Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa publicación del Ministerio de Educación y Cultura, “Panorama de la Educación del año 2014”, presentada la semana pasada, muestra una serie de datos interesantes. Mi primera reflexión es que toda esta valiosa información debería estar en línea. Nos sobran recursos intelectuales y materiales en el país para disponer de información en tiempo real para tomar decisiones oportunas. Un año después, los datos cumplen el rol de una autopsia. El paciente falleció, la ciencia no hizo todo lo que se debía haber hecho.
La lectura del material permite extraer algunas reflexiones.
En el año 2010 concurrían 157.378 estudiantes a la educación media básica en el país. La mayoría lo hacía a establecimientos públicos, 132.007, en tanto que 25.371 concurrían a instituciones privadas. Cuatro años después, es decir en el 2014, la cobertura total de estudiantes que concurrían a la educación media disminuyó a 151.420. Seguramente en el período se incrementó el número de jóvenes “Ni-Ni” (ni estudian, ni trabajan). El descenso fue de 5.958 alumnos, lo cual representa una disminución del 3,8%. Lo interesante del caso es que en el mismo período los establecimientos privados aumentaron su matrícula en 1.355 estudiantes (+5,3%), en tanto que los liceos y escuelas técnicas públicas perdieron 7.313 alumnos (-5,5%). En el año 2005 concurrían 20.256 alumnos a los establecimientos privados; comparado con ese año, el incremento ha sido del 32%. ¿Qué reflexión deberíamos extraer de este hecho incontrastable?
Cualquier observador desprevenido podría decir que en un contexto de crecimiento económico sostenido en el país (viento de cola) y donde se invirtió mucho dinero en educación, que la ANEP ha apostado a la privatización de la educación media (tesis que cuenta con adeptos en ciertos ámbitos sindicales). La enseñanza media pública creció solamente el 2% entre los años 2005 y 2014, en tanto que la privada lo hizo en un 32%. Pero por aquí no van los tiros.
Estamos frente a un creciente descontento de padres y madres de los adolescentes con la gestión, formas de enseñar, organización y calidad de la educación media pública. La gente está cansada de la mala gestión de los liceos y escuelas técnicas, de las faltas de los docentes y de los paros por cualquier motivo (hasta porque la justicia procesa a inadaptados sociales). El razonamiento es simple. Si tengo dinero, pago educación privada, antes de enviarlo al sistema público.
En educación primaria en el año 2014 había 23.994 niños menos que en el 2010. Seguramente esta situación tenga explicaciones demográficas. De todas formas, resulta una señal preocupante el hecho de que nuestras queridas escuelas públicas hayan perdido un 8,6% de matrícula en el período (-23.994 niños) en tanto que las escuelas privadas hayan incrementado la suya en un 5,6% (2.855) entre los años 2010 y 2014. ¿Qué está pasando aquí? Pregunta abierta para los tomadores de decisiones y la sociedad toda.
Desde el punto de vista educativo el año 2015 ha sido muy malo. En Secundaria ha habido como máximo 150 días de clase y en primaria 170. El promedio de horas anuales de clase en educación primaria en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) es de 694. Nuestros competidores de todas las horas, Australia y Nueva Zelanda (por aquello de la carne, lana y lácteos), envían a sus hijos a establecimientos públicos 871 y 935 horas respectivamente en el nivel primario, según datos publicados en Education at a Glance 2014: OECD indicators. Nosotros apenas si llegamos a 600 horas en este año, sumido en luchas presupuestarias y tironeos varios entre el MEC y el Codicen.
Estamos en problemas en educación y debemos asumirlo. Ante mí tengo el Acta del Convenio salarial entre la ANEP y las organizaciones sindicales de la misma, donde lucen 17 firmas desde las más altas jerarquías de la ANEP, sindicalistas, Ministerio de Trabajo y hasta veedores de la OPP. Sin embargo, grande es mi sorpresa al tomar conocimiento del Artículo 9 del referido convenio, que luce textualmente: “Las partes se comprometen al cumplimiento de los cronogramas establecidos en los calendarios dispuestos en los actuales planes y programas de estudio de la ANEP”.
“Actuales planes y programas de estudio de la ANEP” significa que el convenio no tiene validez para nuevos planes y programas. La primera reflexión que se me ocurre es por qué el Codicen de la ANEP se compromete a no implementar nuevos planes y programas ante organizaciones sindicales. Según mi leal saber y entender, el sistema republicano de gobierno le otorga la facultad de gobernar al soberano y sus representantes, y no a grupos de interés privados. Utilizando una expresión de moda por estos días, al pueblo que paga sus impuestos y elige a sus representantes cada cinco años, lo corrieron a ponchazos. El nuevo diseño curricular, inclusivo y contextualizado, estará en el congelador hasta por lo menos el año 2019. Como frutilla sobre la torta, aparece el Artículo 12 con una Cláusula declarativa que dice: “Las partes expresan su voluntad de buscar fórmulas y mecanismos que posibiliten continuar con la mejora de la gestión”. ¿Tiene la sociedad toda que pedirle permiso al gremio para mejorar la gestión del sistema educativo? Perdimos todos. En la educación pública mandan los caciques sindicales. ¿Habrá coraje para ponerlos en su lugar y que el soberano retome el control sobre la educación pública, laica, gratuita y obligatoria?
Alberto Nagle Cajes
Ph. D. Educación