Si bien la Dirección Nacional de Cultura (DNC), perteneciente al Ministerio de Educación y Cultura, creció y se diversificó en estos 12 años, el principal logro cultural del Frente Amplio en el poder, desde 2005, es haber terminado el Auditorio Nacional Adela Reta del Sodre, cuya construcción se había iniciado en el segundo gobierno de Julio María Sanguinetti (1995-2000). Con inversión estatal y la ayuda fundamental del Banco Iberoamericano de Desarrollo, se logró financiar las obras de revestimiento y equipamiento y se inauguró a fines de 2009. En marzo de 2010 fue contratado Julio Bocca para dirigir el Ballet Nacional del Sodre (BNS), nuevo nombre para el viejo Cuerpo de Baile, que de inmediato se transformó en un fenómeno de convocatoria y con los años se consolidó a nivel artístico. En sus siete temporadas, el BNS lleva unas 25 producciones que son vistas por un promedio de 20.000 espectadores y se convirtió en el “carro que tira del Sodre”, según ha dicho Gerardo Grieco, director del Auditorio entre 2012 y 2016. En ese tiempo, el Sodre pasó a administrarse mayoritariamente por régimen de Derecho Privado, a través de un fideicomiso, y el Auditorio se transformó en un teatro de producción que alberga cuatro cuerpos estables (Ballet, Sinfónica, Coro y Orquesta Juvenil), con dos salas de espectáculos, varias salas de ensayo y un gran sector de talleres de escenografía, vestuario, utilería y telones.
Otras subvenciones creadas por la DNC en estos años son el Fondo de Estímulo a la Formación y Creación Artística, que otorga a los creadores las becas Justino Zavala Muniz (anuales), el Fondo de Desarrollo de Infraestructuras Culturales en el Interior, por el cual se han recuperado varios teatros históricos que estaban muy deteriorados como el Florencio Sánchez de Paysandú y el Larrañaga de Salto. Al aporte anual que hace el Estado a la Secretaría General Iberoamericana que permite a los cineastas acceder al fondo audiovisual Ibermedia, en la última década se sumó el acceso a los fondos Iberescena, Ibermúsicas e Ibermuseos, que funcionan todos mediante convocatorias abiertas internacionales.
Jubilación.
En 2008 se aprobó la ley que creó el sistema de seguridad social para los trabajos artísticos y los oficios relacionados, un tema escabroso dada la histórica informalidad del quehacer creativo. La ley creó el Registro Nacional de Artistas y Técnicos en Oficios Conexos, pero su aplicación ha sido parcial. La única entidad pública que la aplicó es la Intendencia de Montevideo en su Programa de Fortalecimiento de las Artes, que establece el pago de salarios a artistas, técnicos y gestores de los proyectos escénicos, con el correspondiente aporte jubilatorio. Sin embargo, las gremiales artísticas han reclamado repetidamente que el Estado no ha cumplido en sus contrataciones artísticas con la ley que aprobó.
Ley de Cine.
Otro mojón importante en la gestión cultural frentista data de mayo de 2008 —año prolífico en logros para los artistas—, cuando se aprobó la Ley de Cine, que creó el Fondo de Fomento Cinematográfico y Audiovisual. Hasta 2015 la bolsa para financiamiento de películas y programas de TV había quedado congelada en 25 millones de pesos por año. Luego de una serie de movilizaciones de los cineastas que reclamaban que la suma acompañara la suba del dólar, el fondo fue actualizado el año pasado a 43 millones, cifra que se mantendrá por este período. En tanto, Cinemateca Uruguaya ha recibido en varias oportunidades aportes del Estado, principalmente para mantener su valioso archivo.
EAC, Figari y Sistema de Museos.
En julio de 2010 abrió sus puertas el Espacio de Arte Contemporáneo (EAC) en uno de los cuatro pabellones de la vieja cárcel de Miguelete, uno de los pocos edificios en panóptico que quedan en pie en el mundo. El pasado del edificio es protagonista, en los techos abovedados que, adrede, no fueron revestidos, y en el acento inicial puesto en las viejas celdas como espacio simbólico de creación. El EAC funciona como un escaparate para el arte emergente uruguayo y extranjero en sus múltiples lenguajes, con el fin de liberar de esa responsabilidad al Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV) del Parque Rodó. Es dirigido desde su creación por Fernando Sicco y mantiene un esquema de muestras globales que abarcan gran parte de sus instalaciones. El proyecto original prevé que otro de los pabellones derruidos del viejo penal sea transformado en un centro de residencias artísticas con instalaciones de hotelería y talleres.
El otro espacio dedicado al arte contemporáneo ha sido el salón de exposiciones de la Dirección Nacional de Cultura, en la calle San José.
Por su parte, el MNAV dejó en 2007 de ser conducido por Ángel Kalemberg, tras 28 años de gestión ininterrumpida. Fue dirigido durante lapsos breves por Jacqueline Lacasa, que trabajó con la consigna “museo líquido”, y Mario Sagradini, cuya acción inicial, que generó polémica, fue mostrar el edificio totalmente vacío. Desde 2010 es responsabilidad de Enrique Aguerre, quien ha hecho trabajos de acceso al edificio y de logística en el depósito, donde se guardan la mayoría de las 6.000 obras que componen el acervo. Entre las muestras retrospectivas, destacan las de Rafael Barradas (2013) y Carlos Federico Sáez (2014-2015), que tuvieron una gran respuesta del público, especialmente la primera.
En 2010 se inauguró, en una muy confortable y bien ubicada edificación de Ciudad Vieja, el Museo Figari, dependiente de la DNC, destinado integralmente a uno de los artistas clave en la historia del arte uruguayo, y dirigido por Pablo Thiago Rocca. Por iniciativa de Achugar, el Estado volvió a gestionar en 2015 el Museo Zorrilla, que estaba a cargo de un colectivo privado. Además del acervo y las muestras, una de sus discretas atracciones es una completa biblioteca de cómics e historietas nacionales. Otro espacio que ganó el estatus museístico es el Palacio Taranco, llamado ahora Museo de Artes Decorativas.
Si bien es un emprendimiento privado, la Bienal de Arte de Montevideo es otra importante novedad y cuenta con el aporte estatal de la locación: las dos primeras ediciones (2012 y 2014) fueron en la ex sede central del Banco República y su vecino edificio Atarazana. La imponencia del edificio fue para algunos motivo de crítica, pues las obras debieron competir con el espacio que las albergó. Ahora, la tercera edición, inaugurada la semana pasada, se mudó al Palacio Legislativo, y no faltan quienes han protestado por la inusual instalación de decenas de obras en la antesala parlamentaria.
Las polémicas públicas son parte fundamental de las artes visuales en todo el mundo, y en Uruguay hubo dos que sobresalieron: el Gran Premio del Salón Nacional de Artes Visuales (10.000 dólares) otorgado a Cecilia Vignolo por su obra La vida es un flujo y reflujo, en la que se presenta semienterrada y desnuda en un recipiente de vidrio, durante cinco horas, una vez al año (entre 2006 y 2014). La misma distinción recibió María Agustina Fernández Raggio —y 350.000 pesos— por su réplica en miniatura de la banda presidencial, que aprendió a confeccionar con la Hermana Lourdes, la misma religiosa que se encargaba de hacer las verdaderas.
Otra medida de largo aliento que sin embargo no ha trascendido demasiado es la creación, entre 2012 y 2014, del Sistema Nacional de Museos (SNM) que puso en marcha el Registro Nacional de Museos y Colecciones Museográficas, con el fin de “establecer estándares en materia de servicios al público y de conservación y puesta en valor del patrimonio museológico” y “sistematizar la información para desarrollar políticas de fortalecimiento de los museos”. Una de las ideas es que el nuevo portal museos.gub.uy permitirá acceder a las colecciones completas, digitalizadas, de los 230 museos de todo el país registrados y otros 15 que están proyectados. Una decena de gestores y expertos en artes visuales trabajan en el SNM, bajo la dirección de Javier Royer Rezzano.
Banco de Londres.
Durante décadas fue un baldío engalanado con una señorial fachada de columnas, hasta que el recién creado Instituto Nacional de Artes Escénicas (INAE) puso sus ojos en el predio del ex Banco de Londres (Zabala y Piedras) y allí se construyó su sede, que cuenta con una gran sala de ensayos de 200 metros cuadrados, con equipamiento sonoro y lumínico. El INAE, con apoyo de la IM, produjo desde 2009 y cada dos años el Festival Internacional de Artes Escénicas, que ha albergado más de 70 espectáculos en cuatro ediciones.
Territorio.
Durante los primeros años del gobierno frenteamplista se instaló una red de centros culturales y artísticos llamados Centros MEC, que actualmente tiene 125 locales en ciudades, pueblos y parajes rurales. Bajo la coordinación de Glenda Rondán, allí trabajan unos 60 funcionarios y dan clase unos 300 docentes de todo tipo de disciplinas, desde talleres artísticos a cursos de computación para niños y adultos.
La DNC creó un Departamento de Industrias Creativas para coordinar el apoyo a actividades desperdigadas por todo el país. En esa órbita está el programa Fábricas de Cultura, que coordina acciones de apoyo, como por ejemplo al trabajo artesanal, y también Un pueblo al Solís, que ha hecho posible el viaje de decenas de personas del interior para presenciar un espectáculo en el teatro montevideano, tarea que últimamente también desplegó el Auditorio del Sodre con niños de escuelas rurales de todo el país.
Otra de las novedades es el programa Usinas de la Cultura, que instaló en todo el país, desde 2009, una veintena de estudios de grabación y edición de audio y video, con financiación internacional, para su uso gratuito, en las ciudades de Artigas, Treinta y Tres, Melo, Paysandú, Salto, San Carlos, Castillos, en varias zonas de Montevideo (Casavalle, Bella Italia, Parque Batlle, Cordón, Palermo, Peñarol, Carrasco Norte), una en el Hospital Vilardebó y otra en el Comcar.
En la calle Mercedes y Yaguarón funciona un centro cultural destinado a personas en situación de calle, llamado Urbano. Otra línea de trabajo fue el apoyo a las fiestas tradicionales que tienen lugar en el interior, a través no solo de reparticiones culturales sino del Ministerio de Turismo. El MEC ha editado una Guía de Fiestas Uruguayas, también disponible en la red.
Fiestas.
En estos 12 años, Montevideo se sumó al circuito de grandes shows gracias a la exoneración del IVA a conciertos internacionales, que hizo posible la llegada de artistas como Elton John, Aerosmith, Paul McCartney y los Rolling Stones. En 2011 el Estado celebró el Bicentenario del inicio del proceso independentista con una multitud de conciertos en el Centro montevideano, que concluyó con los catalanes de La Fura dels Baus entregando un espectáculo en la Plaza Independencia.
Antel, TNU y las radios.
Finalizada la era de los Pilsen Rock, Antel tomó la posta y puso su marca para la organización de los Antel Fest, que este año tendrá lugar en Carmelo. Con el advenimiento del streaming (transmisión de audiovisual en vivo y a demanda por Internet), Antel se transformó en un nuevo productor de televisión a través de la plataforma Vera TV, en la que la música es protagonista. En el verano de 2012, el aporte de la telefónica estatal a un concierto de Los Olimareños en Atlántida —190.000 dólares— motivó una sonada polémica que alcanzó estrados políticos.
Televisión Nacional Uruguay, el nombre que adquirió el canal estatal, mejoró su equipamiento televisivo y su programación, mediante llamados abiertos, mientras que las radios públicas salieron de la órbita del Sodre para formar parte de una misma dependencia, junto a TNU. Si bien Babel FM se afianzó como una propuesta de calidad en la difusión musical, las radios públicas no lograron un aumento significativo de audiencia y no se consolidaron como medios influyentes.
Satélite.
Por primera vez se hicieron mediciones, como la encuesta de consumo cultural que la DNC encomendó a la Facultad de Humanidades o la Cuenta Satélite de Cultura, que tiene el fin de establecer el aporte cultural al PBI. Ambos trabajos presentan diferencias sustanciales en su metodología y arrojan valores entre 0,5 y 1% del PBI. Otro punto aún incierto es el Plan Nacional de Cultura, una iniciativa consultiva de la DNC iniciada por Achugar y continuada por Mautone, que se propone transitar “hacia una ley nacional de cultura”. Este asunto seguramente arroje novedades más concretas en los próximos años, y quizá figure más arriba en futuros balances periodísticos.
Demoliciones.
La cuestión arquitectónica y patrimonial también tuvo sus polémicas, como la demolición del edificio Assimakos, en Avenida Italia. En los últimos años la Facultad de Arquitectura puso el foco en la cultura arquitectónica con aportes como la apertura de la Casa Museo Vilamajó, la denuncia del vandalismo en fachadas de toda la ciudad, el reclamo de una educación para la cultura arquitectónica, y la reaparición de su revista y varios libros de divulgación sobre arquitectura, urbanismo y patrimonio. La Biblioteca Nacional no fue demolida pero el deterioro de su contenido (millones de libros) llegó a ser gravísimo, así como la endémica falta de personal. Su ex director Carlos Liscano reclamó a viva voz por el vandalismo de los muros y al inicio de la gestión de María Julia Muñoz en el MEC, fue despedido por cuestionar el funcionamiento del Consejo de Derechos de Autor. Una vez cesado de su cargo, Liscano dijo a “La Diaria”: “Muñoz es una amenaza para la cultura”.
Vida Cultural
2016-10-06T00:00:00
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