer esas inclinaciones. Acaba de exponer una serie de cambios tributarios ( de última generación!): IVA personalizado, rediseño integral (sic) del Imesi, fase lift para el IRPF y modelos turbo para el Impuesto al Patrimonio, a las Herencias y para el IRAE. ¡Chiche!

    Es increíble que esto a nadie le parece mal. Los proponentes están fascinados con sus productos y los “consumidores” ni chistan.

    A nadie parece ocurrírsele que lo que debería haber es un Salón del Gasto. Damos por bueno que está bien que nos metan la mano en el bolsillo cada vez más (y de formas más complejas). Hasta nos tragamos las pastillas de los promotores del Salón del Impuesto sobre impuestos justos, finalistas, redistributivos y demás. Aceptamos sin cuestionar piezas de marketing, como aquélla de, “que pague más el que tiene más” o la otra de que el Estado tiene por finalidad redistribuir riqueza gravándola y que el impuesto es una herramienta para nivelar y distribuir.

    Tanta agua corrida bajo el puente y aún no captamos que el impuesto no es otra cosa que la extracción de riqueza generada por algunos, para destinar a fines supuestamente aprobados (democráticamente), por la ciudadanía. Fines que, por definición, sólo pueden apuntar al bien común y deben estar comprendidos en facultades constitucionales expresas.

    Es una extracción, punto. Lo de la justicia y la igualdad son espejismos. Para empezar, el impuesto, económicamente, no lo paga aquél que la ley designa como sujeto pasivo. Lo paga el que no puede trasladarlo, sea para adelante (precios), sea para atrás (insumos, incluyendo salarios).

    En segundo lugar, quién puede tener la suficiente información como para saber si es justo sacarle a Juan, que produce menos que Pedro, pero tiene seis hijos, uno de ellos muy enfermo… y compararlo con Luis que tiene problemas de abastecimiento por la guerra de Ucrania, mientras que Julio está a tiro de los precios argentinos, etc.etc.

    Nos animamos a zambullirnos en ese laberinto, pero no a pararnos frente al mundo del revés y exigir que se acote de una vez el manotazo al bolsillo. Que se considera una impertinencia, una falta de respeto mercadear modelos tributarios, en vez de mecanismos para terminar con el crecimiento del gasto público y su aplicación, sustancialmente, a destinos poco útiles y escasamente justificados.

    No reparamos en que cada tributo tiene, además de su impacto programado, efectos colaterales, tanto económicos como sociales. Para ir de mayor a menor, la carga tributaria total que soporta la sociedad uruguaya ejerce una fuerte presión negativa sobre la inversión. Otro caso, las supuestas maravillas justicieras del IRPF van unidas a un castigo del ahorro (y, por ende, de la inversión).

    Si, como ha ocurrido en nuestro país, la carga tributaria crece sostenidamente al mismo tiempo que los retornos provistos por el Estado (educación, seguridad, infraestructura, etc.), o bien están estancados o bien van para atrás, ¿no habrá que repensar un poco lo de la justicia redistributiva tributaria?

    Volvamos al manido eslogan de que pague más el que tiene más. Tan simple, tan fácil, tan atractivo. Nunca falla a la hora de proponer tasas diferenciales en impuestos como el de la renta y el patrimonio. Pero resulta que no se toman en cuenta factores obvios: ¿más de qué? ¿cuánto? Y ¿da lo mismo tener más y producir que menos y vivir del Estado? No se toma en cuenta que ese criterio está tan arraigado en nuestro país que todo tiene tasas diferenciales o suplementarias: la contribución inmobiliaria, los tributos municipales, los servicios públicos, etc., etc. y encima, como el retorno estatal suele ser deficiente, el que “paga más”, además, paga por la educación y la salud de sus hijos, por seguridad adicional y muchas cosas más.

    Por último, para incorporar al Salón del Impuesto, el único modelo tributario tolerable es el clásico de Jacques Necker, Ministro de Finanzas de Luis XVI: “el arte de tributar es como el de desplumar al ganso: tiene que hacerse con el menor griterío posible”.

    Organicemos el “Salón del Contribuyente Desplumado”

    Ignacio De Posadas

    Dos hechos se han suscitado en los últimos días en relación con la llamada “historia reciente” y su enseñanza en Secundaria. Una historia que abarca el período 1963-1985, por lo que de reciente tiene muy poco. Por un lado, la inclusión de un libro del expresidente Julio María Sanguinetti La agonía de una democracia: proceso de la caída de las instituciones en el Uruguay, 1963-1973 (2008) dentro de una bibliografía (de 30 textos) de apoyo a los docentes en Historia de 3er año (futuro 9º, en la actual transformación educativa) y la exclusión de un texto del historiador Carlos Demasi sobre la misma temática. Esta decisión de las autoridades educativas despertó la inmediata crítica de un grupo de historiadores y docentes que consideraron la medida como inapropiada y en sentido contrario al deber ser de la disciplina.

    Esta actitud corporativa deja en evidencia que el tema de marras sigue despertando una alta sensibilidad, impregnada de connotaciones ideológicas, y que, por tanto, causa una reacción desproporcionada ante la incorporación de una mirada distinta dentro del relato dominante establecido en las últimas décadas. En principio, esa bibliografía de apoyo no es obligatoria sino solo una guía para los docentes de ese programa. Además, se incluyen libros con distintas interpretaciones y enfoques incluyendo un texto del propio profesor Demasi con otros autores. En los hechos cada docente leerá los libros que entienda más apropiados a cada tema sin importar la inclusión o no en dicha lista. En lo personal y como docente de Enseñanza Media que aborda estos temas comparto la idea de incluir todas las miradas posibles (en ese sentido el libro de Sanguinetti es un valioso aporte) en una temática donde siempre se aprende algo dada la complejidad del período analizado y los múltiples factores intervinientes en la caída de la democracia uruguaya. La mayoría de los textos referidos a esa época son escritos por protagonistas de esta, ya sea como ministro de Estado, legislador o periodista (caso de Sanguinetti), como dirigentes o militantes políticos, sindicales o gremiales, integrantes de las Fuerzas Armadas, del MLN Tupamaros o de cualquier otra actividad. Todos aportan su visión y la calidad del texto —y su aporte al conocimiento histórico— estará en función de su fundamentación, la coherencia de sus argumentos y análisis, los documentos o testimonios expuestos, la honestidad intelectual del escritor, y un largo etcétera. Poco importa la aproximación ideológica del autor si lo que el texto busca es esclarecer los hechos basado en los documentos disponibles y fuentes confiables. Que sea historiador, político, periodista o simple escritor no debería establecer una jerarquía sobre quién se acerca más a la verdad histórica, por suerte un objetivo deseable pero inalcanzable que nos pone a resguardo de cualquier tentación totalitaria en la educación y en la cultura.

    El segundo hecho que irrumpió sobre este tema fue la declaración del Sr. ministro de Educación y Cultura, doctor en Filosofía, Pablo da Silveira, manifestando su desacuerdo con dar estos temas en Secundaria dada la cercanía temporal de este proceso histórico y su alta sensibilidad.

    Esta “historia reciente” se inscribe en una historia universal que recibió la denominación de Guerra Fría (1945-1991). Tema incluido desde hace años en los programas de Historia de 3º en ciclo básico (9º a partir del próximo año), en 1º y 3º de bachillerato (reformulación 2006), y cuyas derivaciones ideológicas, políticas, sociales, económicas y culturales constituyen la columna vertebral para entender el siglo XX. Amputarse dar las derivaciones de la Guerra Fría en Uruguay sería exponer a la disciplina a una irrelevancia tal que llevaría a los estudiantes a cuestionarse qué utilidad puede tener una materia que no se atreve a desentrañar (a explicar) el proceso político más traumático del Uruguay contemporáneo (siglo XX), donde sus padres y abuelos fueron protagonistas obligados. Si algo marcó al Uruguay en esos “años calientes” (1963-1985) fue que pese a toda la crisis que el conflicto deparó terminó triunfando la libertad y la democracia, valores que el sistema educativo hace suyos y que definen a toda la sociedad desde 1985. El caso uruguayo y de gran parte de la región anticipó lo que a escala mundial (principalmente en el mundo Occidental) aconteció pocos años después: la caída del oprobioso Muro de Berlín (1989), símbolo del fanatismo ideológico que caracterizó a todo el conflicto, el fin del “socialismo real” y la afirmación de la libertad como principio irrenunciable.

    Pongamos todas las miradas a disposición del estudiante, sin miedo y sin pretensiones de relatos hegemónicos que quieran cuidar como coto de caza verdades absolutas, propias de dogmatismos, reñidos con la característica que más define a la disciplina: su permanente revisión. No subestimemos a nuestros estudiantes, cada vez con más acceso a las fuentes del conocimiento. En sus celulares portan bibliotecas enteras y un sinnúmero de medios audiovisuales de todos los temas tratados en el aula (además del implacable “profesor Google”). Está en el docente despertar el interés del educando en cada asunto tratado. Trasmitamos la importancia de analizar todas las fuentes (aun aquellas cuya interpretación no compartamos), de valorar un libro de contenido histórico sin importar la afinidad ideológica, partidaria o la trayectoria del autor, de saber que cada texto, cada video, cada testimonio, cada docente aportan una parte de conocimiento, una parte de verdad, que solo el esfuerzo persistente de analizar todos los aspectos posibles nos podrá acercar a la comprensión de un proceso histórico, objetivo de la disciplina. Busquemos que nuestras clases de Historia despierten el espíritu crítico, una herramienta fundamental para un ciudadano comprometido con la sociedad y en búsqueda de aportar soluciones a los problemas más acuciantes. Por último, que la educación uruguaya genere en cada estudiante el mayor respeto por la libertad de expresión y de pensamiento.

    Mauro Manini

    La Fiscalía de Delitos Económicos resolvió archivar la denuncia de la bancada del Frente Amplio contra jerarcas del Gobierno Nacional por “eventuales delitos” en la concesión de la Terminal Portuaria Especializada a TCP y el acuerdo celebrado con la firma belga Katon Natie, socia del Estado en TCP. Según el dictamen fiscal, “las conductas que se pretenden imputar carecen de relevancia jurídico-penal, no encontrando elementos para la configuración objetiva y subjetiva del tipo penal”.

    En buen romance, el Frente Amplio presentó una denuncia penal sin fundamentos jurídicos ni fácticos que la Fiscalía luego de investigar declaró carente de mérito y de derecho.

    El episodio pone punto final al infame relato elaborado por dicha fuerza política como venganza a la fallida interpelación que intentaron contra el exministro de Transporte y Obras Públicas Luis Alberto Heber a mediados del año 2021, el cual fue respaldado por la mayoría de la Cámara de Senadores en su legítimo proceder, al igual que en la política seguida por el Poder Ejecutivo en materia portuaria.

    La denuncia elaborada por la minoría opositora se trató a nuestro entender de una maniobra comprendida en lo que hoy se conoce como “judicialización de la política” —práctica invertebrada importada del país vecino—, que en forma lamentable se ha convertido en costumbre nacional para algunos sectores políticos que utilizan la mala fe o “mala leche” como argumento a falta de ideas y de razones de derecho.

    La finalidad de esta manganeta o “chicana” (en la jerga del derecho) consiste en instalar “un relato” y una campaña de desprestigio y enchastre contra altos cargos del gobierno nacional, la cual una vez lanzada a la opinión pública se mantiene en cartel, agregando condimentos con el paso del tiempo (conocido como ampliación de denuncia), en forma totalmente irresponsable. Apuntalan esa campaña con reportajes y fotos en los medios de algunos personajes, que se asemejan a modernos Torquemadas criollos en una cruzada inquisitoria, amenazando con su dedito levantado en tono acusador (en este caso nos referimos a su figura visible, el senador Charles Carrera). Son culpables, dice, de fraude, falsificación, corrupción etc…”, salvo que demuestren su inocencia”. Claro está, no faltaba más.

    Los ciudadanos de buena fe tuvimos que asistir por casi un año y medio a la catarata de agravios de esos conspicuos personajes todólogos, la bancada de senadores del Frente Amplio, del presidente de la coalición, Sr. Pereira, de miembros del PIT-CNT, de autoproclamados candidatos como el canario Orsi, de notorios publicistas que responden a esa fuerza. Escuchar en radio y TV, en la prensa compañera, rasgarse las vestiduras aclamando que: “Se vendió el Puerto de Montevideo. Se entregó la soberanía nacional. Se mintió. Se incumplió la Constitución. Se infringieron las leyes portuarias. Se incurrió en falsedades. Que no era necesario transar ningún juicio internacional. Se favoreció a empresa extranjera. Se violó la libre competencia, etc.”, al más clásico estilo goebbeliano.

    Todo este fárrago de embustes, medias verdades tergiversadas, interpretaciones subjetivas, calificativos canallescos, sirvieron para crear un clima propenso a inducir a la ciudadanía en error e intentar presionar no solo a la opinión pública sino indirectamente a las autoridades de los poderes independientes, como es el caso del Poder Judicial, llamado a dirimir en el plano jurídico diferencias y reclamos de partes con legitimación activa, y por supuesto a los funcionarios con independencia técnica encargados de la faz acusatoria ante la presencia de evidencia de actos ilícitos —lo que no fue el caso que nos ocupa.

    No le alcanzó al Frente Amplio con la opinión del Poder Ejecutivo, del Consejo de Ministros, de los legisladores de la coalición de gobierno en el Senado, con el dictamen de legalidad del Tribunal de Cuentas de la República, con la opinión de la Jutep, con la posición dominante de la más célebre doctrina nacional de derecho administrativo, constitucional y comercial. No, había que mantener la fantochada en cartel, agrandar “la grieta en términos porteños”. Que no es grieta sino política barata antinacional.

    Y ahora, como si fuera poco, criticar al Sr. Fiscal actuante anunciando recursos y expresión de agravios absolutamente inconducentes y también ajenos a derecho, como lo ha hecho en la prensa el senador Bergara, vocero de aquellos.

    Nunca buscaron un debate de ideas y posiciones jurídicas por lo alto, no, siempre con mala leche, juego sucio, cancha embarrada, jugando con el honor de las personas, de nuestros gobernantes. Cobardía demostrada además al intentar atacar al presidente de la República con tiros por elevación contra sus ministros y prosecretario del órgano presidencial, olvidando que fuera el propio presidente quien se responsabilizó en forma pública de todo lo actuado. ¿Acaso no hubiera sido menester plantear un juicio político como marca la Carta Magna si tamaños infundios hubieran tenido asidero?

    Esperemos entonces que, confirmado el hecho, los aludidos personajes tengan la honorabilidad y dignidad de pedir disculpas, de retractarse, de reconocer ante los funcionarios agraviados de palabra y de hecho la existencia del equívoco, de una denuncia redactada vaya a saber por qué sabios asesores, y así reivindicar sus nombres. Eso sería un gesto noble y digno de política honesta… pero no lo vemos por la tormenta, como decía un ciego.

    Este triste episodio de demagogia política, utilizando los Poderes del Estado para dirimir venganzas políticas, ese juego de judicializar en sede penal todo aquellos actos de gobierno y administración respaldados por las mayorías constitucionales, fundadas en razones jurídicas y de conveniencia nacional, termina por horadar las instituciones republicanas, instalando prácticas políticas reñidas con nuestras más preciadas tradiciones republicanas, siendo más afines a las prácticas de los regímenes totalitarios de cuño marxista-leninista que no queremos para nuestra Nación.

    Montevideo, 25 de noviembre de 2022

    CI 1.028.178-7

    Sr. Director:

    En la edición de Búsqueda de la semana pasada (N° 2.200) un ciudadano hizo un aporte muy rico en cuanto a la actualidad del Partido Colorado. Por más que mencionó no tener credenciales políticas o de militancia, demostró sobradamente tener autoridad intelectual para aportar con su valioso pensamiento.

    Justamente eso caracteriza al Partido Colorado: sus ideas.

    Menciona el ciudadano que el partido sufre un severo desdibujamiento de su identidad. Puede que eso sea así o no, dependiendo de con qué cristal se lo mire.

    Alguna figura de primer nivel ha preguntado: ¿cuál es el público objetivo del Partido Colorado? Y la pregunta, que parece difícil, puede responderse fácil. El espíritu del partido es tan amplio y rico que todo público es objetivo, no se quiere dejar a nadie afuera de las ideas y propuestas, no se cree en la lucha de clases de algunos contra otros, sino de ascenso social de todos juntos. Esa grandeza de espíritu es la que está buscando un lenguaje compatible con las nuevas generaciones de electores para catapultarse de ese piso férreo de diez por ciento, que amaga cada cinco años a trepar sin techo.

    Entonces, el partido sí puede que haya quedado desdibujado y puede ser porque ha triunfado desde el momento que sus valores se han fundido en la idiosincrasia del país. Sus principios se encuentran presentes en toda la ciudadanía, en todo el espectro político. “Mirar al cielo y decir que es celeste es como decir que el Uruguay es batllista”, decía el Pibe Carlos Maggi.

    Ahora bien, hay otra identidad del partido que no está desdibujada sino siempre presente en todos los colorados, militantes y dirigentes. Sus ideas. Su vocación de servicio. Su inquietud por el porvenir. Su humanismo liberal. Su preocupación por ser el escudo de los más débiles lejos del oportunismo populista. Su protección de la libertad como derecho básico para el desarrollo de la personalidad humana a su máxima expresión. Su protección de los derechos y políticas sociales básicos para el desarrollo de los derechos humanos: educación, vivienda, salud, derecho al trabajo, seguridad ciudadana, seguridad social. Respeto a los trabajadores, los contribuyentes y los dineros públicos, apostando a la gestión responsable y gobierno corporativo de férrea transparencia. Sustentabilidad ecológica. Integración del Uruguay al mundo. Su responsabilidad por los tiempos que se vienen, apuntando la educación, a la tecnología, computación (especialmente programación), idiomas (inglés), preparando a los más jóvenes para un mundo globalizado, competitivo, de “realidad líquida”, cambiante y, en definitiva, difícil. Discutir y proponer los nuevos derechos: ¿abandonar tareas repetitivas o de BOT y fomentar las creativas?, ¿eutanasia?, ¿alquiler de vientres?, ¿energía atómica?, ¿liberalizar más drogas?, ¿reforma del Estado?

    Por último, su permanente preocupación por aquellos ciudadanos que no pueden esperar que a través de los mecanismos de ascenso social a que sus nietos puedan comer. Y por aquellos que hoy pasan hambre, principalmente por falta de un mínimo de cultura que los haga valerse por sí mismos, dejos del asistencialismo, que en definitiva le quita dignidad a la gente.

    Y para eso, el trabajo en propuestas.

    Todo esto no está desdibujado en el Partido Colorado, sino marcado a fuego. Por ello es que lejos de desaparecer como algún politólogo vaticinó luego de la reforma constitucional de 1998 donde se tendería al bipartidismo con desaparición de uno de los partidos tradicionales, terminamos en un bicoalicionismo, donde dos coaliciones se encuentran claramente marcadas. Y dentro de la coalición no hace falta que se explique lo fundamental que es el Partido Colorado para el triunfo de la facción republicana y la imposición sobre pensamientos totalitarios marxistas y comunistas a más de 30 años de la caída estrepitosa del Muro de Berlín.

    Finalmente, entiendo que ahora no es momento de hablar de candidatos, elecciones y encuestas. Es momento de gestionar. Pero cuando aparezcan los candidatos, será para pedir el timón de la coalición. Hay voluntad.

    Juan Martín Jorge

    La frittata armada por el Partido Comunista, mezclando al Frente Amplio, al PIT-CNT, a la Intersocial, a la FEUU, a la prensa afín y a los sectores de la Justicia cómplices, se encamina, sin verdaderos liderazgos de peso, hacia 2024 con un único argumento: el no sistemático e implacable  a toda iniciativa del gobierno.

    La última creación, luego del vergonzoso hundimiento de su Coordinadora de Ollas, es el Mondess (Movimiento Nacional de Defensa de la Seguridad Social).

    Lo que falla es su propia gente y por distintas causas, Michel Suárez, Gerardo Núñez, Óscar Andrade, Nestor Erramuspe, Roque Barla.

    Lo condenan, también, sus gestiones administrativas pasadas y presentes plagadas de irregularidades, desprecio por las normas y por la gente.

    Son especialistas en avanzar escondidos detrás de títeres u hombres de paja tipo Fernando Pereira o Carolina Cosse… Hace 100 años que lo hacen en Uruguay, aunque parecería que, por momentos, Andrade olvida el dogma y se mira mucho al espejo.

    Desde la fundación del Frente Amplio en 1971 los comunistas lograron conformar, estatutariamente, a su máximo órgano político, el Plenario Nacional, de manera de asegurarse las mayorías para las resoluciones importantes, contra lo que luchó, sin éxito, Danilo Astori.

    Son la usina principal de los relatos de situaciones dramáticas falsas o exageradas que surgen y desaparecen como por arte de magia.

    Son los que dan insumos, en general falsos, a los distintos papagayos funcionales.

    Son los que generaron la enorme cantidad de conflictos durante este 2022, entre ellos, los de la educación, que hicieron perder 31 días de clase a los alumnos de menores recursos en la enseñanza secundaria.

    Son los que prometen para 2023 más conflictos aún.

    ¿Cómo pueden, con esta falta de moral y respeto por la gente, manejar a la principal fuerza política del país?

    Al MPP con su liderazgo declinante, que dos por tres les mete un gol en contra, lo van manejando hasta proponerle un pacto, “agarrate esto y dame aquello”, pero siempre el Partido Comunista “avanza un casillero” y la “barra del MPP” come banco de suplentes.

    Los moderados son mucho más fáciles de manejar, ya que con menor peso político electoral van a buscar, únicamente, “el carguito en el Senado”. Bergara, Rubio, PS.

    A los oportunistas, que se arriman a la tibieza del poder, también, les aseguran “su chupetín”.

    Por supuesto que lo ideológico no existe, lo que existe es una política por el poder y nada más.

    Obviamente que la izquierda no constituye un peligro para la democracia, sino que lo son las manipulaciones hegemónicas que muchas veces arrastran al Frente Amplio a posturas que sus mayorías no comparten.

    El accionar comunista quita espacio político a protagonistas de izquierda que podrían aportar mucho al debate nacional, así como dificulta el funcionamiento fluido de la democracia.

    Miguel Rodríguez

    CI 1.045.710-6

    Agradecería profundamente la publicación de esta carta en forma urgente. Ayer, con la firma de 80 hogares, presentamos nuestro planteo al director de Transporte de la IM (Intendencia de Montevideo), el Sr. Justo Onandi, quien nos informó que tenían pensado concretar este infausto proyecto en pocos días.

    La IM, en una arremetida más, piensa instalar una terminal de ómnibus en una calle interna del barrio Malvín, lo cual afecta a los habitantes de esa cuadra de forma directa de diversas formas y a quienes viven en un radio cercano, de forma indirecta.

    Los perjuicios que una terminal significan para los “vecinos” son innumerables: ambientales por higiene, ruidos, gases de vehículos, estéticos, interferencia con la dinámica de la zona, etc., y muy importante, devaluación de las propiedades.

    El Sr. Justo Onandi nos informó, entre otras cosas, lo siguiente:

    —Esto se está estudiando desde hace cuatro años. Acotó: se mantuvo oculto, no hubo ningún tipo de comunicación de parte de la IM. Nos enteramos frente a determinadas intervenciones en la zona y con contradicciones incluidas de parte del Consejo Vecinal Zonal. Sabiamente oculto, con el fin de prevenir interferencias de los vecinos.

    —Se consideraron otras posibilidades para la ubicación de la terminal, pero finalmente se decidió esta ubicación, a pesar de que las mismas razones por las cuales no se podían hacer por afectar otras zonas son igualmente válidas para la nuestra.

    En el momento en que el grupo de mis verdaderos vecinos se empezó a movilizar para pedir a la IM que no nos imponga tremendo fardo, se me saturó el vaso. Me di cuenta de que la IM impone a los “vecinos” situaciones inaceptables. Sí, impone, por incapacidad o para satisfacer acuerdos con terceros, a expensas de los intereses de los “vecinos”.

    En suma, los “vecinos” son sacrificados por la IM para que esta pueda dar satisfacción a los requerimientos de terceros, en este caso, una empresa de transporte.

    En otros casos, los “vecinos” se sacrifican a favor de los feriantes, o deben convivir muchos años con las consecuencias de una mala decisión: los contenedores de basura.

    En este caso, la IM tenía que sacar la terminal que estaba frente al edificio abandonado del Rodelú por interés de los vecinos de esa zona o por iniciativa de la propia IMM de reestructurar las líneas de ómnibus, según dijo el director.

    Frente a esto, ¿qué se planteó la IM? Dicho por el director con el que conversamos ayer, cambiar la ruta de algunas líneas, y para la restante, se pregunta: ¿a qué otro lugar en el barrio la podemos mover?

    Entonces, la IM encontró una “solución”, provocándonos a nosotros un problema.

    La IM parece no reconocer que las zonas comerciales difieren de las residenciales y que, así como no ponemos el retrete en el living, los servicios se deben ubicar de tal forma que no interfieran con la dinámica, la higiene y la estética de una zona residencial.

    No se debe alterar de ninguna forma la calidad de vida ni las características de un barrio, si esto puede desmerecerlo.

    Deben buscarse espacios donde no se afecte a nadie. La ciudad debe adaptarse a las funciones siguiendo criterios contemporáneos. No podemos seguir buscando soluciones con los mismos criterios de hace 50 o 100 años.

    Quizás se deban llevar los ómnibus más allá del recorrido de la línea —tenemos el parque Rivera a un kilómetro— o construir estaciones subterráneas si no se encuentran espacios que no afecten a los “vecinos”.

    ¿Hay expertos en tratamiento del tema? Esa es la tarea de la intendencia de la ciudad. Lo que es claro es que la solución debe ser a costo de las partes que hacen el trato, y no de terceros, es decir, los vecinos.

    Necesitamos que no se concrete el plan secreto de instalarnos los ómnibus a pocos metros de donde dormimos, respiramos aire puro y tenemos una hermosa vista del barrio. Es por estas características que el barrio ofrece que lo elegimos para vivir.

    Al mismo tiempo me pregunto: si la IM cambia las características del barrio, deteriorando la calidad de vida en él, ¿de qué forma piensa resarcir a los afectados?

    Después de ser escuchados por este director, tengo la esperanza de que el tema se reconsidere y ojalá la IM entienda que no puede tomar decisiones en perjuicio de aquellos a quienes se supone que ella misma debe proteger.

    Dinorah Sanz

    Carta abierta al Sr. Ministro de Desarrollo Social, Sr. Lema, al Sr. Ministro del Interior, Sr. Heber

    Queremos informar de la situación que estamos pasando los vecinos del Barrio Sur de Montevideo. Situación que no es ajena a otros barrios pero aquí se agudiza.

    Desde hace un tiempo se ha instalado un refugio del Mides en la calla Zelmar Michelini 1186, entre las calles Canelones y Maldonado, a escasos 15 metros de la Seccional 2ª de Montevideo.

    Previo a la instalación del refugio, teníamos en nuestras veredas delante de nuestras casas y negocios algunas personas que dormían en la calle. Luego de la instalación del refugio, la cantidad de gente que ha pasado a pernoctar delante de nuestras viviendas ha aumentado considerablemente.

    Hoy martes 29 de noviembre tenemos cuatro personas durmiendo por la calle Maldonado y siendo las 13 h aún continúan allí.

    Queremos informarle al Sr. Ministro Lema que durante un buen tiempo el refugio contó con un cartel que decía: “Límite máximo de personas en el refugio: cinco por orden del Mides”.

    Tenemos documentación gráfica de dicho cartel, por lo cual no puede ser desmentido. El refugio cuenta con dos plantas, por lo cual no entendemos por qué estuvo limitado a cinco personas solamente.

    Y si ese es el acuerdo, estamos malgastando los recursos al instalar un refugio para solo cinco personas.

    Es continuo ver que muchas veces la gente que no puede acceder al refugio se queda durmiendo delante del mismo refugio o si no, enfrente debajo de los balcones de la Residencia Universitaria de la calle Canelones y Zelmar Michelini. Todo esto a la vista de los integrantes del refugio y de la Seccional 2ª.

    Durante estos días hemos visto que una unidad policial ubicada sobre la acera sur de la calle Maldonado, controlaba los autos que pasaban por la misma entre Michelini y Quijano, pero nada hicieron para controlar a las personas que dormían sobre la acera norte de la misma calle (y eran varias).

    Preguntamos: ¿qué debemos hacer para poder solucionar esta situación? ¿El gobierno está al tanto de toda la situación descrita?

    Sabemos que varios vecinos llaman al 0800 8798 para denunciar esta situación, pero todo sigue incambiado y nosotros sufrimos las consecuencias.

    Sería bueno que pudieran entrar a ver un video en YouTube donde a metros de la comisaría y del refugio consumen droga. Ver https://www.youtube.com/watch?v=_R5H3pXBjOg. Es un video público.

    Sres. Ministros, los invitamos a que ustedes mismos se den una vueltita por la zona para verificar la situación.

    Vecinos del Barrio Sur,

    calles Maldonado, Zelmar

    Michelini y Carlos Quijano

    “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo” (Albert Einstein).

    I. Patologías sociales. El “machismo” es una patología social tan repugnante como el “racismo”. Son violentas en todas sus dimensiones: físicas, culturales, sociales, económicas, psicológicas, etc. Por tanto, frenan el desarrollo humano.

    En la actualidad el Uruguay está inmerso en una crisis de violencia de género, matan mujeres y las matan sujetos machistas. Ocurren en promedio dos “femicidios” por mes. Se sabe que las agresiones físicas, psicológicas, sociales, económicas, etc. que soportan las mujeres por parte de este tipo de sujetos son de reiterada ocurrencia e imposibles de cuantificar.

    II. ¿Qué aprendimos de Nelson Mandela? Para menguar el “racismo”, hay ejemplos que él hizo que son extrapolables para menguar el “machismo”:

    — El perdón a los hombres, los que lastiman y matan son los desquiciados: “los machistas”, no generalizar y acusar a todos como potenciales asesinos (“Y mientras cruzaba el umbral de la puerta hacia la reja que me conduciría hacia mi libertad, supe que si no dejaba atrás mi amargura y mi odio seguiría encarcelado”).

    —Trabajar con los que piensan distinto y poseen diferentes intereses (“Si quieres hacer la paz con tu enemigo, debes trabajar con tu enemigo. Luego se vuelve tu socio”.). Todos del mismo lado, no hay malos y buenos, centrar nuestra energía en pensar cómo aportamos todos hacia una solución común.

    — No se trata de cambiar un grupo por otro, sino de “crear algo nuevo” (una nación democrática, multirracial y multicultural-equidad de género). ?

    Este es un problema de “toda la sociedad”, significa que es un problema de todos los hombres y mujeres juntos en su convivencia y desarrollo humano. No es un problema de las mujeres, los hombres debemos “hacernos cargo”. Los machistas no son hombres, apenas si tienen el sexo masculino.

    Lo deben resolver juntos, trabajando de manera conjunta, cooperativamente, las mujeres con los hombres y con los machistas, de manera conjunta.

    No se observan políticas de fondo que focalicen en la raíz del problema. Se concluye atacando los efectos y no la causa de la violencia “machista” (tobilleras). Este no es un problema que lo resuelve el Ministerio del Interior, solo actúa sobre las consecuencias. Con la óptica actual, tampoco lo resuelve Inmujeres.

    Los castigos, con independencia de su merecimiento, no resultan efectivos para impedir los daños, insensibilizan a los espectadores y embrutecen a toda la sociedad que los lleva adelante.

    Peor es caer en posturas ideologizadas, carentes de sustento científico, narrativa fantástica de mentes creativas. Se estereotipen todos los comportamientos masculinos (heterocentrismo patriarcal, etc., etc.), como si luego de hecha esas definiciones el problema se fuera a resolver.

    Crean barreras para que los hombres se involucren en el tema. Acusan gratuitamente a todos, en lugar de tender las alianzas con ellos. Provocan “reactancia emocional” en los hombres, por sentirse injustamente acusados y prefieren desatenderse del problema. La reactancia es un comportamiento normal, y para superarlo, se trata de practicar empatía invitando a la otra parte a construir juntos algo nuevo.

    Los hombres son los que van a servir de modelo de comportamiento positivo a los machistas, por lo que se los debe acercar a la causa de las mujeres, para que juntos actúen para crear eso nuevo.

    III. Primera tarea: “liderazgo mixto”. Los hombres se indignan frente a los casos de este tipo de violencia. Muchos no lo expresan, pesa más el “pensamiento grupal masculino, sesgos cognitivos y reactancia emocional”. Se requiere que todos los hombres se involucren, que sean “mentores” para los machistas. Se aprende más de un par que de la diferente.

    “Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera” (Albert Einstein).

    Los hombres son parte del problema, sin ellos es muy difícil la solución. Ellos son responsables no solo de lo que hacen, sino también de lo que no hacen y se les debe reclutar para que lo hagan.

    Hay que modificar “las viejas verdades que continúan dominando las mentes de algunos hombres. Se debe reformular su lenguaje y los conceptos de las generaciones sucesivas”. De aquellos hombres enfermos, se debe considerar desde lo molecular a lo social. Para cambiar su manera de pensar, se cambian sus cerebros cambiando sus expectativas. Cuando cambia el cerebro, cambia el cuerpo y por tanto se dice que al cambiar la mente se cambia la biología. El “nuevo” ambiente se “mete” en el cuerpo y la mente se enlaza con el organismo para crear una nueva situación (Bonet, José. 2015. Cerebro, emociones y estrés. Ediciones B Argentina S.A.).

    También es posible que la naturaleza de las noticias distorsione la visión del mundo de la gente debido a un error mental que los psicólogos Amos Tversky y Daniel Kanhemanhan bautizaron como la heurística de la disponibilidad de un acontecimiento. “La gente calcula la probabilidad de un acontecimiento o la frecuencia de una clase de cosas en función de la facilidad con la que le vienen a la mente los ejemplos” (Kahneman, Daniel. Pensar rápido, pensar despacio. 2012. PenguinRandom House. Grupo Editorial Sudamericana. Pág. 86.). En muchos ámbitos de la vida, esta es una regla general muy útil, “los sucesos frecuentes dejan rastros más fuertes en la memoria, sobre todo si son de carácter disruptivo (“mató a su pareja de siete puñaladas”), por lo que los recuerdos más vivos suelen indicar sucesos más frecuentes”. Los miles de hombres que preparan la comida de sus hijos y los llevan a la escuela, al club, etc., ayudan a sus esposas en todas las tareas domésticas no salen en los medios. Por desgracia, cuando ocurre un acto violento es recordado mucho más que lo anterior.

    Se deben crear instancias en las cuales los buenos ejemplos ocupen la atención de la gente e inunden el imaginario colectivo de forma tal que “dónde esté la atención de la gente buenos ejemplos esté su mundo” (Bachrach, Estanislao. 2014. Encambio. Editorial Sudamericana Uruguaya S.A.).

    “La realidad la construye el cerebro” (Manes, Facundo y Niro, Mateo. 2014. Usar el cerebro. Editorial Planeta S.A. 1ª ed.).

    “Tu enfoque es tu realidad” (Goleman, Daniel. 2013. Focus. El motor oculto de la excelencia. Ediciones B Argentina S.A.).

    Se debe inundar la atención de los ciudadanos del país con buenos ejemplos de convivencia de forma tal que el “mundo normal, el mundo corriente” sea de colaboración entre mujeres y hombres y por tanto nadie desee salirse de ese molde. Que el machista violento perciba que también se pone en contra a los demás hombres.

    Al “cocrear” el futuro todos ganan su lugar en el nuevo escenario. Se ingresa en un proceso restaurativo que entiende que el medio de gestión para la resolución de conflictos, más que castigar y compensar, se enfoca en comprender, conciliar, solucionar y crear con base en el diálogo, cuyo objetivo principal es restablecer la paz social fracturada por conflictos y actos criminales. Al lograr respeto y empatía entre todos los integrantes de la comunidad, se crea un nuevo escenario de convivencia de mujeres y hombres bajo el paradigma ganar-ganar.

    “Solo los que participan se comprometen” (Lewin, Kurt. 1945).

    Como enseñó Nelson Mandela, las partes enfrentadas trabajan juntas para crear lo nuevo. Por tanto, este proceso debe ser liderado por una pareja, liderazgo mixto para resolver un problema de toda la sociedad.

    También es importante comprometer a referentes políticos, deportivos, científicos, artísticos e intelectuales a que se involucren con sus parejas y oficien de mentores. Frases tales como “Nada hubiera logrado sin ella o él” brindan un empuje significativo en procura del objetivo.

    Si el tema es liderado por una mujer sola, en “la cabeza de los hombres” (sesgos cognitivos) va a continuar siendo percibido como un “problema de las mujeres”.

    IV. Segunda tarea: “relatos cooperativos”. El Prof. David Cooperrider de la Case Western Reserve University de EE.UU. reporta que a comienzos de los años 90 le tocó aconsejar a una empresa de la lista de las Fortune 500. En esta empresa, una consultoría llevaba adelante la tarea de reducir las demandas por acoso sexual. Pese a que el profesional que llevaba adelante la tarea integraba un reconocido grupo de especialistas en temas de conflictos de género y diversidad, ya iban dos años que el problema seguía creciendo.

    Por tanto, se produjo la siguiente interacción entre el Prof. David Cooperrider (DC) y el Consultor (C) que intervenía en el problema:

    DC: ¿Qué es lo que deseas lograr en tu intervención?

    C: Queremos reducir dramáticamente la incidencia del acoso sexual. Queremos resolver ese enorme problema.

    DC: ¿Pero eso es todo?, ¿qué es lo que tú deseas ver en la organización?

    C: Lo que realmente queremos es ver una compañía del nuevo siglo, ¡un modelo de relaciones de alta calidad entre géneros en el lugar de trabajo!

    El nuevo tópico —un modelo de relaciones de alta calidad entre ambos sexos— fue usado para invitar a pares de voluntarios de hombres y mujeres para ayudar a la organización a estudiar y aprender de los mejores ejemplos de relaciones de trabajo entre hombres y mujeres. Cientos se presentaron a participar…

    Enterada de tales hechos, Avon México, con problemas de acoso sexual en su personal, imitó la experiencia y transformó un problema en un cambio cultural tan dramático que en el año 1997 fue distinguida con el Premio Catalizador por ser “El mejor lugar del país para trabajar siendo mujer” (Barret, Frank J. y Fry, Ronald E. 2008. Indagación Apreciativa. Un enfoque positivo para construir capacidad cooperativa, Montevideo, Xn).

    ¿Qué pasaría si a nuestros escolares, estudiantes de secundaria, UTU y universidades se les invitara a escribir relatos con los mejores ejemplos de relaciones de alta calidad entre hombres y mujeres e incluso luego realizar un concurso nacional a través de algún programa de TV o radio? ¿Y si se hiciera algo similar en el Estado y sus empresas?

    Se debe sustituir el “relato” actual (hombres violentos contra mujeres) por uno nuevo. Pelear con la realidad se torna muy ineficiente y, de última, inefectivo.

    Juntos deben crear un nuevo relato a nivel nacional: “La cooperación humana se establece a partir de mitos comunes que se crean en la imaginación colectiva de los grupos (sueños compartidos). Todo arranca a partir de contar historias que logren convencer a la gente. Así los individuos pasan a cooperar y trabajar juntos hacia objetivos comunes. La historia de la humanidad lo demuestra, la capacidad de crear una realidad imaginada a partir de palabras permitió que un gran número de extraños cooperara de manera efectiva. Esta capacidad de componer ficción nos vuelve capaces de cooperar efectivamente y adaptar el comportamiento social a retos rápidamente cambiantes. Cualquier cooperación humana a gran escala (ya sea un Estado moderno, una iglesia medieval, una ciudad antigua o una tribu arcaica) está establecida sobre mitos comunes que solo existen en la imaginación colectiva de la gente” (Harari, Yuval Noah. 2013. De animales a dioses. PenguinRandom House. Grupo Editorial Sudamericana.).

    “El secreto del cambio es enfocar toda tu energía no en la lucha contra lo viejo, sino en la construcción de lo nuevo” (Sócrates).

    Rafael Rubio

    CI 1.267.677-8

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