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    El decoro de la muerte de Melissa

    N° 1780 - 04 al 10 de Setiembre de 2014

    El candidato oficialista a la Vicepresidencia, Raúl Sendic, valoró como “amenaza” que el senador colorado Ope Pasquet anunciara que recurrirá a la justicia si ANCAP no le proporciona determinada documentación. Aunque lo establece la ley, Sendic siente que esa acción puede afectar su moral y su decoro en la campaña electoral y por eso se queja. Sin embargo, fue otra su valoración cuando, por beneficio partidario, atentó contra el decoro de la muerte de Melissa Ruggiero y la sensibilidad de sus padres.

    Joaquín Suárez tiene unos 6.200 habitantes y es posible imaginar que allí se disfruta de una vida tranquila. Eso pensó la familia Ruggiero cuando se mudó a esa ciudad para educar a sus hijos y vivir en paz.

    Melissa, de 15 años, quería ir a un cumpleaños pero sus padres recelaban. Lena Oxley, su madre, relató a “El País” que intentó disuadirla: “No te queremos encontrar en una zanja”. Ella reaccionó: “No seas negativa. ¿Por qué me tendría que pasar a mí algo así?”. Y fue. El sábado 9 de agosto la asesinaron de un balazo en el corazón. Después de muerta, le robaron los championes: ¡una monstruosidad!

    Esa escenografía revela una perspectiva diferente sobre la inseguridad: la violencia está soterrada en pequeñas ciudades, disimulada por los grandes acontecimientos delictivos, aunque el gélido ministro del Interior, Eduardo Bonomi, atribuya ese asesinato a lo inapropiado del lugar para el festejo.

    La muerte de la joven —buena estudiante, abstemia, ajena al consumo de drogas— resultó de un enfrentamiento entre bandas de Suárez y de Sauce, la ciudad vecina con igual número de habitantes.

    ¿Cómo es posible que existan bandas en dos ciudades rurales que suman 12.000 habitantes y en las que un quinto tiene menos de 14 años? ¿Qué ocurre en la sociedad? ¿Dónde está la presencia policial disuasoria en las calles (a pie, en motos, autos o a caballo) que la semana pasada reclamó en Búsqueda el asesor de Tabaré Vázquez, Daniel Borrelli, ex ministro del Interior de Jorge Batlle?

    En los últimos años se han degradado los patrones sociales de convivencia y aumentó la desconfianza en las fuerzas de seguridad. Esas que deben proteger a Melissa, a nuestros hijos y vecinos, mientras el simplista ministro manotea en la correntada para no ahogarse. Vázquez aseguró que si es electo aplicará mano dura contra la delincuencia y sus causas. Muy raro, porque le asegura el Ministerio a Bonomi, una de las causas del desborde delictivo y contrario a la mano dura.

    Este país, de la enseñanza gratuita, de “vamo’ arriba la celeste”, del presidente más pobre del mundo, el “paisito” —ese ridículo mote panfletario— es también fatuidad, indiferencia y tergiversación de valores. A muchos gobernantes, periodistas y organizaciones sociales les preocupa más la sanción a Luis Suárez, los selfies y las palurdas estrellitas televisivas que las leyes rotas y las vidas truncadas. Una indiferencia que atraviesa clases sociales y agrava la inseguridad, sinónimo de la falta de respuestas contra el crimen y la violencia.

    Esto no se arregla solo con leyes que perdonen a delincuentes corruptos, nuevos Códigos, más cárceles, nuevos delitos o bajando la edad de la imputabilidad, lo que ya se proponía en 1996 (Búsqueda Nº 837).

    Ese año la inseguridad era la mayor preocupación de los uruguayos. Los consultados para una encuesta dijeron que la delincuencia debía ocupar el primer lugar entre los problemas a solucionar (32,4%). El doble de quienes planteaban que su principal problema era el empleo (16,2%) (*)

    Dieciocho años después, la tasa de desempleo es menor y la violencia y la delincuencia mucho mayores.

    En junio, el Comisionado Parlamentario de Cárceles, Álvaro Garcé, advirtió sobre el aumento sin precedentes de la población carcelaria y aseguró que “obedece a un incremento real de la criminalidad”. Nada de sensación térmica.

    Según la Universidad de la República, entre 1985 y 2010 las rapiñas crecieron 775%, los hurtos 96%, las lesiones 85% y los delitos sexuales 50%. La tasa de homicidios trepó de cuatro a seis cada 100.000 habitantes, reseñó Garcé.

    No hay otro camino que un gran acuerdo nacional; un generoso desprendimiento de intereses partidarios, destinar planes, recursos y medios técnicos a la Policía y a la Justicia y que ni el gobierno ni la oposición pretendan réditos. De lo contrario, el contagio será tan destructivo como el ébola o el VIH.

    Pero es difícil. A algunos los seduce la tentación vil de utilizar el dolor en su beneficio. Como Sendic. Mientras se abroquela ante una acción judicial de Pasquet que pueda afectarlo, desprecia el dolor. Le pidió a la Policía el teléfono de la familia Ruggiero (¿con qué autoridad y con qué autorización se lo dieron?). Llamó y les comunicó que habían suspendido el acto del Frente Amplio en Suárez “por respeto y solidaridad” con la muerte de su hija. ¡Patético!

    La madre de Melissa le preguntó si era por respeto y solidaridad o por miedo a la gente. Lo indiscutible es que no hubiera tomado ese camino sin consultar a su jefe, Vázquez; la semana pasada, Bonomi, su candidato a ministro del Interior, en un acto surrealista, apoyó a los familiares de víctimas de la delincuencia que él no puede combatir.

    Pero todo parece ser aceptado. La sensibilidad, el afecto y la piedad, esenciales a la hora de grandes acuerdos nacionales, parecen no tener importancia, con mayorías o sin mayorías. Como dijo el inefable vicealmirante Hugo Márquez en la dictadura: “Estábamos al borde del abismo y dimos un paso al frente”.

    (*) Encuesta de Vox-Opinión y Mercado, Búsqueda Nº 843