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    El Frente Amplio se está alejando de las “fuerzas sociales”

    Lo primero que le pidieron sus hijos a Julio Calzada cuando llegó a casa un día de la semana pasada fue leer la carta por la que renunció a la 711. No tuvieron suerte. El ex secretario de la Junta Nacional de Drogas entiende que el contenido de la carta, que firmó junto a otros dirigentes del sector del vicepresidente Raúl Sendic, debe mantenerse en reserva.

    En una entrevista con Búsqueda, Calzada dice que se fueron porque en la 711 no encontraban “espacios” para “dar opiniones y hacer aportes”, que no hubo lugar para las discusiones. Pero agrega rápido que lo importante ahora es dar la pelea para que el Frente Amplio no siga alejándose de “la gente” y de las “fuerzas sociales” que lo llevaron al gobierno.

    Calzada cree que la coalición de izquierda debe repensar sus estructuras para acompasarlas a los cambios sociales, y recurrir a la tecnología de la información para que los frenteamplistas puedan debatir sobre las decisiones del gobierno. “De lo que se trata es buscar otra forma del ejercicio del poder, sobre la base de generar los espacios”, dice.

    El dato más importante que surgió de las elecciones internas del oficialismo es que “el núcleo duro de votantes del Frente Amplio es de cédula un millón”, advierte el sociólogo.

    —¿Por qué abandonó la lista 711 junto a otros dirigentes?

    —No encontramos los espacios que desde el punto de vista político necesitábamos para participar, dar opiniones y hacer aportes. Lo intentamos durante bastante tiempo y por distintas vías, pero no se dio. Pero ya es cosa del pasado, ahora nos importa lo que tenemos por delante.

    —El diputado de la 711 Pablo González los trató de “ratas” por bajarse del barco que se hunde. Su partida ocurre poco después del debate sobre el presunto título de licenciado de Sendic o las investigaciones sobre su gestión en Ancap. ¿Eso no incidió?

    —Fue un acto apresurado y desubicado de Pablo y tampoco es el modo en que nos han tratado los otros compañeros. Nunca discutimos el tema del título con Sendic. Entonces no te puedo decir hoy si está bien o está mal. No tiene sentido que te dé una opinión sobre algo que no tuve la posibilidad de hablar.

    —¿Pero no tuvo nada que ver?

    —No estuvo entre los argumentos. El tema de habernos ido ya está, ya lo cerramos.

    —El proyecto parecía una alternativa para cortar con los supuestos bloques mujiquistas y astoristas. ¿Ese espacio no se logró cristalizar?

    —Ese espacio tuvo una expresión interesante y fue bien manejado en junio de 2014. El problema es que no se abrieron otros espacios donde se pudiera participar en la construcción de un proyecto político como el que muchos de nosotros creíamos que tenía que ser.

    —¿Cómo tenía que ser?

    —Radicalmente democrático, con mucha porosidad con la sociedad, con el entorno; con mucho diálogo y mucha apertura. Creemos que la izquierda precisa una mirada hacia afuera, hacia su entorno, hacia los movimientos sociales. Y creemos que hay un amplio espacio dentro de la izquierda que no tiene formas de hacer política, a nivel individual o grupal.

    —Algunos dirigentes oficialistas dicen que ustedes tocaron a la puerta del Espacio 609. ¿Es una posibilidad que manejan?

    —No, no. Eso no está arriba de la mesa. No está ni formar un grupo nuevo ni ir hacia un grupo existente. Queremos tender puentes entre todos esos sectores que no tienen posibilidades de participación, hay mucha gente a título individual, académicos, gente de la cultura, de las organizaciones sociales, que no tiene chances porque se discute poco, se elabora poco. Creemos que hay que hacer una autocrítica constructiva de lo que han sido estos 12 años de la izquierda en el gobierno. Y también hay que tener una mirada sobre la crisis del progresismo en la región, cómo ha habido un alejamiento muchas veces de las fuerzas sociales que lo llevaron al gobierno.

    —¿El Frente Amplio está sufriendo ese proceso?

    —Sí, creo que sí. Es innegable. Hay un enfriamiento de esa relación de la fuerza política con la gente, y falta poner temas en discusión.

    —En la interna del Frente Amplio todos los candidatos hablaron de ser la voz de los frenteamplistas independientes, de los de a pie.

    —Creemos que hay que encontrar fórmulas no para representarlos, sino para que se incluyan. Hay condiciones en la sociedad para avanzar en formas de participación mucho más activas de las que existen, porque la tecnología lo permite. Hoy podríamos hablar de tecnopolítica. Estamos en una sociedad marcada por la fugacidad, por lo efímero, por la instantaneidad, en la cual la noción del tiempo ha cambiado. Sobre una base material de industrias deslocalizadas, de cadenas productivas, no de líneas de producción. No podemos interpretar la realidad de la segunda década del siglo XXI con las categorías de análisis de los años 60, 80 o 90. Si no, está mirando con unos lentes que no le permiten ver.

    —¿Y después se puede llevar sorpresas en las urnas?

    —En las urnas o cuando vos tenés expectativas de que acontezcan cierto tipo de cosas en el campo social, en el económico, en el campo de la articulación política. ¿Cuál es la evaluación de las elecciones internas del Frente Amplio? Para mí la más importante es que el núcleo duro de votantes del Frente Amplio es de cédula un millón. Eso marca las dificultades que hay para conectar con las personas menores de 40 años. Y la gente no se sintió convocada, seducida por las propuestas que hubo, es una realidad.

    A mí me da la imagen de que estamos en carriles a distintas velocidades, la sociedad va a una velocidad y parte de la vida política va más lento. No es cierto que en Uruguay las cosas pasan 20 años después que en el resto del mundo. Hoy tenés convocatorias como la que surgió por el suceso tremendo de la muerte de la chica en Mar del Plata que convocó gente en toda América Latina. Hay que estar atento, por esas cosas es que la gente se preocupa, sale a la calle. En pleno desarrollo de la comunicación virtual que los territorios son solamente físicos; hoy está lleno de territorios virtuales donde la gente opina, discute. Cuando la sociedad cambia tan rápido, no podés vivir en un mundo estático, la conformación de las formas políticas tiene que adaptarse a esa dinámica. Hoy si no estás en ningún sector, no podés participar, no tenés formas de interacción. No tenés información cuando lo que es más fácil hoy es comunicar: Facebook, Twitter, Whatsapp, Snapchat, ¡lo que quieras! Este tipo de sociedad precisa de formas organizacionales diferentes a las que se construyeron en otros momentos, debe ser mucho más porosa, mucho menos pautada, menos rígida; se necesitan más debates, más divergencias, contraponer ideas sin sentirse atacado.

    —¿Qué tipo de debates hay que dar?

    —Vivimos en un mundo en el que el tema de la concentración de la riqueza es un problema mundial, Pikety ha demostrado que desde la década del 70 el tema es cada vez más agudo. Estas cosas las tenemos que poner arriba de la mesa y si queremos eso, el tema impositivo no puede ser tabú para discutir. No puede haber un tabú y decir que si ponemos más impuestos los capitales se van. Entonces estamos trabajando para los capitales, que vienen e igual se van a ir. Esas cosas hay que poderlas discutir sin que el proponerlo te ponga como un enemigo, como anclado en los años 60.

    —Pero esa discusión de los impuestos el gobierno la dio por cerrada.

    —El gobierno la dio por cerrada ¿pero se puso a discutir esto en la sociedad y la sociedad opinó? No. Hoy podríamos abrir una discusión dentro del Frente Amplio y laudarla con una votación electrónica. Hoy se pueden hacer consultas sin necesidad de mediar la discusión. De lo que se trata es buscar otra forma del ejercicio del poder, sobre la base de generar los espacios. Los partidos podrían funcionar así. Tengo la esperanza de que la izquierda ingrese fuertemente en el siglo XXI con nuevas formas de organización.

    Creemos que es lo que el Frente Amplio necesita hoy: radicalizar la democracia. Si se quiere recorrer la implementación de una política económica X, se tiene que estar dispuesto a consultarlo, sobre todo cuando hay disidencias. ¿Por qué no consultar al frenteamplismo por el tratado de libre comercio con China? Debatamos qué implica y qué no.

    —¿Se puede abrir la discusión de cada decisión del gobierno?

    —El que gobierna es el gobierno, no la fuerza política. El Frente Amplio tiene la tarea de discutir las cosas que a la sociedad le importan, esas cosas las tenemos que discutir y el gobierno deberá tenerlas en cuenta o no. Hay que encontrar los mecanismos para discutir y están las herramientas de la tecnopolítica para hacerlo.