• Cotizaciones
    lunes 27 de abril de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    El regreso de Buenos Muchachos: entre un concierto de rock y un ritual de fidelidad y devoción

    La banda encabezada por Pedro Dalton volvió a tocar después de tres años y medio, con dos noches a pleno en el Teatro de Verano

    A las 21.17 del viernes 24 José Nozar accionó su pedal de bombo seguido del golpe de redoblante limpio y seco. Después de unos compases, Ignacio Echeverría pronunció con sus manos la línea de bajo que sostiene la canción. Había empezado Coral#5 y luego de 40 meses de silencio, Buenos Muchachos había vuelto al presente.

    La expectativa era alta y se tradujo en dos teatros de Verano llenos. Unas 10.000 personas presenciaron el esperado regreso de esta banda formada hace 35 años en un garaje de Malvín, y que desde hace mucho tiempo forma parte de la mitología musical montevideana. Es una convocatoria enorme para una banda de raíz experimental, que va por la tangente del rock, que tiene impreso en su ADN la exploración por terrenos intrincados y laberínticos, tanto en lo musical como en el plano lírico.

    Con los Buenos, tal como su público gusta llamarlos, ocurre un fenómeno curioso: las expresiones de admiración que el grupo y su música despiertan en redes sociales suelen ser extremadamente elogiosas, hasta límites nada habituales en la escena local. La identificación de muchas personas con la banda va mucho más allá de las canciones, de la música y de las letras. Es un vínculo espiritual, es una idea, un estado de ánimo, una exaltación del alma que se contagia entre el fandom. Porque es eso: un fandom, una comunidad de fieles apasionados que comparten el mismo sentimiento. Algo así como una experiencia religiosa, no en el sentido de creer en una deidad, sino en el sentido etimológico del término. Religare: “atar, amarrar, unir”. En este caso, “reunir”.

    Por supuesto que en la base están las canciones, pero la devoción en torno a la banda también se origina en el carisma de Pedro Dalton, en su poderosa presencia en el escenario, en su actitud actoral, en su rictus actoral, en su forma de pararse bajo los focos, en su austeridad discursiva, en sus parlamentos breves y elocuentes, como un latigazo. “Se ve bien desde acá” y “los extrañamos” fueron algunas de sus escasas y breves alocuciones, el viernes 24. La actitud de los músicos, que también se mantienen cada uno en su personaje, junto con la excelente puesta de luces que propone la banda, colabora decididamente en la construcción de ese imaginario de trascendencia artística que han construido los Buenos en los últimos veintipico de años, desde la publicación de Aire rico, en 1999.

    Este regreso después de tres años y medio fue en la mejor forma musical posible. El cantante estuvo a pleno, en lo estrictamente vocal y en lo interpretativo, que es el rubro en el que su despliegue resulta arrollador. Hicieron 30 temas en poco más de dos horas, una duración óptima para que un recital de rock mantenga bien alta la intensidad, para que la performance no caiga en pozos incómodos, y para que la experiencia no se transforme en un ejercicio de resistencia, arriba y abajo del escenario.

    Pese a que se extrañó mucho el sonido de Gustavo Topo Antuña en las seis cuerdas y de Ignacio Gutiérrez en teclados, el trabajo de la banda también rayó la excelencia. El grupo no comunicó oficialmente si las ausencias del guitarrista —titular de El Cuarteto de Nos desde hace más de 15 años— y del tecladista fueron circunstanciales o definitivas. De hecho, en la página web siguen figurando ambos como miembros estables. Quienes tienen calibrado el oído a esa trenza guitarrera que armaron siempre Antuña y Fernández seguramente extrañaron la sonoridad del Topo. “¡Subí, Topo, dale! ¡Nacho, ya te vimos!”, gritó un espectador en la platea baja antes de que la banda tocara ¿Qué hacés Joâo?

    Marcelo Fernández, quien no había estado en los últimos conciertos de la banda, en 2022, debido a un accidente de tránsito que le causó una larga convalecencia, recuperó su vigor y su plenitud, ahora como guitarra principal, a la derecha de su hermano frontman. Su entrega en la coda final de La isla era un camalote, en la viola y también en el coro junto a Dalton —coreando la épica linea Nunca aplastes corazones-camalotes— fue una de las postales más emotivas de la noche. Pancho Coelho, habitual tercera guitarra en la formación, estuvo al frente, a la izquierda de Dalton. El instrumentista aportó su identidad, por ejemplo, en el solo de Nico Cuevas tocado con un arco de violín, que ilustró un clima sonoro extraño y onírico a esa canción del disco Se pule la colmena. En la tercera guitarra estuvo ahora Jota Yabar, quien ya había tocado con los Buenos en el último tramo antes del parate.

    El repertorio abarcó toda la obra de Buenos Muchachos, desde Temperamento, cuya primera versión apareció en Nunca fui yo, en 1996, a Dormez-Vous y Un témpano, temas de Vendrás a verte morir, su última grabación, de 2020. Salvo Sin hogar, el clásico que más se extrañó en la lista, estuvieron todas, o casi todas: Desestrés, Cecilia, Joâo, Ooh Uooh, El faro, La isla era un camalote, Vos más que vos, Sin más, Villete de oro, Tonight, Antenas rubias, Beefheart, Y la nave va, Pavimento del buen muchacho y He Never Wants to See You (Once Again), presentada por Pedro como “uno de nuestros hits”, con el gesto de las comillas en “hits”.

    El sonido fue superlativo. Gastón Ackermann es un ingeniero de sonido y productor que en su trabajo tanto en el vivo como en el estudio —desde Amanecer búho ha producido cuatro discos del grupo— ejerce como músico. En los últimos tiempos, desde que el Teatro de Verano fue ampliado, las torres de sonido están colocadas fuera de la semibóveda de ladrillos, lo que permite una mayor —y mejor— proyección sonora hacia la platea.

    El regreso de Buenos Muchachos fue un verdadero ritual de música y un acto de comunión espiritual entre una banda histórica de la música uruguaya y su público, que revalidó sus votos de fidelidad y devoción. “Nos vemos en cualquier momento”, pronunció Dalton sobre el final. Nadie lo respondió en voz alta, pero seguramente muchos respondieron al final de esta misa poética y musical: “Amén”.