“Mirar al agricultor como un socio en todo y no como una persona de la cual lo único que me interesa es que me pague la renta más alta en tiempo y forma”, recomendó.
Tras señalar que “muchas veces escuchamos decir que la culpa es del otro y no mía”, ese técnico opinó que “en estos casos la culpa es compartida y está en todos no volver a cometer los mismos errores”, .
Señaló: “Como todo en la vida, para algunos este boom agrícola es una amenaza y para otros es una oportunidad, (y) está en cada uno de nosotros, cómo estamos preparados para afrontar estos cambios”.
El técnico del Plan Agropecuario afirmó que “esto demuestra una vez más que nada vino para quedarse”, y en Uruguay hay que “diseñar sistemas sustentables, que soporten variaciones climáticas, económicas y financieras, que siempre ocurrieron en la historia de este joven país”.
Encandilamiento
“Muchos productores incentivados con el precio de las rentas (600 a 700 kilos de soja por hectárea por año) y necesitados de solucionar problemas económicos que venían arrastrando de una crisis de más de 15 años, entregaron en arrendamiento sus campos y en múltiples casos abandonaron la producción ganadera”, analizó.
Consideró que ese “encandilamiento fue lógico, ya que el valor de rentas ofrecido equiparaba el valor de venta de sus tierras de algunos años atrás”. Durante la expansión agrícola “se observaba con frecuencia que los contratos de arrendamiento no contemplaban el cuidado y conservación de los suelos, lo que con el tiempo trajo aparejado grandes problemas de erosión”, cuestionó.
En ese contexto, el técnico puntualizó que “el agricultor con rentas de corto plazo, de 2 a 3 años, buscó el mayor rédito económico sin considerar en muchos casos la conservación de suelos”. Esa “cuenta netamente económica fue conduciendo al monocultivo de soja, sin tener en cuenta, en muchos casos, la fragilidad de los nuevos grupos de suelos, ni la necesidad de rotaciones que contribuyeran a la sustentabilidad del recurso”, criticó.
El área sembrada de soja pasó de 15.000 hectáreas en 2002 a casi 1,3 millones en la zafra 2014-2015, según registros del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP).
“Muchas veces se transformó en una actitud complaciente de dejar hacer y solo mirar la cuenta del banco para ver cuándo se depositaba la renta”, advirtió.
Rescató que “afortunadamente, el Estado no estuvo ausente” y a partir del año 2012 el MGAP puso en práctica la ley de uso y conservación de suelos con el objetivo de conservar ese recurso natural. Esa norma prevé que tanto el propietario como el agricultor arrendatario son responsables del uso que se le da al campo. “Esto contribuyó a generar conciencia en el propietario sobre la importancia de cuidar este recurso como bien social, y se limitó al agricultor al número y tipo de cultivos a realizar, así como a la tecnología a utilizar”, opinó.
Entre las derivaciones provocadas, señaló que la disminución en la producción ganadera trajo cambios en la mano de obra dedicada a esa actividad, como que “se procesó una reconversión de los recursos humanos”, porque “muchos de estos trabajadores se mudaron al pueblo y se emplearon en empresas de servicios de maquinaria”. Esa mano de obra “sigue vinculada al medio pero desde otro lugar, accede a mejores salarios y vive en el pueblo junto a la familia”, comentó.
El técnico consideró que “es cierto que el tipo de trabajo necesita una capacitación distinta, y “muchos de estos trabajadores no solo se debieron capacitar en el uso de maquinaria sino que también, y no menos importante, se tuvieron que capacitar en las buenas prácticas de uso y manejo de agroquímicos, por la peligrosidad y los riesgos que estos ocasionan”, advirtió.
Para Terra, de la mano de esta “explosión agrícola” se dio un aumento de la demanda por técnicos, lo que “permitió a jóvenes recién recibidos o terminando sus carreras insertarse rápidamente en el medio laboral accediendo a buenos sueldos y condiciones laborales”.
Esa situación es “totalmente diferente a la que vivieron generaciones anteriores de técnicos, cuando conseguir trabajo agronómico era toda una proeza, y ni que hablar de las remuneraciones que recibían” por el mismo, comparó.
Planteó que “muchas veces” esta mano de obra “cometió errores o aceptó directivas que no eran las mejores para la conservación de los campos”.
Al analizar cuál es “el escenario el día después”, el técnico destacó que “la reducción de los precios de los granos, los altos costos de producción y transporte hacia los puertos, la vigencia de los planes de uso y manejo de los suelos incidieron en una disminución en el área agrícola, en zonas no tradicionales, que se acentúa en la última zafra”.
En este momento “se comienzan a evidenciar los problemas que puede generar la agricultura cuando se retira, si esta no se realizó de forma responsable”, señaló.
Terra planteó que las “situaciones en que los dueños de los campos abandonaron por completo la actividad ganadera, y ahora se ven obligados a retornar, son las más complejas”.
El actual escenario “con rentas no tan favorables o restricciones de los planes de uso para seguir haciendo agricultura, encuentra a los propietarios con sus campos en su mayoría con rastrojo de soja, sin ningún tipo de cobertura, llenos de malezas y muchas veces erosionados”, cuestionó.
El técnico deja en claro que la tarea de encontrar respuestas a qué hacer frente a esa compleja situación “no es sencilla”, considerando que “volver a producir carne en estos campos cuesta en el entorno de 1.000 dólares por hectárea (entre animales y pasturas)”.
Ante esta problemática, los productores están diseñando nuevas estrategias para retornar a sus predios, pero “hay casos extremos donde estas no son posibles, ya sea por edad de los titulares, cambio de actividad o simplemente por carencia de recursos de financiamiento”, aseguró.
Reconoció que se excluyen de estas generalidades los productores que hicieron distintas las cosas. “Aquellos que no entregaron todo el campo en agricultura sino que ofrecieron un 20 y 30 % de la superficie y mantuvieron la producción pecuaria y todo lo que a esta rodea”, valoró.
Otros que rescató fueron los que “aprovecharon la oportunidad e hicieron la agricultura por su cuenta, continuaron la producción pecuaria y además crecieron en infraestructura”. Para esos productores “el regreso a la ganadería es mucho más sencillo y menos traumático”, consideró.
Comentó la disminución de la diversificación productiva que ocurre en algunas zonas donde se está retirando la agricultura, como en departamentos del este y noreste. En esos lugares el principal y casi único rubro es la carne. “Esto significa involucionar”, concluyó.
Incluyó a los que están aprovechando para asociarse con forestadoras, para diversificar rubros complementarios”, indicó.