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    El Mevir y Alberto Gallinal

    Sr. Director:

    Siento que, en estos tiempos, por simple ignorancia o por ignorancia inducida desde el gobierno, muy poca gente sabe cómo nació el Movimiento de Erradicación de la Vivienda Insalubre Rural (Mevir ). Es el mismo Mevir con el cual muchos hoy se llenan la boca pero a cuyo inventor la mayoría parece desconocer.

    Le cuento: habiendo perdido su candidatura a la Presidencia de la República con el general Gestido en las elecciones de 1966, Alberto Gallinal Heber se presentó a visitarlo. El nuevo presidente le ofreció la Presidencia del Banco República, pero Gallinal se negó. En cambio, le propuso formar una comisión para erradicar las miles de viviendas de lata que había a lo largo y ancho del Uruguay.

    La comisión se formó en aquella época con gente de arraigo rural, siendo el presidente, hasta su muerte, el Dr. Gallinal. En los estatutos se establecía que no se incluía el departamento de Montevideo y que cuando cambiara el gobierno, cambiaría también la comisión.

    Esto, que comenzó hace casi 50 años, ha llegado hoy día a la construcción de 26.733 viviendas en todo el territorio nacional.

    ¿Cómo funcionaba? Cada asalariado rural debía trabajar en una casa sin saber si iba a ser destinada a él. A la finalización, se rifaban las casas de manera que todos se esmeraran en construirlas. Como símbolo, al lado de la puerta, había un azulejo con un hornero y el número identificatorio de la casa.

    En la oficina de Montevideo, aquello parecía un hormiguero, con gente voluntariosa, asistentas sociales, arquitectos, ingenieros, secretarias, etc.

    Todo funcionó normalmente hasta el año 2004. En noviembre de ese año, el Frente Amplio ganó las elecciones y se reconsideraron los estatutos. Por lo tanto, se integró la Comisión con gente del Frente excepto yo, que quedé de vicepresidenta hasta el día de hoy.

    Durante la vida de mi padre nunca se hizo propaganda política con Mevir. Pero fue llegar el Frente Amplio al gobierno y comenzaron los traslados de demócratas para un lado e izquierdistas para arriba.

    Mi padre “dejó de existir”. Nunca se le hizo un homenaje, la gente no oía hablar de él y no se llamaba a periodistas para avisar de nuevas inauguraciones. Así, dejó de hablarse de Mevir en el país. Pero cuando ascendió Mujica a presidente, el Ministerio de Vivienda, que dirige a Mevir, comenzó a hacer toda la propaganda que sale por la televisión diciendo que han construido 4.000 y pico de viviendas. Pero de Mevir, nada.

    Eso duele mucho y no se puede soportar. Por eso escribo. Porque Gallinal se merece un homenaje del país entero. Pero como nadie lo conoce ni sabe de sus obras, nada.

    Y así estamos: hoy todos creen que el bien lo hacen los de izquierda y los otros son los malos, cuando es obvio que hay buenos y malos en ambos bandos.

    Lo que no admito es la mala fe.

    Para los “olvidadizos”, voy a transcribir lo que decía mi padre en 1986, recordando los orígenes y las acciones de Mevir. “A fines del siglo pasado se corporizaron varias docenas de rancheríos tristes construidos ante la desesperación del frío y del desamparo por parte de gente desprotegida y vencida. La entrada del siglo XX no presentó programa político para resolver lo que se iba a convertir en una vergüenza. Nos incorporábamos a otro país desfallecido que soñaba con monumentos y olvidaba los problemas rurales en la miseria”.

    Ya entonces, él advertía que esos rancheríos “fueron creciendo agrupados a las ciudades y se llamaron cinturones de miseria. Y muchas ciudades comenzaron así. Y seguían pasando los años mientras los más afortunados disfrutaban de vidrios y estufas y los otros temblaban en el verano pensando en los fríos de mayo a agosto”.

    Pero entonces, en 1964, “fueron convocados unos ciudadanos

    que sentían como un peso inmoral que continuara este panorama de miseria. Y nos reunimos bajo el impulso del cristianismo. Si no fuera por el cristianismo no hubiéramos soportado los años de incomprensión que nos acompañaron”.

    Y “empezaron a surgir núcleos en el interior, que frente al desafío levantaron el reto y empezaron. También las revoluciones nos dejaron su legado. Se fueron apaciguando los desafíos: tal es la historia del Pueblo Celeste, uno de nuestros balbuceos, que sentó la solidaridad en Salto”.

    “Las ideas que se manejaron entonces siguen animando las reuniones: amor al prójimo, desinterés personal y ansiedad, desesperación por llegar al final antes que termine nuestra vida. Y nos preguntamos: ¿no querrán dar el ejemplo de un mejor vivir? Entre los poderosos, gente generosa, y entre los desamparados, gente con voluntad de trabajo”.

    “Así nació Mevir en 1964. La idea superior fue la de dar el ejemplo hasta abarcar recursos nacionales. Y la idea grande fue la de reclamar poco para que se acercaran todos. Felizmente los recursos de Mevir no se gastaron en sueldos y alineaciones burocráticas, y el BHU manifestó su buena voluntad con una constante confianza”.

    Mi padre decía que en 1986 se hablaba de Mevir “como de una cosa sencilla, y claro que lo fue; pero tenía que crecer. No alcanzaba construir viviendas; había que hacerlas hospitalarias y atractivas. En 1985 un nuevo Directorio del BHU nos decoró con su confianza y hoy hemos vivificado el 2% de los recursos agropecuarios para resolver un problema grave, gravísimo, de subestructura; contamos con la solidaridad de los intendentes y del Poder Ejecutivo, que cree en nosotros; y se reclaman programas urgentes porque quieren pasar por encima de las cenizas calientes sin quemarse los pies, reconociendo que el tiempo nada puede contra el espíritu”.

    “Hoy —recordaba mi padre en aquel tiempo— cada inauguración es una fiesta nacional, un desafío al pasado, un creciente mirar hacia adelante, mientras nos comprenden países que desean hacer el mismo acto solidario para salvar la cara de los gobiernos contemporáneos. A mí me ha correspondido el alto honor

    de vuestra confianza. Los convoco para el futuro y a hacer mejor, más hermoso, más justo, el porvenir de la realidad nacional. Les doy las gracias. Hemos puesto en marcha un hermoso ejemplo de obra de misericordia para la reconciliación nacional y para demostrar que entre todos podemos hacer todo”.

    Esas palabras que mi padre pronunció hace ya 28 años tienen plena vigencia al día de hoy. Por eso, no creo ser imprudente ni atrevida por solicitar que la historia se cuente tal cual fue y no como quieren contarla algunos con el propósito de sacarle un rédito político que mi padre, quien cumpliría años el 4 de noviembre, jamás buscó.

    Matilde Gallinal