En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Río de Janeiro. (Gerardo Lissardy, corresponsal para América Latina). La escena es digna de Breaking Bad: una estación de servicio en Brasilia con minimercado, cafetería, pastelería y casa de cambio es allanada por la Policía, que investiga un esquema de desvío de dinero y sobornos de funcionarios públicos. El dueño del lugar es detenido, sospechoso de integrar la organización y dirigir remesas clandestinas de efectivo al extranjero. A diferencia de la aclamada serie estadounidense, donde un profesor de química compra un lavadero de autos para disimular sus ganancias de la venta de droga sintética que él mismo produce, en la estación brasileña nunca se limpiaron vehículos. Pero los investigadores deciden darle a este operativo del 17 de marzo un nombre que evoca aquella ficción televisiva: “Lava Jato”, que en portugués significa Lavacoches.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Hoy ese término ha pasado a ser sinónimo de lo que el procurador general de Brasil, Rodrigo Janot, ha definido como “el mayor escándalo de corrupción” en la historia del país. Y quizá no exagere: el caso golpea directamente a la principal empresa brasileña, la petrolera estatal Petrobras; tiene tras las rejas a ejecutivos de gigantescas compañías constructoras locales que operan en toda la región, acusados de pagar sobornos para obtener contratos millonarios con Petrobras; salpica al gobernante Partido de los Trabajadores (PT), a grupos aliados y a políticos poderosos, y podría complicar sobremanera el segundo mandato de la presidenta Dilma Rousseff, que se inaugura este jueves.
Aunque todavía es demasiado pronto para anticipar cómo terminará esta historia, resulta ya evidente que en Brasil se abrió una caja de Pandora que roza los principales nervios políticos y económicos del país. “No se saben hasta ahora todas las consecuencias y las implicaciones, las personas involucradas o si eventualmente este escándalo puede empujar otro, involucrando a más empresas o bancos públicos. Porque las mismas constructoras que prestan servicios a Petrobras están detrás de una serie de grandes proyectos en el país. Y si ellas funcionaban en ese esquema con Petrobras, el riesgo de que tengan un comportamiento semejante con otros proyectos con el gobierno es muy alto”, dijo Cristiano Noronha, analista político de la consultora Arko Advice, con sede en Brasilia, a Búsqueda.
“Los de más arriba”
Hubo dos factores clave para que aquel operativo policial que comenzó en una estación de servicio como muchas otras en Brasilia se transformara en lo que es actualmente. Uno fue el azar. El otro, Sérgio Moro, el juez federal que conduce el caso con un profesionalismo y rigor que ha llevado a muchos incrédulos a frotarse los ojos.
Desde su sede en Curitiba, el magistrado de 42 años fue sumando evidencia y testigos a la causa, con la habilidad de un ajedrecista. Experto en lavado de dinero, con formación en Brasil y capacitación en Estados Unidos, Moro se ha valido de la herramienta de “delación premiada” para obtener testimonios reveladores de acusados, que acordaron con la fiscalía cooperar a cambio de tener sus penas reducidas.
Tal estrategia ha sido criticada por abogados defensores, que sugieren que apunta a arrancar confesiones de sus clientes. Pero Moro sostuvo el mes pasado por escrito, que ese instrumento de prueba es “válido y eficaz” para delitos complejos, y citó una elocuente frase del juez estadounidense Stephen S. Trott: “Para capturar a los jefes y arruinar sus organizaciones, es necesario hacer que los subordinados se vuelvan en contra de los de más arriba”.
Uno de los delatores con que ha contado el juez es Alberto Youssef, un cambista vinculado al dueño de la estación de servicio de Brasilia que resultó ser una pieza esencial del esquema de lavado de dinero, moviendo clandestinamente millones y millones de dólares. Otro delator clave es Paulo Roberto Costa, exdirector del área de Abastecimiento de Petrobras. El propio juez ha admitido que descubrió “incidentalmente” el vínculo de Youssef con Costa, lo que marcó un giro inesperado en las investigaciones.
Ambos revelaron que diversos contratos de obras que asignaba Petrobras tenían sobreprecios de hasta 6%, que se destinaban a pagar sobornos y financiar ilegalmente al PT y a dos partidos aliados. También denunciaron que las grandes empresas constructoras brasileñas que participaban del esquema actuaban como un cártel para repartirse las licitaciones sin una verdadera competencia entre ellas. Los investigadores calculan que a lo largo de una década se desviaron así cerca de U$S 4.000 millones. Esa suma sería seis veces superior a los desvíos constatados en el “Mensalão”, el escándalo de compra de votos en el Congreso que acabó con condenas a prisión de ex colaboradores estrechos del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva y autoridades del PT.
Hasta ahora el juez Moro ha acogido las acusaciones contra 36 personas en esta fase de la investigación de ilícitos en Petrobras. La lista va desde ex directores de la petrolera hasta presidentes y directivos de seis constructoras: Mendes Júnior, Camargo Corrêa, Engevix, OAS, UTC y Galvão Engenheria. Algunas de esas empresas niegan haber participado en los hechos denunciados y manifestaron disposición a colaborar con las autoridades. Otra de las grandes constructoras brasileñas, la firma Odebrecht, fue objeto de indagatorias pero hasta ahora ninguna denuncia ha sido presentada formalmente en su contra.
Además, el delator Costa mencionó en su testimonio los nombres de 28 políticos que supuestamente se beneficiaron de la corrupción en Petrobras. Según el diario “O Estado de São Paulo”, la lista incluye a un ministro, tres ex ministros, dos gobernadores estatales y los presidentes del Senado y la Cámara de Diputados. Todos ellos han rechazado las denuncias y hasta ahora tampoco han sido acusados formalmente. Quienes conocen a Moro aseguran que su estrategia es dejar esto para el final, porque cuando los políticos sean formalmente acusados, el caso pasaría al Supremo Tribunal Federal, que tiene competencia para juzgarlos.
Es probable que antes de eso la investigación se extienda a otras áreas del Estado brasileño. La Policía descubrió que Youssef tenía una lista de 747 obras públicas dentro de Brasil y en países de la región, incluido Uruguay, por un valor total estimado de U$S 4.300 millones. El juez Moro advirtió que esto sugiere que “el esquema criminal de fraude a licitación y sobreprecio y soborno va mucho más allá” de Petrobras. Los investigadores también incautaron a un directivo preso de la constructora OAS, documentos sobre varios proyectos de infraestructura en la región, como un puerto de aguas profundas en Uruguay por un valor estimado de U$S 1.200 millones, y aparentes donaciones electorales en Centroamérica.
Todo esto ha golpeado directamente a Petrobras, que además sufre con el derrumbe del precio internacional del crudo y la depreciación del real frente al dólar (80% de su deuda está nominada en la moneda estadounidense). La petrolera estatal se encuentra paralizada por el escándalo: el balance de sus resultados del tercer trimestre del año sigue sin ser firmado por una auditoría internacional, lo que complica su capacidad para captar capital. El valor de mercado de la empresa cayó más de 40% en 2014. Ahora sus autoridades resolvieron suspender de forma cautelar nuevos contratos con 23 empresas involucradas en la investigación judicial, incluidas las grandes constructoras, lo que podría complicar sus planes de desarrollo para explotar los enormes yacimientos de crudo descubiertos en aguas profundas brasileñas.
Por si fuera poco, la deuda que mantienen Petrobras y las constructoras con bancos privados y estatales brasileños asciende a unos U$S 49.000 millones, según un estudio oficial citado por el diario “Folha de São Paulo”. El temor en el gobierno es que si las empresas indagadas son impedidas de trabajar con el sector público, las consecuencias afecten al sistema financiero y a toda la economía del país.
Rousseff reiteró que apoya las investigaciones y el mes pasado aseguró que este caso puede cambiar a Brasil “para siempre”, acabando con la impunidad de los corruptos. Pero sus opositores recuerdan que ella misma encabezó el consejo de administración de Petrobras entre 2003 y 2010, cuando según las denuncias, ocurrían los sobornos y desvíos de dinero, y parecen resueltos a explotar el tema. Además, como recuerda Noronha, si comienzan a surgir pedidos de casación de mandatos de legisladores involucrados en el escándalo, la propia agenda del gobierno en el Congreso se vería amenazada. “Este asunto va a seguir muy fuerte en la agenda política y criminal de 2015”, advirtió el analista.