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    El empleo registró “cambios profundos”, pero aumentó menos que la productividad

    Según estudio de OPP sobre los últimos 30 años

    El hecho de que la economía crezca sin que lo haga el empleo, como sucede en la actualidad en Uruguay, también encuentra asidero en una mirada histórica. Cada vez más la expansión del Producto Bruto Interno se basa en el aumento de la productividad laboral y menos en el incremento de la ocupación.

    La explicación tiene que ver con los “cambios profundos” que en los últimos 30 años tuvo la estructura del empleo en el país, tanto desde el punto de vista de la producción como de las pautas de consumo. Así, los sectores que perdieron más puestos entre 1986 y 2016 fueron el textil y prendas de vestir, agropecuario (sin incluir la forestación) y la industria de la madera y el cuero. En contrapartida, aumentó la cantidad de ocupados en el comercio, enseñanza, salud, restaurantes y hoteles, transporte y almacenamiento, construcción, así como en los servicios a empresas (informática, profesionales y demás).

    Esto surge del capítulo sobre “tendencias históricas” que forma parte de un estudio de prospectiva de la demanda de trabajo —aún en elaboración— que la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) publicará en los próximos meses. 

    Productividad y empleo.

    Como en otros trabajos elaborados por su Dirección de Planificación, el análisis plantea que debido a la tendencia demográfica de envejecimiento de Uruguay en el futuro el crecimiento económico dependerá de la productividad laboral.

    A ese respecto, encuentra que mientras el empleo aumentó 1% en promedio anual entre 1986-1988 y 2014-2016, la productividad (medida con el valor agregado bruto real) lo hizo a tasas superiores.

    Y si bien el empleo total creció tanto en términos relativos como absolutos (pasó de 1.258.000 a 1.651.000 trabajadores), en los años más recientes hay sectores ganadores y perdedores de puestos laborales.

    Esto, según el análisis, refleja un “cambio de patrón de producción tradicional” —con un peso determinante de la actividad agrícola-ganadera, la industria, el servicio doméstico y la administración pública tradicional— a otro “más moderno y que atiende pautas de consumo más sofisticadas, donde todos los anteriores pierden relevancia y la ganan el comercio, los servicios a empresas (que incluye actividades como informática o servicios profesionales), la enseñanza, la salud y la construcción”. Como determinantes de ese cambio menciona: las prioridades del  gasto público, la expansión del consumo interno, el incremento del turismo, el surgimiento del nuevo “paradigma tecnoproductivo” —con las tecnologías de la información y comunicación como protagonistas— y el crecimiento de la actividad forestal.

    En una clasificación que atiende el dinamismo económico sectorial asociado al destino de su producción, el estudio señala que las actividades orientadas en mayor medida al mercado interno incrementaron su aporte al valor agregado bruto. También remarca su “enorme importancia” (75,2%) en términos de empleo. En esa categoría están los servicios públicos, cuya participación en el empleo creció, aunque de manera “moderada” (de 23,7% en 1997-1999 a 25,5% en 2014-2016) según la OPP.

    Las actividades exportadoras registraron un aumento de su productividad un poco mayor que el de la economía en su conjunto, agrega.

    Sexo, calificación y edad.

    El estudio analiza distintas características de los puestos laborales y de los trabajadores.

    En cuanto a la distribución geográfica de los empleos, el área Metropolitana perdió peso y la región Noreste a favor de Maldonado, por sus actividades exportadoras (y no solo turísticas).

    La participación de las mujeres en la población ocupada creció  de manera sostenida (45,8% en 2016), lo que explicó el aumento del empleo total.

    El nivel educativo aumentó de manera “relevante” en el período de análisis y existen diferencias significativas entre los distintos sectores: el más bajo (menos de ocho años de estudio) es entre los trabajadores del sector primario (con sus fases industriales de madera y carnes), la construcción y los hogares con servicio doméstico. Sin embargo, el estudio no encontró una correlación alta o clara con el nivel de productividad. Es que muchas actividades realizadas por personas de elevada calificación tienen “baja productividad aparente”, como el sector público. Lo contrario ocurre en algunos rubros exportadores.

    Por otro lado, hubo un “moderado envejecimiento” de la población empleada (de 39,9 años en 2005 a 40,3 en 2016 en promedio). Los trabajadores de las actividades exportadoras tienen un promedio algo más alto que aquellos ocupados en sectores orientados al mercado interno.