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    El aluvión

    El flujo de inmigrantes del mundo musulmán a Europa ha puesto sobre el tapete un tema que Thilo Sarrazin señaló en el libro político de mayor éxito en Alemania durante más de una década: Deutschland schafft sich ab (Alemania se elimina a sí misma), de 2010.

    Sarrazin fue uno de los principales exponentes del Partido Socialdemócrata, miembro del Directorio del Banco Central de Alemania y ministro de Economía en el Estado berlinés.

    Su tesis, compartida por una amplia franja de la población pero no por los amantes de lo políticamente correcto, es que la llegada masiva de inmigrantes con un nivel educativo prácticamente nulo terminará por quebrar al Estado de Bienestar alemán y eliminará en un futuro cercano sus capacidades competitivas.

    Un problema clave es el de la educación. Otro, igualmente importante, es el de la integración. Señala el autor: “La integración requiere esfuerzos de quienes tienen que integrarse. No siento ningún respeto por quienes no quieren hacer ese esfuerzo. No reconozco a quienes viviendo en un Estado de Bienestar niegan la legitimidad de ese Estado, rehúsan la educación que reciben sus hijos y producen constantemente nuevas camadas de niñas con paño en la cabeza”.

    Identificada la amenaza, Sarrazin agrega: “Ninguna otra religión en Europa presenta tantas exigencias como la musulmana. Ningún grupo de inmigrantes está tan identificado con las exigencias al Estado de bienestar y con el crimen. Ningún otro grupo subraya tan claramente sus diferencias con el resto de la población en el espacio público. En ningún otro grupo es tan fluida la transición a la violencia, la dictadura y el terrorismo”.

    Una de las ideas de Sarrazin es que la población musulmana se reproducirá y terminará superando a la alemana, cuyas tasas de nacimiento son claramente más bajas. Pero el mayor problema a mediano plazo es que el nivel de inteligencia de los inmigrantes musulmanes es notablemente inferior al de la población nativa.

    El libro de Sarrazin se agotó en pocos días, al mismo tiempo que representantes de la clase política y cultural condenaron su contenido. El autor fue apartado de varios de sus cargos y estuvo, incluso, a punto de ser expulsado del partido.

    El debate creado por Sarrazin desnuda la retirada de un pueblo que ha llegado lejos en su proceso civilizatorio y la aparición en escena de un pueblo que se encuentra en una fase de marcado atraso cultural.

    Pero hagamos un experimento atroz. Cambiemos algunas palabras y escenarios. Supongamos que los alemanes civilizados son la clase media civilizada que una vez caracterizó e identificó a países como Argentina y Uruguay. Y supongamos que los musulmanes atrasados que exigen un lugar en el centro del escenario alemán son los lúmpenes rioplatenses, es decir los habitantes de nuestra periferia social.

    ¿No se trata de la misma situación? ¿No surgen a nuestra vista los mismos problemas? ¿No es así que la historia moderna del Río de la Plata está marcada por la derrota de una clase social educada, ilustrada y comprometida con la construcción de un Estado democrático a manos de un grupo biológica, política y socialmente expansivo cuyas características mentales recuerdan los tiempos primitivos; cuyas constantes exigencias sobre el Estado de bienestar van de la mano de la negación de ese Estado y cuyas ambiciones de dominación grupal (tribal) son tan grandes como su negación a aceptar las normas y las reglas que rigen la vida ciudadana?

    ¿No se trata, también en el escenario rioplatense, de la sustitución de una población con alto grado de civismo por otra altamente incívica? ¿No estamos, en definitiva, frente a un proceso de idiotización de la población nacional que condena a Argentina y a Uruguay a un futuro de barbarie cultural, de atraso económico y de inestabilidad política?

    La sal está echada en la llaga. Y al igual que Sarrazin cuando analiza la realidad alemana (y tal como lo he venido exponiendo en este espacio desde hace más de siete años), estoy profundamente convencido de que la característica primera de las sociedades rioplatenses durante las últimas cinco o seis décadas es la lenta pero inexorable derrota de la clase social que construyó esos dos Estados modélicos a manos de elementos periféricos, atrasados e incivilizados.

    Son justamente esos elementos que, canalizados por una izquierda populista e irresponsable, han reducido económicamente, han derrotado políticamente y han asimilado culturalmente a la clase media ilustrada, esa que supo levantar una sociedad avanzada, una sociedad moderna, una sociedad ejemplar, ilustrada, tolerante e internacionalista.

    La diferencia entre los dos ejemplos nombrados estriba en que el pueblo alemán tiene siglos de experiencia en recuperarse de fuertes derrotas, mientras que los pueblos rioplatenses apenas estaban levantándose cuando se desató el aluvión social.