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    jueves 06 de junio de 2024

    El énfasis en la currícula “empantana” los cambios educativos, opina Ravela

    En cada período de gobierno Uruguay invierte una “enorme” cantidad de tiempo y energía en diseñar y debatir un nuevo marco curricular. Y en cada proceso de reforma participa un “gran número” de especialistas y docentes para elaborar documentos —guías e instructivos— para que educadores, estudiantes y familias comprendan la nueva terminología curricular, que incluye conceptos complejos para el público no especializado, como ciclos, perfiles de tramo, campos de formación, espacios curriculares, competencias, estándares, fases de aprendizaje, enfoques transversales, capacidades, desempeños, entre otros.

    Adecuar las planificaciones de clase a los nuevos requisitos implica todavía más tiempo y recursos en reuniones de discusión y consulta. Así es que cada reforma curricular requiere de “años” dedicados a la construcción de un nuevo aparato documental y terminológico.

    Ese análisis es parte de un posteo del especialista en evaluación de aprendizajes en el aula, Pedro Ravela, en su web Ideas para transformar las prácticas educativas, en el que sostiene que “muy poco” de todo lo que se proyecta en los documentos llega a tener “algún viso de realidad en las aulas” antes de ser reemplazado por el siguiente proceso de reforma. De esa manera, asegura que el país construye “una ingeniería curricular excesivamente compleja para la vida útil que tendrá”.

    En la publicación del pasado jueves 13, el ex director ejecutivo del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (Ineed), que además es investigador, docente y asesor en varios países de la región, propone invertir el enfoque de la estrategia oficial. “En lugar de seguir desarrollando debates interminables en torno al currículo y la terminología curricular, concentremos durante cinco años la atención, el tiempo y el dinero en desarrollar nuevas propuestas pedagógicas y en generar comunidades de aprendizaje e intercambio de experiencias y proyectos”, escribió.

    Para esto último no es necesario modificar las grillas curriculares, ni los nombres de las materias ni los programas de estudio, argumentó Ravela, que durante más de 10 años se desempeñó en la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) y fue coordinador del estudio del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA, por su sigla en inglés).

    ¿Reformar el currículo o mejorar el acompañamiento pedagógico?, planteó Ravela desde el título de su posteo, aludiendo a la reforma curricular que comenzará a ser implementada en 2023.

    En la historia reciente —enumeró— hubo reformas curriculares en Educación Secundaria en 1986, 1993, 1995, 2003 y 2006 y en 2008 en Primaria. En 2017 se elaboró un nuevo Marco Curricular de Referencia Nacional para toda la educación, Inicial, Primaria y Media, junto con perfiles de egreso para los principales ciclos educativos. En 2019 se comenzaron a publicar Progresiones de Aprendizaje para ese marco curricular. En 2020 cambió el gobierno. En 2022, se está finalizando la elaboración de un nuevo Marco Curricular Integral, un nuevo plan de estudios y un nuevo documento de Progresiones de Aprendizaje.

    “No deja de sorprenderme que sigamos creyendo que una reforma curricular es el camino principal para transformar la educación”, afirmó Ravela, para quien “la preocupación por tener un diseño curricular acabado, completo y consistente empantana los procesos de cambio y conduce a discusiones de ortodoxia cuasi religiosa en torno a la terminología curricular”. Por estos motivos, el experto sostuvo que “el diseño curricular debería seguir a las prácticas y no a la inversa”.

    Información Nacional
    2022-10-26T23:10:00