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El desempeño macroeconómico de Uruguay después de la crisis de 2002 fue “altamente satisfactorio”, y en la actualidad los “principales retos” en esa área son reducir el desequilibrio en las cuentas fiscales y bajar la inflación, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). A mediano plazo existen “interrogantes” en cuanto a las posibilidades de crecimiento por las limitaciones para incrementar el capital humano y para mantener los “altos niveles” de inversión registrados en los años recientes.
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Ese organismo terminó de aprobar el miércoles 17 el programa de créditos—la “Estrategia de país” en su propia jerga— acordado con el gobierno del presidente Tabaré Vázquez para 2016-2020, cuyas líneas básicas fueron comentadas al día siguiente en una conferencia de prensa en Montevideo por el representante residente del BID, Juan José Taccone, y el ministro de Economía, Danilo Astori. Los ejes son tres: elevar la productividad y competitividad; impulsar la equidad e inclusión social, y fortalecer la gestión del Estado.
En los últimos años, el BID ha sido la principal agencia multilateral de financiamiento para el país; representó alrededor de la mitad de su endeudamiento con los organismos internacionales. En el marco del nuevo programa, el banco anticipó que aprobará operaciones con garantía soberana por unos U$S 1.800 millones (aunque los desembolsos efectivos en el quinquenio sumarían U$S 1.309 millones).
Una serie de “notas sectoriales” sobre temas específicos hechas por técnicos del BID y consultores sirvieron de base para la discusión con el gobierno. Varios puntos citados allí son recogidos en el documento de “Estrategia de país” aprobado por el Directorio.
Crecimiento incierto.
El organismo indica que se espera que el Producto Bruto Interno (PBI) aumente entre 2% y 2,5% en el año que termina y el próximo.
“Existen interrogantes en cuanto a las posibilidades de crecimiento en el mediano plazo. Por un lado, el margen para continuar creciendo en función del aumento del capital humano presenta limitaciones, ya que Uruguay muestra bajo incremento demográfico y bajos indicadores en la calidad de la educación y formación de la mano de obra. En cuanto a la acumulación del capital físico, existe incertidumbre respecto a la sostenibilidad de los altos niveles de inversión de los últimos años”, plantean los técnicos del BID Daniel Hernaiz, Fiorella Pizzolon, Virginia Queijo Von Heideken y Paola Regueira en una de las “notas sectoriales” obtenidas por Búsqueda.
Comparado con otros países de similar ingreso por habitante, las principales brechas de crecimiento de Uruguay se encuentran en el área económica, particularmente en el transporte y energía, tecnología e innovación, mercados financieros y comercio. Está relativamente mejor posicionado en su desarrollo social y medioambiente, señalan.
La aplicación de políticas que permitan reducir el nivel de inflación constituiría un “avance importante en el ya exitoso manejo macroeconómico de Uruguay”, agregan. Y citan cálculos según los cuales situar el ritmo de aumento de los precios al consumo en el rango establecido como meta por las autoridades (3%-7% para períodos de 12 meses) conllevaría “ganancias” de crecimiento de la economía a largo plazo de 0,2 a 0,5 puntos porcentuales al año.
Desafíos.
En los próximos años, Uruguay “enfrenta importantes desafíos para abordar algunas brechas que podrían limitar el crecimiento en el mediano y largo plazo. La insuficiente e inadecuada provisión de capital humano es una de las limitantes más importantes para el crecimiento económico, especialmente en la medida en que las exportaciones se tornan más intensivas en mano de obra especializada. Uruguay presenta déficits de calidad, pertinencia y equidad de la educación secundaria y técnico-profesional, donde más del 60% de los jóvenes no completan la educación media, y se evidencian déficits de habilidades y destrezas en la fuerza laboral”, afirma el BID en el documento base para la “Estrategia de País”.
En la enseñanza marca que “problemas de cobertura”, “bajas tasas” de terminación de la secundaria y “deficiente calidad” están asociados, entre otros, con: uso generalizado de la repetición de grado como mecanismo de evaluación de los estudiantes; marco curricular enciclopedista y desarticulación entre ciclos; baja carga horaria y alto número de asignaturas por grado; alto porcentaje de docentes no titulados, suplentes o interinos; carrera docente que premia demasiado la antigüedad, y sistema de gestión de los docentes que genera alta dispersión e impide una buena planificación.
Las acciones que se puedan encarar en Secundaria y las de mejoramiento de la gestión del sistema en general “tienen un mayor riesgo porque no cuentan aún con consensos entre los distintos actores involucrados”, evalúa. Una “nota sectorial” elaborada por los especialistas del BID Jesús Duarte, Marcelo Pérez-Alfaro y Livia Mueller, junto a dos consultoras externas para el diseño de la “Estrategia de País”, profundiza en el análisis de los problemas y posibles acciones, en particular en la enseñanza media (ver recuadro).
En lo que concierne a la formación laboral, el mayor riesgo se concentra en la “debilidad institucional” del Instituto de Empleo y Formación Profesional como brazo ejecutor de la política pública en este campo para “responder a las demandas del sector privado en forma oportuna pero también en cuanto al contenido de sus programas de capacitación”.
Otra limitante para lograr mejoras en la productividad y competitividad del país es el “escaso nivel de inversión en tecnología e innovación”, afirma el organismo en la “Estrategia de país”. También los “costos asociados al déficit en infraestructura y las dificultades para acceder a su financiamiento”.