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    El amnésico Víctor Hugo

    N° 1774 - 24 al 30 de Julio de 2014

    Algunos especialistas aconsejan la psicoterapia para quien comience su declive luego del éxito profesional; un camino para construir una auténtica visión de sí mismo y asumirlo como inevitable. Cerca de las siete décadas de vida, en lugar de tenderse en el diván, Víctor Hugo Morales se aferra a aliados políticos con inclinaciones totalitarias y a discursos demagógicos en la búsqueda de mantenerse en primer plano. No toma en cuenta que algunos estrellatos terminan como su “barrilete cósmico”: degradados.

    Acaba de injuriar a 82 millones de alemanes para congraciarse con los hinchas argentinos, aunque miles de patoteros festejaron borrachos el segundo puesto en el Mundial golpeando a ciudadanos, periodistas y policías y saqueando comercios.

    Cuando la selección alemana regresó a su país luego de derrotar a Argentina algunos integrantes parodiaron:  “Así se paran los gauchos (encorvándose)”, y a continuación: “Así se paran los alemanes (erguidos)” Un festejo frecuente e ingenuo en el fútbol alemán, mucho más suave sin duda que muchas de las duras parodias carnavalescas que Morales festejaba en su juventud.

    Reaccionó con una dureza casi delictiva: “Merecen que los metan en una cámara de gas. Esos jugadores alemanes son en su comportamiento filosóficamente unos nazis asquerosos. Lo que hicieron es inspirador de un dolor. Si ellos se animan a hacer eso es porque hay alemanes que se lo festejan”.

    Y abrió el abanico: “Mataron a seis millones con el mismo recorrido mental, con el mismo grado de imbecilidad y de creencia de superioridad con que se comportan respecto a los judíos, a los gitanos y a los seis millones de personas que asesinaron en los años 30 y 40”.

    ¡Claro que en Alemania hay simpatizantes nazis! Para muestra basta la célula NSU que mató a diez inmigrantes y el racismo en las redes sociales. Pero de ahí a generalizar hay un abismo. Especialmente en el fútbol. Entre otros Sami Khedira, descendiente de tunecinos, Mesut Özil, de turcos, Lucas Podolski y Miroslav Kolse, de polacos y Jerome Boateng, de ghaneses, han integrado la selección alemana.

    En 2011 el líder del ultraderechista Partido Nacional Democrático Alemán fue procesado por instigar al odio racial contra el jugador negro de la selección Patrick Owomoyela. Durante seis años los uruguayos descendientes de negros, Darío Rodríguez y Gustavo Varela, jugaron en el Schalke 04.

    Los gestos, símbolos y frases del régimen nazi están tipificados en Alemania como delito desde hace décadas.

    La moralina de Morales, según algunos “el Chirolita (ventrílocuo) de los Kirchner”, es inexplicable cuando ha celebrado ilicitudes deportivas para alcanzar la victoria. La más notoria, el gol con la mano de Maradona en 1986. En su relato admitió la trampa pero dijo: “¡Lo grito con el alma!”. Apologeta de una estafa.

    Quizá sufre amnesia. Olvida que su hada madrina, la presidenta Cristina Fernández, y quienes la rodean son devotos del ex presidente Juan Domingo Perón, quien entre 1946 y 1949 creó una comisión clandestina para ocultar en Argentina a fugitivos nazis. Bajo sus directivas se falsificaban documentos para proteger a prófugos exterminadores. Lo explica Holger M. Meding, profesor de la Universidad de Köln, en “Un santuario sudamericano” y “La ruta de los nazis en tiempos de Perón”. ¿Prescribieron esos delitos de lesa humanidad?

    Olvida también su respaldo como relator a las dictaduras del Río de la Plata. En 1978 estos exterminadores organizaron el Mundial en Argentina (“el gobierno argentino no mató a nadie para organizar el campeonato”), y en 1980 Mundialito de Uruguay, cuando los militares pretendían trabar una salida política. ¿Que el fútbol no tiene que ver con la política? ¡Por favor!

    Otras amnesias surgen de “Relato oculto, las desmemorias de Víctor Hugo Morales”, de Leonardo Haberkorn y Luciano Álvarez.

    Para el Mundial de Brasil, Morales aceptó los petrodólares del gobierno de Nicolás Maduro, amigote de Fernández. Condujo el programa “De Zurda” en el canal oficial “Telesur” junto a Diego Maradona, quien cobró cuatro millones de dólares. Morales, no se sabe. ¡Y está muy bien, por algo se ufana de ser multimillonario!

    Resultaría interesante saber qué opina este señor, catedrático de moral, principios y ética, de que el vicepresidente argentino Amado Boudou ejerza la Presidencia interina estando procesado por la Justicia por delitos de corrupción. ¿Es moral y ético?

    En Alemania, cuando un gobernante comete un delito o una irregularidad toman otras medidas. En 2012, la canciller Angela Merkel le exigió la renuncia al presidente (jefe de Estado) Christian Wulff luego de que un fiscal solicitara que perdiera su inmunidad por un caso de corrupción.

    En 2011 le exigió la renuncia al ministro de Defensa, Karl Theodor Guttenberg, al descubrirse que había plagiado su tesis doctoral.

    Algo similar ocurrió en 2013 cuando la Universidad de Düsseldorf le anuló el título de doctora a la ministra de Educación y Ciencia, Annete Schavan, al constatar que había plagiado. Era amiga personal de Merkel pero la cesó de inmediato.

    Con tono peyorativo dice que los alemanes se comportan como si fueran superiores. Si compara los índices Pisa, los económicos y los de corrupción entre Argentina y Alemania son muy superiores. Eso sin considerar la final del Mundial.

    A su vocinglería exitista un alemán del pueblo le diría algo parecido a lo que se expresa en estos lares: “Wein im stillen Kämmerlein” (A llorar en el cuartito silencioso).