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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHasta hace una semana teníamos debate en puerta. La dirección del semanario Búsqueda, junto a sus periodistas, realizó consultas en el Frente Amplio, Partido Nacional y Partido Colorado para conocer cuáles eran las posturas para la realización de un debate. El Frente Amplio cerró sus filas al igual que el Partido Colorado y decidieron no debatir en las internas. El Partido Nacional aceptó y se fijó el día de San Cono, 3 de junio, para su realización. La participación in situ sería por invitación, conjuntamente con los alumnos de la Escuela de Periodismo de Búsqueda y habría transmisión por la redes. Todo fenómeno, pero se cayó. El precandidato Lacalle Pou se bajó aduciendo querer evitar rispideces internas. Un fiasco.
Dada la poca voluntad existente en todas las filas políticas a debatir, debería crearse una ley que obligara al debate. Sobre fin de año, en 2018, el diputado Amado presentó un proyecto de ley que tendría el aval de la mayoría para ser aprobado. Sin entrar mucho en sus detalles, marcaba dos instancias a llevarse a cabo, una antes de las elecciones nacionales y otra antes del balotaje. Ya estamos en mayo y el proyecto está y seguirá estando encajonado. No hay “voluntad política” para aprobarlo. Y esto es un verdadero error. Los candidatos se olvidan de que los debates no deben ser vistos como algo que los perjudique o los beneficie a ellos, son para la ciudadanía que es en definitiva quien elige en forma democrática. Flaco favor le hacemos al pueblo si no lo informamos con objetividad. Si bien es muy cierto que casi todos los partidos divulgan sus programas de gobierno, solo una minoría los lee. Algo más que esa minoría se informa por la prensa y los informativos. Pero aquí los datos son muy escuetos y vagos, un par de minutos que dejan más dudas que certezas. Otros, más largos, solo cuentan con la presencia de un candidato y termina siendo un monólogo partidario.
Todos cuentan con ideas y propuestas y las plasman en sus programas impresos, pero son de difícil acceso y comprensión. El debate sería una instancia primordial y para todo público. Respuestas concretas y concisas ante las incertidumbres que hoy tiene la población. ¿Qué van a hacer en trabajo, seguridad, educación y salud? Si van a generar puestos de trabajo, expliquen con sencillez qué herramientas utilizarán; si van a disminuir la delincuencia, mejorar la educación y el sistema integrado de salud, cómo y en qué plazo veremos resultados. Que no nos llenen de cifras que llevan a la gente a desentenderse del tema, los aburre, no lo captan y no saben qué mensaje le están enviando.
Pese a que hay ciertas coincidencias entre todos los candidatos en algunos temas, lo ideal es confrontar y hacerlo de una manera constructiva, que podamos ver una clase política madura, alejada de agravios e insultos, sin desacreditar al contrincante de turno por el solo hecho de pensar diferente. Porque, en definitiva, eso es lo que deberíamos hacer todos, escuchar qué nos proponen, cómo lo harán y cuándo veremos resultados. Eludir el debate lleva a la desconfianza, a pensar que hay temor sobre qué me preguntarán, qué dirá el otro que yo no sepa contestar y, además, pensar si gano votos o no por presentarme. Desde hace 20 años que no presenciamos un debate y, cuando los hubo, fueron muy buenos para la ciudadanía. Muchos vieron con mayor claridad cuál era la oferta electoral y los ayudó a definir su voto.
Es triste tener que hacer una ley para debatir, pero parece ser la única alternativa. Obligar no es lo mejor, pero es la consecuencia ante la negativa política a algo tan elemental como intercambiar ideas sobre qué hacer con el destino del país por cinco años. Y si alguno no lo ve así o no lo comparte, que se retire de la actividad pues no entiende nada. No le pidan el voto a la gente si no tienen la honestidad y valentía de debatir sobre nuestro futuro. No vaya a ser que algunos programas de gobierno terminen como el debate frustrado, que se retiren las ideas por imposibles a la hora de ejecutarlas, que si hay alternancia el 30 de noviembre, el que venga se encuentre con la caja de Pandora fruto de haber seguido haciendo promesas imposibles por los que están y por los que vienen.
Señores políticos, a debatir ya, con ley y sin ley.
Sergio Barrenechea Grimaldi
Egresado de la Escuela de Periodismo de Búsqueda
CI 1.978.723-5