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    El caballero de los libros

    A los 81 años falleció el editor y crítico literario Heber Raviolo

    En el 2011 la editorial Banda Oriental celebraba sus 50 años, y como parte del festejo convocó a sus autores para sacarles a todos juntos una fotografía. Y la respuesta fue un éxito porque 300 escritores de varias generaciones acudieron a la escalinata del Teatro Solís y posaron para esa foto que ya es histórica. Ese día hubo varios reencuentros, abrazos y un efusivo aplauso final. En la primera fila de la foto figura Heber Raviolo, alto y elegante, con una semisonrisa debajo de su bigote blanco. Él fue el fundador y el alma máter de la editorial, y uno de los destinatarios de ese aplauso. Es que por sus manos, y por su lectura rigurosa y precisa, pasaron miles de manuscritos que se concretaron en más de 3.000 títulos publicados.

    El viernes 22, Raviolo falleció a los 81 años y muchos de los que participaron en aquella foto se volvieron a reunir para despedirlo. El sentimiento de tristeza, respeto y afecto fue unánime; también el reconocimiento de que se perdía a uno de los mejores editores y críticos que tuvo el país, y a un hombre de una gran honestidad humana e intelectual.

    “Los autores lo valoraban muchísimo, aunque lo hubieran visto dos o tres veces. Tenía una enorme bonhomía y cordialidad. Esa delicadeza de trato se  vio reflejada en el velatorio. Carlos Sténeri, un hombre que viene de la economía, me comentó que en las pocas reuniones que tuvo con él le transmitió algo de persona íntegra, y que en su libro (“Al borde del abismo”) sobre la crisis económica del 2002,  le había hecho cuatro o cinco observaciones que demostraban que lo había leído muy bien. Incluso cuando rechazaba un libro, lo hacía con tanta cordialidad y seriedad, que el autor se iba agradecido”, recuerda Alcides Abella, amigo y compañero de la editorial durante 45 años. 

    Raviolo había nacido en Montevideo en 1932. Egresado del Instituto de Profesores Artigas, ejerció la docencia en Secundaria hasta que fue destituido por la dictadura. A partir de entonces, se dedicó por completo a su labor de crítico y editor. En 1961, con un grupo de intelectuales y estudiantes universitarios, había fundado Ediciones de la Banda Oriental. “En los 60 se había acuñado la expresión ‘problemática nacional’ y se hacían mesas redondas y conferencias sobre ese tema a cargo de pensadores como Vivián Trías, Alberto ‘Tucho’ Methol, Enrique Iglesias, Carlos Martínez Moreno o Ares Pons”, había explicado Raviolo en entrevista con Búsqueda, a propósito de la trayectoria de la editorial, que tuvo como antecedente la revista “Tribuna Universitaria”, de la FEUU.

    Los fundadores de la editorial fueron doce universitarios, entre ellos Mariano Arana y Raviolo, y tuvieron que pagar de su bolsillo el primer libro que publicaron: “Uruguay y reforma agraria”. Durante varios años, la editorial no tuvo local y la casa de Arana oficiaba de depósito de libros. Se reunían en la Facultad de Arquitectura, en boliches, en casas particulares, hasta que tuvieron su propia casa en 18 de Julio y Yi.

    Hay nombres de escritores que quedarán siempre vinculados a Banda Oriental, como José Pedro Barrán y Benjamín Naúm en la investigación histórica, el área fuerte de la editorial, o Juan José Morosoli, Anderssen Banchero, Líber Falco, Héctor Galmés, Julio C. da Rosa y Javier de Viana, en literatura. La impronta de Raviolo fue fundamental para que se publicaran a muchos de estos escritores uruguayos. “Él redescubrió a Morosoli. Se iba con la máquina de escribir a la sierra de Minas y transcribía los originales que le daba la familia”, recuerda Abella.

    Uno de los proyectos que impulsó Raviolo fue el de “Lectores de Banda Oriental”, un club del libro que surgió en plena dictadura uruguaya y se mantiene hasta hoy publicando narrativa internacional y uruguaya. Muchos de esos libros tienen como prologuista al propio Raviolo, y uno de los proyectos de la editorial es reunir esos prólogos en un solo volumen. “Dominaba mucho la literatura uruguaya y no quería publicar su obra crítica porque le faltaba revisar algunas lecturas de Onetti y de Felisberto Hernández. Él no se marketineaba para nada, era una persona seria y hasta tanto no tenía algo bien hecho, no lo mostraba”.

    Si algo destacan todos quienes conocieron a Raviolo es su parquedad, y así lo confirma Abella: “Era un ser de pocas palabras, era terrible hacerlo hablar. Cuando discutíamos sobre la publicación de determinados autores, había que hilar muy fino para saber por qué no le gustaba alguno. A mí me interesaba su opinión porque era muy inteligente, muy fina. Muchas de las ideas de la editorial se me ocurrieron a mí, pero Heber las convirtió en libro. Ese es es uno de los huecos que nos deja ahora”.

    Lector infatigable y de gran rigor crítico, Raviolo tenía además una gran capacidad de trabajo. Entre julio de 2012 y mayo de 2013 preparó 40 libros, entre ellos, toda la colección de autores uruguayos que salía con el diario “El País”. 

    Se destacó también como traductor y promotor de la literatura brasileña, trabajo que realizó con el investigador Pablo Rocca. Por esta labor fue distinguido con la Orden de Río Branco en 2009 por la Embajada de Brasil. João Guimaraes Rosa, Machado de Assis, Tabajara Ruas y Graciliano Ramos son parte de una lista de más de diez autores brasileños publicados mayormente en Lectores de Banda Oriental.

    En los últimos años, Raviolo se dedicó exclusivamente a la lectura de libros y manuscritos. Abella destaca que era un lector abierto a la nueva narrativa uruguaya y que tenía muy buen diálogo con los escritores más jóvenes. “Era un editor a la antigua. Revisaba minuciosamente los textos, incluso las traducciones de otros, cambiaba adjetivos, buscaba la palabra más precisa. Y le tenía un gran respeto a los escritores. Me consta que le hubiera gustado meter más tijera en varios libros, pero él conversaba mucho y negociaba con los autores. Todos admiraban su cuidado con los textos”. 

    Con su estilo discreto y sin alardes, Raviolo generaba la inmediata sensación de que se estaba frente a un hombre sabio y especial, de esos difíciles de encontrar. Si se mira hacia atrás, dejó un legado histórico y literario enorme: nada menos que la memoria escrita del país.