El poder de mercado
Cada vez que un consumidor compra un producto —un pan, un celular o un pasaje de avión—, el monto pagado no solo refleja el costo de producción, sino también la capacidad de los vendedores para fijar precios por encima de los niveles competitivos. En los mercados donde la competencia es fuerte, las empresas tienen poco margen para cobrar precios excesivos, ya que los consumidores pueden tener otras alternativas. Pero cuando las empresas dominan un sector, la competencia se debilita, los precios suben y los consumidores soportan el costo. Según explican los investigadores del BID, el poder de mercado “no solo determina los precios que pagan los consumidores, sino también la inversión, la innovación y el ritmo de crecimiento” económico de los países a largo plazo.
La evidencia analítica citada en el estudio sugiere que, a escala mundial, el poder de mercado ha ido aumentando en muchos sectores y países, con un incremento de la concentración del control por parte de unas pocas empresas y de los markups, que son la diferencia entre los precios y los costos de producción. Un capítulo del documento presenta una medición para este último concepto en Uruguay —que muestra el resultado opuesto— y otros países de la región.
¿Qué aportan los markups?
Muchas investigaciones utilizan la concentración de mercado como indicador del poder de fijación de precios, ya que es más fácil de computar y su cálculo se basa en datos ampliamente disponibles. Sin embargo, según los investigadores del BID, esas medidas pueden ser engañosas porque dependen, en parte, de cómo se define el mercado, e incluso pequeños cambios en el ámbito geográfico o en las categorías de productos pueden producir resultados muy diferentes.
Ofrecen como alternativa metodológica una estimación de los markups, en el entendido de que son una forma más directa de medir el poder de fijación de precios. Como se basan en datos de empresas —concretamente, cuánto gastan estas en insumos y cuánto producen—, no dependen de definiciones de mercado potencialmente arbitrarias.
Aclaran, no obstante, que ese margen —en qué medida los precios se sitúan por encima del costo de producir una unidad más— por sí solo no refleja la complejidad que hay detrás de las estrategias de las empresas o la estructura de costos completa ni la dinámica competitiva de un mercado. Por eso, enfatizan, los markups ofrecen pistas importantes, pero no cuentan toda la historia.
La idea detrás de los markups es que, cuando las empresas se enfrentan a la competencia, su producción debería crecer proporcionalmente al uso de insumos. Si no es así, y los precios suben más rápido que los costos, la diferencia refleja el poder de fijación de precios.
Para analizar esto, los investigadores utilizaron CompeteLAC, un conjunto de datos sobre empresas que abarca ocho países de la región recopilados por las oficinas de estadística nacionales que se transforman en indicadores comparables. Para Uruguay, esa base se nutrió de la Encuesta Anual de Actividad Económica del período 2007-2019.
Conforme con sus cálculos, en América Latina y el Caribe los markups son “elevados”, de alrededor de 1,35, frente a 1,20 en las economías avanzadas. Esto significa que por cada dólar que le cuesta a una empresa producir un bien o servicio, los consumidores de la región suelen pagar US$ 1,35, en comparación con US$ 1,20 en las economías avanzadas. En otras palabras, las empresas latinoamericanas y caribeñas cobran, aproximadamente, un 35% por encima del costo marginal.
La evolución en los países de la región analizados fue la siguiente. Chile presenta los markups más altos, que se mantienen elevados a pesar de algunas fluctuaciones. Colombia siguió una trayectoria ascendente gradual, con niveles “relativamente altos”. México está en la franja alta, con una trayectoria más estable en los últimos años. “Uruguay, por el contrario, muestra un descenso constante de los markups en las últimas dos décadas que en la actualidad se acerca al punto de referencia competitivo”. Por último, Costa Rica y Ecuador mostraron una evolución más moderada a lo largo del período estudiado.
La investigación no esclarece por qué se dan estas diferencias.
Precios y ganancias
El estudio aclara que los markups elevados pueden reflejar un fuerte poder de fijación de precios, pero no siempre implican ganancias excesivas.
Lo constatado en este estudio para América Latina y el Caribe es que “los elevados markups en la región están muy extendidos entre las empresas, en lugar de concentrarse en un segmento reducido del mercado. Para los responsables de las políticas, esto sugiere que el fortalecimiento de la competencia requerirá reformas sistémicas que reduzcan las barreras a la entrada al mercado, mejoren la disciplina del mercado y fomenten una mayor reasignación de recursos en toda la economía”.
El análisis plantea, además, la interrogante de qué impulsa los cambios en los markups agregados en los distintos países; los patrones varían considerablemente. En este punto, señala que “Uruguay destaca por una fuerte caída de los markups”, lo que deriva del “efecto combinado de las reducciones dentro de las empresas y la reasignación negativa: las empresas están reduciendo individualmente sus markups y la participación de mercado se está desplazando hacia las empresas con markups más bajos, lo que amplifica la disminución general”.
Concentración y creación de empleo
Si bien la creación neta de empleo refleja el crecimiento general del empleo, esta puede ser el resultado de diferentes dinámicas del mercado laboral. ¿Cómo se relaciona el poder de mercado, medido por los markups a nivel de empresa, con los puestos creados?
En este aspecto, Uruguay destaca como el único país en el que tanto los markups como la creación neta de empleo “han disminuido de forma constante a lo largo del tiempo”. Esto, afirman los investigadores, sugiere que unos markups más bajos “no han conducido necesariamente a un mayor crecimiento” de los puestos de trabajo.
Aunque los markups “por sí solos no determinan las tendencias del empleo”, los datos insinúan que, en varios de los países de la región analizados, el aumento del poder de mercado coincidió con una dinámica laboral más débil. Pero los autores enfatizan que, para extraer conclusiones categóricas, sería necesario un análisis más profundo.
Sectores: las telecomunicaciones
La centralidad y la importancia sistémica de ciertos sectores implican que su poder de mercado puede tener efectos de gran alcance; el estudio menciona a las telecomunicaciones como un buen ejemplo y, dado su papel central en la mayoría de las economías, este sector “suele justificar la intervención reguladora”.
En este capítulo, menciona que la “reciente adopción de la portabilidad numérica móvil en Uruguay ilustra el potencial de este tipo de reformas. A pesar de la resistencia política y las preocupaciones sobre el debilitamiento del operador dominante, esta política se implementó con éxito en 2022”. Cita otras investigaciones, según las cuales esto condujo a una caída del 40% al 60% en los precios de los datos móviles y a un aumento de nuevos usuarios. “Las empresas reaccionaron promoviendo los contratos de pospago, y si bien estos pueden reintroducir fricciones en el cambio de operador, el efecto general fue un mercado más competitivo y dinámico”, agrega.
Señala que “la experiencia de Uruguay demuestra que, incluso en mercados altamente concentrados, los gobiernos pueden implementar reformas técnicamente complejas que promuevan la competencia y la elección de los consumidores. La lección más grande es que promover la interoperabilidad, siempre que sea técnicamente viable, es una herramienta poderosa para mejorar la competencia”.
Los autores van más allá y afirman: “La portabilidad numérica en las telecomunicaciones, la portabilidad de las cuentas bancarias en los servicios financieros y la interoperabilidad de los datos en los mercados digitales son ejemplos de reformas que reducen las fricciones y empoderan a los usuarios. Los gobiernos pueden aplicar activamente estas políticas como parte de un esfuerzo más amplio por regular el poder de mercado en sectores sistémicos”.
Sectores: pagos digitales
La falta de interoperabilidad entre los adquirentes —la empresa que se encarga de proporcionar el mecanismo para procesar los pagos del comerciante— “generó complejidades y costos adicionales para los comerciantes que gestionaban múltiples acuerdos. Este fue el caso en Uruguay hasta setiembre de 2022, cuando la regulación simplificó el proceso al autorizar que muchos adquirentes admitieran múltiples redes de tarjetas, lo que permitió a los comerciantes aceptar una amplia gama de tarjetas de pago mediante un único contrato”, consigna el estudio del BID.
Menciona otro trabajo académico para afirmar que la consecuencia de ese cambio fue que los adquirentes existentes ampliaron su oferta, y otros nuevos entraron en el mercado; también se produjo una disminución de la concentración en todos los segmentos de pago. Además, las comisiones a los comerciantes experimentaron algunas reducciones, “aunque estas no se ajustaron plenamente a los acuerdos previstos, ya que eran anteriores al cambio de las políticas”.