N° 1667 - 21 al 27 de Junio de 2012
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCuando se adulteran documentos oficiales, el derecho penal acecha a la vuelta de la esquina. Resoluciones firmadas por el canciller Luis Almagro y el subsecretario Roberto Conde indujeron a error al presidente José Mujica, al considerar a Carlos Luján como director del Instituto Artigas del Servicio Exterior (IASE), sin ocupar el cargo, y como embajador, sin serlo.
Lo indicó el jueves 14 en “El País” el senador colorado Ope Pasquet (Vamos Uruguay) y advirtió que esos hechos pueden tener relevancia penal. Pueden tenerla si alguien lo denuncia formalmente o si un juez o un fiscal investigan de oficio. Difícil en temas políticos.
Pero independientemente de la ley penal, este hecho se añade al caos gestado desde la cabeza del servicio exterior, que lo ha convertido en un retazo deshilachado de la colcha. No es peyorativo, sino metafórico.
Representar al Estado en el exterior es una función esencial. La diplomacia es una tarea especializada que se logra con experiencia y conocimiento. Los países en serio tienen un servicio exterior competitivo y, para capacitar a sus diplomáticos, algunos los especializan en el extranjero y otros en las propias cancillerías.
Este último es el caso de Uruguay desde 1964, cuando se creó el IASE. Todos los partidos en sus programas de gobierno citan al Instituto y refieren a la necesidad de profesionalizar el servicio exterior.
La forma más objetiva para conocer la seriedad con que los estados preparan a sus diplomáticos es analizar las características de quienes dirigen esas academias. Actuar seriamente implica designar a diplomáticos de carrera con título universitario.
Uruguay ha sido, en general, coherente. Un rápido repaso permite identificar como ex directores a Héctor Gros Espiell, Felipe H. Paolillo, Carlos Gianelli, Pelayo Díaz, José Luis Aldabalde, Álvaro Moerzinger, Gustavo Magariños, Jorge Pérez Otermin, Edison González Lapeyre, José Luis Bruno y Daniel Castellanos. No lo ha sido siempre.
El reglamento del IASE establece que, para dirigirlo, se requiere rango de ministro, embajador o reconocida versación internacional. Esto le da al Poder Ejecutivo discrecionalidad y por eso, en ocasiones, se ha designado gente de “afuera”. Para subdirector, en cambio, el reglamento es terminante: sólo puede serlo un funcionario de carrera.
En setiembre de 2010, para cumplir con la exigencia de un político, Almagro designó subdirector a Luján, pese a que no es funcionario de carrera. Tiene un contrato por acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que le paga un salario que dobla al asignado a un director profesional. Luján es doctor en Ciencias Humanas y tiene estudios en Ciencias Políticas.
En enero de 2011, el ministro buscó subsanar esa irregularidad y lo designó director del IASE. Almagro ha expresado su preocupación por la falta de especialización de sus colegas. ¿Por qué designó a alguien que no lo es, incapaz de identificar necesidades o de planificar estudios? ¿No había un diplomático de carrera?
Como director, Luján generó resistencias por reiterados errores, tanto en la preparación de cursos como en el trato con el personal y aun en la simple pero delicada tarea de comunicar con certeza el resultado de los concursos de ascensos que son de su responsabilidad directa.
Hubo fallas graves: se anunció que determinados funcionarios habían obtenido los puntajes para ascender. Luego tuvo que dar marcha atrás cuando los perjudicados constataron errores en los cómputos. Bien sabe el ministro de eso porque ha concursado con suerte variada.
Esos desajustes generaron dudas sobre la transparencia de los concursos. Mucho tiempo he recorrido la Cancillería en busca de información y no recuerdo que desde 1975 —cuando se establecieron los concursos— se hayan dado en tan poco tiempo fallas tan garrafales.
Esto obligó a Almagro a sacarlo. Pero la exigencia política se mantenía y había que darle un cargo jerárquico: lo destinó a la Unidad de Análisis Estratégico para sustituir a Guillermo Valles, un diplomático de primera división.
El director del IASE debe asistir a reuniones internacionales debido a consultas entre los pares en el Mercosur, la Cumbre Iberoamericana o la Academia de Viena. De vez en cuando hay un viajecito. Para ello debe haber una resolución del Poder Ejecutivo y la tramitación debe hacerse con cierta anticipación.
Cuando Almagro y Conde firmaron las resoluciones e indujeron a Mujica a error —salvo que consintiera las falsificaciones—, Luján ya no era director del IASE y mucho menos embajador.
La semana pasada, al ser entrevistado por Emiliano Cotelo en “En Perspectiva”, el ministro se mostró nervioso ante su cúmulo de metidas de pata. Sobre lo de Luján argumentó, como si fuera una pavada, que se equivocó porque firma “miles” de resoluciones y calificó la denuncia como una “bajeza”.
Tan grave como las resoluciones es que, en una especie de coautoría, Luján haya aceptado a sabiendas las falsedades. Aunque de repente le sucedió lo mismo que al ministro: lee “miles” de documentos y no se dio cuenta de que no era director del ISAE ni tampoco embajador.
Crucemos los dedos para que entre las “miles” de resoluciones Almagro no se equivoque y le haga firmar a Mujica alguna declaración de guerra o la anexión de Uruguay como provincia de Argentina.
Aunque de esto último no estamos tan lejos.