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    Directiva de uno de los principales sindicatos de la Federación de la Salud denuncia opacidad en los balances y en el padrón social

    Los sindicatos siguen con atención el proceso de cambio de gobierno. Algunos de ellos, incluso, inician algunos movimientos preventivos para enfrentar de la mejor manera un panorama que prevén adverso. Un ejemplo es el de la Federación Uruguaya de la Salud (FUS), que decidió adelantar su Congreso —que sería en 2021— para abril de este año.

    “Las patronales pretenden aprovechar este momento político para hacer retroceder las conquistas que los trabajadores obtuvimos en estos años. (...) El Congreso tendrá por objetivo fijar una estrategia clara y un rumbo de lucha concreto para enfrentar esta ofensiva”, dice el comunicado que la Dirección Nacional de la Federación le envió a fines de diciembre a todos sus sindicatos.

    Al mismo tiempo que se prepara para esa pelea, la FUS vive una “guerra interna”. Así, al menos, califica la situación la presidenta de la Asociación del Personal de Médica Uruguaya (Apmu), Rosalba Hunter. Esta dirigente, que integra también el Consejo Central de la FUS por la minoritaria Lista 2, tiene diferencias profundas con la conducción de la corriente mayoritaria liderada por Jorge Fogata Bermúdez (Partido Comunista).

    El enfrentamiento no es menor, ya que Apmu, con más de 3.700 afiliados, es uno de los sindicatos más grandes de la federación. El origen del conflicto, que se arrastra desde hace más de dos años, tiene en el centro dos asuntos delicados. Apmu afirma que no hay garantías y desliza suspicacias en torno al manejo de los “balances financieros” y de los “padrones de socios” de la FUS.

    Todos esos temas, según Hunter, confluyen en un marco general: en la FUS se vive un “feudosindicalismo” que intenta ejercer un “control absoluto”. En las últimas semanas, el sindicato difundió en sus redes sociales una serie de publicaciones comunicando sus discrepancias con la federación.

    Consultado por Búsqueda, Bermúdez dijo que es un tema saldado y que quienes cuestionan a la Dirección de la FUS perdieron en el Congreso de 2018 y en la última asamblea de Apmu.

    Dos preguntas

    El martes 28, Apmu transfirió $ 4,6 millones a una cuenta a nombre del secretario general de la FUS y del tesorero, Héctor dos Santos. Así, puso fin a un período de 23 meses en los cuales no había realizado ningún pago, ya que había suspendido el aporte a la federación de sus más de 3.700 afiliados.

    La medida intentaba forzar a la corriente mayoritaria a dar respuesta a dos preguntas.

    La primera era sobre el padrón de socios. Apmu quería saber con certeza cuántos afiliados tiene la federación. Según dicen, la comisión de padrones de la FUS antes del Congreso de abril de 2018 declaró tener 33.350 afiliados. Sin embargo, un par de meses después informó que cotizaban al PIT-CNT solo 21.400 afiliados.

    Hunter asegura que la Dirección de la FUS nunca les dio una respuesta que explique esa diferencia. “Estamos hablando de 12.000 afiliados, la tercera parte. ¿Qué legitimidad tiene un Congreso si no me podés dar fe de la cantidad de afiliados que tenemos? Hay una impunidad absoluta con el tema de los padrones. Si no hay certeza de los padrones la Dirección es cualquier cosa”, dice.

    Hunter cuenta que tampoco está claro cuántos sindicatos integran la FUS. Según relata, en el último Congreso se informó que eran 107, pero ahora se habla de varios menos. En aquel Congreso de 2018, por ejemplo, hubo delegados de los laboratorios Castro-Gherardi y Martínez Prado cuando —de acuerdo a su conocimiento— ninguna de las dos empresas tiene sindicato. “Nunca fueron a ninguna Dirección Nacional”, afirma.

    También denuncia discrecionalidad en la asignación de delegados para el Congreso del PIT-CNT. Dice que a Apmu le asignaron nueve delegados cuando de acuerdo al estatuto del PIT-CNT le correspondían 17. Al Círculo Católico, que tiene menos de la mitad de afiliados, le dieron ocho. A ese tipo de maniobras las califica como “terrorismo sindical”.

    La segunda pregunta sobre la que Apmu pretendía obtener respuestas está vinculada al manejo del balance financiero. La primera alerta, dice Hunter, la tuvieron en el balance de 2017. Apmu había incrementado en más $ 165.000 sus aportes a la FUS y sin embargo el balance total recogía apenas un aumento de $ 20.386 en el total de sindicatos.

    Luego de que tomaron la decisión de dejar de cotizar a la FUS —igual que el sindicato del Casmu—, llegó un nuevo balance alarmante. Esta vez, aún sin los pagos de dos de los sindicatos más grandes, los ingresos por cuota de la FUS mostraban un aumento.

    “¿De dónde salió esa plata? Hay algo que está muy mal”, dice Hunter. Aclara, no obstante, que no está denunciando un fraude. No tiene las respuestas, solo insiste con preguntas que aún no fueron aclaradas.

    La derrota

    Hunter cuenta que su corriente estaba decidida a volver a cotizar para que el sindicato no quedara expuesto a una expulsión de la FUS. Sostiene además que creen en la unidad sindical y en la federación y en el PIT-CNT como herramientas.

    Pero lo cierto es que la decisión de pagar lo adeudado se tomó luego de una derrota en la asamblea de Apmu del pasado jueves 23. Se sometieron a votación dos informes y perdió el de la Mesa Directiva y Hunter por 97 votos a 80.

    El informe que ganó, además de resolver volver a cotizar, considera que la FUS ya dio las respuestas que Apmu reclama.

    Eso es lo que más le duele a Hunter. “Volvemos a cotizar sin haber accedido nunca a ningún tipo de control y a ningún tipo de respuesta. Eso es lo más grave, que se sienten con tanta impunidad que ni siquiera dan una respuestas”, valora.

    Sobre los cuestionamientos de Hunter, Bermúdez prefiere no hacer declaraciones. “No voy a opinar de esta carroña, te podrás imaginar”, dice. En su opinión, es un tema viejo y que ya está saldado: “Lo que están cuestionando ya fue votado en el Congreso de 2018”.

    “Esta gente perdió. ¿Cómo nos vamos a poner a discutir algo que ya fue resuelto?”, insiste. De paso, recuerda que los que cuestionan la conducción de la FUS también perdieron en la asamblea de Apmu la semana pasada.

    El foco, considera, debe estar ahora en el próximo Congreso y en cómo se para la federación en el nuevo escenario político. Ese nuevo Congreso, entiende, desmiente algunas de las críticas de Hunter sobre el autoritarismo.

    “A esta Dirección de la FUS le queda un año más de mandato. Voluntariamente lo adelantamos un año y volvemos a poner en discusión todo. Todo está en juego y todo está en debate”, concluye.