“Los beneficios potenciales en materia de comercio de mercancías, que justifiquen un eventual acuerdo (de libre comercio) deben ir mucho más allá de la consolidación de un flujo como el vigente, que está compuesto en más de un 85% por solo tres productos, soja, carne bovina y celulosa”, señala el “Estudio de Evaluación de Impacto de un eventual Acuerdo Comercial entre Uruguay y China”, elaborado por técnicos de los Ministerios de Relaciones Exteriores, Economía, Industria y Ganadería, y el Instituto Uruguay XXI.
El trabajo indica que un eventual acuerdo entre ambos países “debe resultar también en una ampliación y diversificación de la corriente exportadora, acompañadas de un incremento en el valor agregado promedio de los productos que la componen”.
Y al analizar el tema de la “sustentabilidad” y el “impacto social”, los autores de ese trabajo al que accedió Búsqueda plantean que “la mejora en el desempeño exportador es relevante para la sociedad en la medida que se traduzca en mejores empleos, mayores salarios y por tanto, en una mejor distribución del ingreso”.
“Las ganancias de los acuerdos (comerciales) se obtienen como contrapartida de las concesiones realizadas”, por lo que “es una función del sector público implementar mecanismos de transferencia de recursos que permitan la adaptación a la nueva realidad, en condiciones sostenibles, de los sectores perjudicados y los de alta valoración social”, advierte el informe.
Considera además que “debe balancearse la creación de condiciones para mejorar las exportaciones de grandes empresas, que pueden generar buena parte de los recursos, con la creación de oportunidades de exportación y apoyo a la producción y comercialización de pequeñas empresas, cooperativas y otros sectores sociales”.
Los técnicos avanzan en cuanto a los posibles pasos a seguir en ese sentido. “La sustentabilidad del desarrollo depende de cambios en la estructura de producción, que mejoren sistemáticamente la productividad, el producto y la capacidad de adecuación a las características de la demanda externa”, valoran. Mencionan también que la “incorporación de conocimiento en la producción, la selección de la tecnología adecuada y la formación de capital humano son elementos que coadyuvan a mejorar la estructura de producción”.
“La mayoría de las empresas uruguayas no está en condiciones de procesar individualmente los cambios”, señalan y consideran que “se requiere de políticas públicas activas, uno de cuyos elementos debe ser el compromiso de las instituciones del sector privado empresarial y laboral en el apoyo a las transformaciones”.
Para tener una idea de la importancia de las negociaciones entre ambos países, las estadísticas oficiales muestran que el monto de las exportaciones de Uruguay a China fue algo superior a los U$S 2.000 millones en 2015. La soja representa 41% de las exportaciones uruguayas a ese mercado, seguida por la carne vacuna con 23% y la pasta de celulosa con 21%.
Mientras, las importaciones uruguayas desde el gigante asiático ascendieron a U$S 1.750 millones en ese año. Lo que se importa de China es básicamente productos manufacturados, textiles, vehículos y autopartes, según el informe, fechado en diciembre. El trabajo informa que “el valor importado fue seis veces mayor al registrado en 2005”.
A partir de 2008, en un contexto de aumento de los precios de los commodities y de creciente producción de oleaginosas y celulosa en Uruguay, las exportaciones uruguayas a China registran una significativa expansión de un 32% anual. Desde 2013 la balanza comercial con ese país es positiva para Uruguay, en un promedio de U$S 245 millones anuales, destaca el estudio.
Señala que la matriz de productos uruguayos exportados al mercado chino se mantuvo “sumamente concentrada” en la última década, y que en 2015 los tres principales bienes colocados en ese país, que son soja, carne bovina y pasta de celulosa, representaron 85% de total. En los últimos cinco años las exportaciones de carne a esa nación asiática se multiplicaron por 20, pasando de 8.000 toneladas a 162.000 toneladas anuales. Los registros del Instituto Nacional de Carnes muestran que en 2016 llegó a 188.000 toneladas.
El precio promedio de las exportaciones de carne uruguaya a ese destino se incrementó 50% en ese mismo período, sostiene el estudio.
Calcula que entre 2010 y 2015 las exportaciones de celulosa aumentaron en promedio 71%, lo que en parte se explica por el inicio de las operaciones de la planta de Montes del Plata, en Conchillas. China es uno de los principales destinos de la celulosa uruguaya.
“Esfuerzo negociador”.
El estudio de los técnicos del gobierno enfatiza que “los efectos de un acuerdo comercial no dependen únicamente de los resultados del esfuerzo negociador, sino también, y en muy buena medida, de las acciones internas que se desarrollen de forma paralela a la negociación y a partir de la implementación del acuerdo”.
“La negociación debe ser parte de una estrategia que incluya acciones internas destinadas a apoyar la concreción de oportunidades y a incidir sobre los impactos en materia de empleo, ingresos y distribución de los mismos”, señala.
En cuanto a ese tema, el informe incluye algunas acciones internas a seguir, como “el desarrollo y la mejora de la oferta exportable, la promoción de exportaciones e inversiones y el fortalecimiento de las capacidades empresariales”.
“De lo contrario, el acuerdo podría redundar simplemente en un desvío de exportaciones hacia un destino particular en respuesta a un mayor precio de venta”, advierte.
Atendiendo a eso, los técnicos plantean que es necesario “resolver algunas limitaciones, como la adecuación de los productos a la demanda y/o desarrollo de nuevos productos, la generación de escala suficiente para responder a la demanda, y las propias limitaciones de las empresas en materia de capital, financiamiento, gestión empresarial y comercial”.
Esos temas, según los autores del trabajo, “deberían ser superados por las mismas empresas, pero dadas las características de la estructura empresarial uruguaya, el apoyo público resulta esencial, al menos en una etapa inicial”.
El fortalecimiento de la institucionalidad pública y privada destinada a apoyar la transformación productiva y la competitividad, tiene un “papel clave” para lograr ese objetivo.
En ese sentido, el estudio indica que es “relevante” el Sistema Nacional de Transformación Productiva y Competitividad, aprobado por ley en diciembre, para “coordinar acciones que permitan mitigar impactos y aprovechar las oportunidades” del acuerdo.