De acuerdo a ese estudio, Estados Unidos está primero y tiene 89 armas cada cien habitantes. Lo siguen Yemen (55), Suiza (46), Finlandia (45), Chipre (36), Arabia Saudí (35), Irak (34) y Uruguay, que tiene 32 armas cada cien personas —1.100.000 en total.
Las autoridades uruguayas consideran “urgente” que se apruebe el proyecto de ley que envió el Poder Ejecutivo al Parlamento para regular la tenencia de armas. El proyecto propone penalizar el tráfico ilícito de armas e intimar a los poseedores de armas a regularizarlas o entregarlas.
Datos.
El 80% de los uruguayos declara que no tiene ni piensa comprar un arma de fuego, el 14% ya tiene una y el 6% planea adquirirla, según una encuesta que la consultora Cifra realizó para Búsqueda. En Montevideo quienes no están armados son el 82%, el 6% prevé conseguir un arma y el 11% ya la tiene. En el interior son más (15%) los que tienen algún arma. El 5% piensa comprar una y el 78% no tiene ni quiere tener.
La encuesta de Cifra fue realizada por teléfono entre 1.002 uruguayos entre el 22 de febrero y el 3 de marzo del 2013 en Montevideo y una muestra de localidades del interior. Los resultados son estimaciones, no valores exactos, y la muestra es probabilística. El margen de error es de unos 3 puntos.
Las preguntas que se hicieron a los participantes fueron: ¿En su hogar tienen algún arma de fuego? Si no tienen, ¿están pensando en comprar una? Si tienen un arma de fuego, ¿cuándo la compraron?
El relevamiento arrojó que el mayor porcentaje de posesión de armas de fuego declaradas está en los sectores más ricos. En el sector de nivel socioeconómico “bajo” el 6% de los ciudadanos dicen que tienen armas, el 5% está pensando en comprar y el 87% no tienen. En el sector “medio bajo” el 17% tiene, el 7% piensa adquirir y el 76% no tiene ni quiere. En el sector “medio” el 17% posee una, el 4% quiere y el 79% no está interesado. Entre quienes pertenecen al sector “medio alto-alto” el 20% tiene un arma, el 7% está pensando en comprar y el 71% no tiene ni quiere una.
Cifra también hizo un cruzamiento entre los datos de posesión de armas de fuego y el índice de victimización que la empresa elabora en forma regular y que mide los ataques violentos, robos sin violencia e intentos de robos con violencia, mientras que las tentativas sin violencia quedan afuera.
Según la última encuesta, el 15% de los uruguayos fueron víctimas de un ataque violento, el 7% sufrieron un intento, el 19% protagonizaron un robo sin violencia y el 60% no participó en ninguno de esos delitos.
De acuerdo al nivel socioeconómico, el 16% de los ciudadanos de nivel “bajo” sufrieron un ataque violento y ese porcentaje varió al 15% en el nivel “medio-bajo”, 13% en el nivel “medio” y el 14% en el “medio alto-alto”. De robos sin violencia fueron víctimas el 13% de los encuestados de nivel “bajo”, el 21% en el “medio bajo”, el 23% en el “medio” y el 19% en el “medio alto-alto”.
Si se toman en cuenta las dos variables (victimización y posesión de armas), se concluye que el porcentaje más alto de quienes no tienen ni piensan comprar un arma está entre quienes sufrieron un ataque violento: el 82% de ellos se pronuncia en ese sentido. En cambio, el 76% de los que fueron robados sin violencia dice que no tiene ni compraría un arma. Esa respuesta dio el 74% de quienes sufrieron un intento y el 81% de los que no fueron víctimas.
Desde otro punto de vista, el 10% de los que vivieron un intento de robo está pensando en armarse, pero solo el 3% de quienes fueron víctimas de un ataque violento tienen ese plan.
La encuesta arrojó también que la compra de armas no es un fenómeno de los últimos años. El 10% de los encuestados tiene un arma desde antes de 1998, mientras que el 2% la adquirió entre 1998 y el 2002 y otro 2% la compró entre el 2002 y el 2013. En los últimos diez años, solo el 3% de quienes sufrieron ataques violentos se armaron.
“Subregistro”.
El porcentaje de uruguayos armados que muestra la encuesta de Cifra hace pensar a los especialistas que hay un importante subregistro, es decir, armas que no son declaradas.
El director del Observatorio Nacional Sobre Violencia y Criminalidad del Ministerio del Interior, el sociólogo Javier Donnangelo, sostuvo que “en la actualidad hay unas 550.000 armas registradas en el Servicio de Material y Armamento del Ejército”, pero “no se sabe cuántas hay sin registrar”. El número de armas no registradas “varía un poco según los países”.
“En muchos países hay una relación de uno a uno pero la relación puede ser bastante diferente a eso. Hay países en los cuales llega a haber hasta 10 armas sin registrar por cada arma registrada. Pero en la hipótesis mínima hablamos de un millón de armas, un arma cada tres habitantes, mucho más de lo que marca ese estudio. Ahí está operando el subregistro”, afirmó.
El dato de que el porcentaje de gente armada aumenta con el nivel socioeconómico es “consistente con lo que muestran la mayoría de los estudios sobre el tema”.
“Eso está también vinculado con la orientación ideológica de esos segmentos de la población, que tienen una visión del mundo bastante conservadora, tradicionalista, con algunos tintes autoritarios en muchos casos, y por lo tanto en ese universo simbólico las armas calzan bastante naturalmente, son un elemento que no hace ruido, que más bien está en consonancia con el resto de la cosmovisión que tienen. El arma simboliza la fuerza, la imposición, y por lo tanto los estudios demuestran que es en esos niveles de la sociedad donde es más frecuente la tenencia de armas. Eso se repite en distintos países”, analizó Donnangelo.
También es acorde con la experiencia “la cuestión de que el porcentaje de gente armada es más alto en el interior que en Montevideo”, lo que “tiene que ver con que en el interior el arma cumple funciones que trascienden la autodefensa”. Allí “hay muchos más aficionados a la caza que en las ciudades, y es también para mucha gente una herramienta de subsistencia”.
Sin embargo, Donnangelo no había oído antes que la gente con menor disposición a comprar un arma es la que sufrió un ataque violento. “Puede estar vinculado con que en general las personas que sufren la mayoría de los ataques violentos son personas jóvenes, menores de 30 años. En esos segmentos de la población me parece que impera una visión más fresca, menos tradicionalista, y en ese sentido ven las armas de otra forma”, reflexionó.
El sociólogo Rafael Paternain, ex director del Observatorio, sostuvo que los resultados de la encuesta “son muy claros, y en buena medida esperables”, aunque puntualizó que se trata de un relevamiento de hogares y no de personas y que está sujeto a “importantes niveles de subreporte”.
La cifra de 14% de los hogares que declara tener un arma “es levemente superior a la de encuestas hechas sobre fines de los 90”.
“Además, el grueso de la tenencia ya tiene su historia. Eso revela que el país ya tiene instalada esta disposición a las armas desde los 90, cuando la inseguridad también era alta y el delito no había crecido como lo hizo después”, afirmó.
También es “esperable” la otra variable: “A mayor nivel socioeconómico, mayor tendencia a armarse y a declarar la tenencia del arma, justo en el sector menos afectado por la victimización, además”.
Para Paternain “la experiencia de la victimización no parece discriminar el porcentaje de tenencia de armas. O dicho de otro modo: tener armas no previene”.
Sin embargo, el experto hizo una salvedad: “La parte más importante del fenómeno queda por fuera de la encuesta: la ilegalidad, el delito organizado, el mercado negro, la corrupción, y las formas y uso de las armas en fuertes contextos de victimización múltiple y expectativas de violencia generalizada”.