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    Educación, educación y educación

    Sr. Director:

    Poco, casi nada… Los países nórdicos han alcanzado un alto grado de desarrollo, un gran nivel de vida y de solidaridad social y la gran responsable es la Educación.

    En los países del Tercer Mundo, que no llegan ni por sombra a parecerse a pesar de algunos esfuerzos ni a ese grado de desarrollo social ni económico, también la única responsable es la Educación.

    Con el advenimiento de la democracia, pensé que una de las prioridades medulares e impostergables era la Educación.

    Pasaron varios gobiernos, hubo otras prioridades y las diferencias entre el Poder Ejecutivo y los gremios lograron sacar muchas chispas, pero de la mejora de la Educación, realmente poco, casi nada.

    Recuerdo que cuando asumió el Dr. Jorge Batlle, envié una carta, que aún conservo, solicitándole que la verdadera prioridad para tener un futuro venturoso de nuestro país era la Educación. Conservo también su atenta contestación en la que me transmitía que compartíamos inquietudes y que iba a tomar el asunto con gran energía y dedicación. Pasó el tiempo y de Educación también muy poco, casi nada.

    Se podrá decir que hubo muchos obstáculos, desde crisis económicas internas y regionales, desbarajustes internos, luchas durísimas con los gremios, presupuestos, paros, etc., pero de los resultados en la Educación poco, casi nada.

    Después con los gobiernos sucesivos del FA pensé que terminando con los enfrentamientos entre Ejecutivo y gremios, por tener los mismos objetivos políticos y filosóficos, por fin la Educación no tendría más trabas. Recuerdo las “sabias y profundas” declaraciones del Sr. Mujica cuando asumió la Presidencia, que con el transcurso del tiempo (poco), aun con una bonanza económica excepcional, me di cuenta que no tenían nada ni de sabias, ni de profundas. Fue simplemente un nuevo canto político de un encantador de serpientes y tragador de sapos (lo dijo él…) en acción.

    Me volví a equivocar una vez más.

    Pero atención que lo único válido para valorar cualquier situación o hecho, no son los dichos de los actores involucrados, sino que es la acción y principalmente los resultados obtenidos.

    Las calificaciones deplorables que tenemos en Educación a nivel regional, con tendencia a empeorar, es lo único que sirve para valorar los hechos. Lo demás es discurso político de justificación de la escasa o errónea acción.

    Pasan los años y se sigue sin llamar las cosas por su nombre y la inacción en definitiva es casi perversa. Parece que hubiera una gran falta de coraje moral e intelectual.

    ¿En qué grado de analfabetismo estamos y a qué nuevo peldaño de degradación social nos conduce?

    Recuerdo que hace no tantos años venían de otros países latinoamericanos y europeos a cursar estudios universitarios por el nivel de excelencia que teníamos. Y también cuando nos comparábamos con otros países latinoamericanos y nos sentíamos casi europeos.

    Que el Ejecutivo, que los gremios, que el presupuesto… pero todo sigue igual y nos va peor…

    Me pregunto: ¿qué culpa tienen todas estas generaciones que han nacido, se han criado y desarrollado en este escenario?

    ¿Qué Uruguay queremos realmente y cómo planificamos su futuro…?

    ¿Qué tienen que ver las luchas ideológicas o los conflictos de intereses particulares en este asunto…?

    ¿Dónde está la voluntad política y del Estado para cambiar esto de inmediato?

    ¿Es solo distracción o será que la verdad está por otro lado?

    ¿Es posible pensar que educar a nuestros hijos y nietos e integrarlos al mundo del desarrollo y el conocimiento, para salir del gris rincón en donde estamos, es un tema a posponer, aplazar o diferir?

    Mientras siguen los discursos, a veces con algún pujo de cambio, la Educación permanece estancada y en deterioro, y no solo por la ortografía y las matemáticas, sino por lo trascendente de no saber pensar.

    Los esfuerzos de mucha gente que actúa para cambiar seriamente, los emprendimientos privados de excelentes resultados, la dedicación, vocación y sacrificio de muchos sufridos docentes, de padres activos y preocupados, son insuficientes para sacarnos del pozo en donde estamos.

    Falta otra cosa…

    No tiene nada que ver con nuestra realidad, pero me acordé de un cuentito, que me hicieron hace mucho tiempo, de lo ocurrido en un país lejano, pero muy lejano, del tercer o cuarto mundo, o que tal vez solo ocurrió en la imaginación del escritor, y que decía así:

    “Había una vez en un caserío de un pueblito muy desposeído un niñito que mientras jugaba con una pelota de trapo en una callecita, en un inmenso barrial, le preguntaba a su papá:

    ¿Por qué dicen por ahí que tenemos que estudiar, pero si tú, tu papá, los tíos, la abuela, todos mis hermanos, mis amigos, el novio de mamá, y casi nadie de acá en el barrio ha estudiado…. No lo han hecho nunca?

    A eso un dirigente que estaba de recorrida por el caserío, y que le decían el padrino del barrio, el tío de todos, escuchó la conversación. Se sacó la corbata, desabrochó 3 o 4 botones de su camisa, impostó su abdomen hacia afuera, se acercó al niñito y muy suelto de una lengua fácil de entender, le acarició paternalista su cabeza, y como tocado por un rayo, metió su mano en el bolsillo, veloz de reflejos, y con abundantes billetes y monedas, regó las flacas manitos del niño…

    Algo le dijo algo al oído, le hizo una guiñada cómplice al padre y se retiró chapoteando en el barro, aliviado de no tener que responder aquella pregunta, aún con la camisa desabrochada y la barriga impostada…

    De la pregunta: nada, como si no hubiese existido y para su suerte el niño se la olvidó.

    Compraron comida, alguna bebida, cambiaron y cargaron el celular, algunas zapatillas y creo no sobró nada…

    Al regreso a su casa el dirigente se sintió complacido y orgulloso de lo que había acontecido, se imaginó su fecundo vuelo político a tal punto que la mueca de su sonrisa de satisfacción fue vista por su hijo, casi de la misma edad que el del caserío, mira a su padre y le pregunta:

    ¿Por qué te ríes…? Te veo tan contento…

    …Porque la política es un arte. ¡Estoy trazando para los nuestros el rumbo de un futuro seguro!

    No te entiendo, papá…

    …Estoy preparando mi próxima campaña para las elecciones, para seguir con mi cargo de diputado, mamá en la empresa de queroseno del Estado y con Prudencio, nuestro chofer, pobre, que tanto se desvela por llevarnos a todos lados…pero no te preocupes, vamos bien…

    …Me resulta fácil convencer a mucha gente…es fácil…vamos bien…tenemos la forma de que estén con nosotros…entendemos sus necesidades y las complacemos…Mucha, pero mucha gente…. Vamos bien, vamos bien…

    …Pero difícil la tengo la semana que viene porque debo exponer mis ideas en la Universidad, ante gente muy preparada, empresarios y dirigentes de todo tipo. Esa sí que es difícil, muy difícil porque es gente que sabe pensar, está entrenada para pensar, tengo que pensar por lo menos igual que ellos, y qué difícil será convencerlos…

    …Por suerte la otra gente es mucho más… son muchos más y sabemos qué hacer para que nos sigan apoyando… son muchos más…

    Papá: sigo sin entenderte, pero tiene algo que ver con lo que ¡escuché el otro día:, cuanto peor, mejor!!!…

    …Hijo, no me hagas esa pregunta…Todavía eres muy chico para entender…te lo explicaré cuando seas más grande….no te preocupes y andá a estudiar…

    …Y Colorín Colorado este cuento no está terminado, ni se va a terminar por ahora, en este pueblito tan lejano, imaginario y desposeído, casi sin escuelas pero con muchos paros, y seguirá nutriéndose mientras siga habiendo chacritas impúdicas y malolientes, producto de la pobre educación de la mayoría de la gente y que expresamente no deben incorporarse al mundo del saber… Es más fácil así… y más perverso también ”.

    Cuando terminé de leer este cuento, que es muy cruel, quedé pensando de quién o quiénes eran las chacritas a las que se refería. En fin, solo eso no me quedó claro. Lo demás lo comprendí todo, al punto de la náusea.-

    Menos mal que eso solo ocurría en ese cuento de un pueblito desposeído de un país lejano, tan pero tan lejano e imaginario, y ojalá haya ocurrido sólo en la mente del que lo escribió.

    Por fortuna, en Uruguay no ocurre ni ocurrió, solo que vamos lento, muy lento, demasiado lento, preocupantemente lento, a pesar del esfuerzo denodado de buena gente.

    Poco, muy poco, casi nada.

    Ing. Agr. Gustavo Lorieto