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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáViví desde adentro la construcción del Anfiteatro de Paysandú; con 20.000 espectadores, el mejor de Sudamérica para admiración de Rada, de Patricia Sosa, de Joan Manuel Serrat y hasta del mismo Arana.
El proyecto era mío; me respetaron y como sanducero adoptado yo conocía las fortalezas del personal municipal. Con el Chiquito Fariña en la intendencia podía contar con un equipo de movimiento de tierra imparable y preciso, así levantamos desde cero una colina artificial hacia el río.
Con constructores municipales, con el capataz replanteando en los 90 las curvas logarítmicas de revolución con una estación total, revolucionamos la construcción con precisión milimétrica, planificamos todo y éramos como la NASA, ejecutando el auditorio con visibilidad perfecta hasta el último punto.
Y el escenario, coronado con una cáscara pretensada autoportante, que era el homenaje al desafío de Dieste; una cascara cerámica desarrollada con el estado gamma era posible, una estructura del siglo XXI en 1995. Toda la obra diseñada desde una computadora, la primera solo en AutoCAD en Uruguay.
Para empezar, estudiamos los teatros griegos y romanos, luego los americanos, y la acústica y visual de las últimas tecnologías del espectáculo en Las Vegas para hacer del espectador el protagonista, para fascinar al auditorio antes de empezar.
El telón de fondo es el paisaje del río Uruguay y la costa argentina, las puestas de sol, el río.
Antes de inaugurarse, al comenzar el otoño, antes del amanecer comenzaron a pasar por el río las bandadas de garzas blancas, la migración al norte. Cientos, miles de alas como ángeles, nos dejaron mudos y nadie trabajó hasta que pasó la última. Ese fue el debut del anfiteatro, el espectáculo de la naturaleza con los constructores como espectadores.
Esa es una obra de Larrañaga. Nos convenció a todos de que sí se puede, y construimos todo con dos millones de dólares. Una obra de no menos de 20 millones. Comenzando conmigo, muchos donamos voluntad, tiempo y recursos. Este era un secreto que el Guapo me hizo prometer guardar, pero ahora se fue y lo puedo decir. Fue un proyecto sanducero, el material tecnológico acústico eran ladrillos rejillas de Barraca Americana; una apuesta que probamos y funcionó espectacular en los muros de los asientos y en el intradós del escenario. El cemento de la planta Paysandú, los áridos del río, la Cervecería, todos apoyaban.
Se bendijo, se inauguró, y sigue siendo el mejor de Sudamérica. Solamente con las fiestas y los conciertos, se ha pagado varias veces.
El cilindro de Leonel Viera también tenía su magia. Y también la viví.
Cuando la feria de Valencia presentó una iniciativa privada para reconstruir el Cilindro Municipal, y ampliarlo con un Palacio de Exposiciones y Centro de Convenciones para establecer la Feria de Montevideo, se encontraron con un problema. La inversión total del proyecto hacía que la tasa interna de retorno no alcanzara para hacer el proyecto viable. Aunque habían elegido Montevideo sobre Chile por las playas y porque no hay sismos, y planeaban grandes exposiciones y congresos, incluyendo mundiales de deportes menores durante las olimpiadas y el Mundial de Brasil, los números no cerraban para una feria que pudiera estar al nivel de las grandes ferias del mundo, como Dubái, Londres, París, Milano, Colonia o Qingdao.
El responsable de la parte financiera, de armar el PPP incluyendo su banco, las AFAP y los socios accionistas, me presentó y me pidieron hacer magia. Eso es algo que hemos aprendido con los maestros; buscando construcciones no tradicionales y estructuras cáscara. Estudiamos el cilindro, y cambiando el techo por una cúpula geodésica de última generación, y pretensando todo, el cilindro era recuperable 100%. Y mejorable, hasta las gradas plegables y los asientos super Pullman. Luego lo acondicionamos acústicamente bajando la reverberación con telones y colgantes, superficies de absorción, le pusimos aire acondicionado e iluminación de Madison Square Garden, y lo envolvimos con una fachada de TFPE, el material mágico del Múnich Arena. Para proyectar colores e imágenes todo el tiempo, un mundo audiovisual. Con el Instituto de Estructuras de la facultad acordamos un convenio, y era realizable.
Para los demás edificios, estructuras premontadas, por rapidez y costo, incluyendo un hotel en Carrasco que sería la bienvenida para los turistas a las ferias; era necesario porque no daría abasto la hotelería de Montevideo para los visitantes, y cruzando sobre Avenida Italia sería otro Arco de Triunfo de la Defensa, un portal de entrada a la ciudad desde el aeropuerto.
Con este proyecto, con el apoyo de Daniel Venturini, que es de nuestros mejores arquitectos, los números cerraban. Se presentó, y casi nos abrazaban. Los técnicos, la intendenta y el secretario general tuvieron amables palabras de la tranquilidad que mi presencia como responsable les daba; no habría renuncias en calidad y los plazos se cumplirían.
Y como es de estilo en obras tan importantes, ya habíamos elegido nuestros auditores para el proyecto ejecutivo: el arquitecto español Tomas Vallador, premio internacional en edificios feriales, y el estudio inglés de Flint & Neill, líderes mundiales en estructuras especiales.
Entonces me llamaron, desde los socios locales. Que por favor no diera más entrevistas, como una muy clara con Rosario Cecilio y Emiliano, que aún hoy agradezco.
Y después uno de ellos me pidió para tomar un café en Pocitos. Era para decirme que desde el gobierno le pedían mostrar el dinero, que para seguir pusieran treinta millones de dólares bajo la mesa.
No lo haría nunca. Y la feria tampoco, perdió el interés en Uruguay, ya no era serio.
Yo no podía creerlo. La gente que manejaba esto no tenía escrúpulos. Para que no quedara otra, mandaron demoler el cilindro.
Cuando se planteó un concurso, el presidente del jurado me pidió apoyo. En otro momento lo habría hecho con gusto, como con el anfiteatro, pero como se iban dando las cosas le recomendé al arquitecto profesor que no entrara, pero era tarde. Me enteré de que en una reunión del jurado, que debían ser cerradas, entró la señora del Pepe y les recomendó especialmente una propuesta, que casualmente fue la elegida. Muy fuerte.
Como otros negocios del Pepe, esta es una ruina para el país. Arruinó las oportunidades que Uruguay pudo tener de despegue con una administración honesta.
Ojalá el señor lo ilumine al anciano y se arrepienta antes de morir, habrá más fiesta en el cielo…
Ing. José M. Zorrilla