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    El espíritu de la naturaleza

    “Pablo Atchugarry: viaje a través de la materia”

    El artista recibe a la gente en la puerta de la enorme sala de su fundación. Afuera, bajo los árboles que amortiguan el intenso calor del verano, una mesa con mantel blanco y varios paquetes de refresco anuncian el brindis que sigue a toda actividad artística inaugural. Al poco rato, de tardecita, la música de una guitarra envuelve la enorme sala de exposiciones. Y la voz del uruguayo Pablo Atchugarry (1954) parece encontrarse con sus obras, que esperan por la cercanía del público y por sus comentarios. El escultor está en una de las alas y habla para ese pequeño grupo de visitantes. Es un evidente y sentido homenaje a una mujer. Atchugarry —de quien el sello Electa acaba de editar el primer tomo de un monumental e histórico catálogo razonado en italiano que contiene toda su obra hasta la fecha— está emocionado, habla del valor de la persona y de la importancia de recordarla pensando hacia adelante, en un acto de creación. Más tarde, en ese mismo lugar y en todo el espacio, quedó oficialmente inaugurada la exposición “Pablo Atchugarry: viaje a través de la materia”, una fundamental y determinante muestra de piezas de diferentes épocas y procedencia pero, sobre todo, de diferentes materiales.

    El contexto hace imposible hablar de una obra sin mencionar estos detalles. Porque el arte y esa sensación de enorme espiritualidad que ofrece la escultura de Atchugarry parece esparcirse por su fundación, un gran predio natural en el que, mientras cae el sol, un hermoso lago y un cuidado anfiteatro son salpicados por esculturas formidables de grandes artistas nacionales y extranjeros. Es el parque de esculturas más importante de América Latina. En estos días es común encontrar al artista detrás de los detalles de cada actividad, un calendario que incluye recitales al aire libre, teatro, exposiciones y charlas.

    Pero esta ocasión es muy especial. Atchugarry decidió mostrar su obra, un proceso que marca su vida desde los años ochenta, cuando a fines de los setenta comenzó a trabajar el mármol y se instaló en Lecco, hasta la actualidad, con esta muestra que marca la esencia de un trabajo finísimo, ejecutado a la perfección, con un estilo que ya convirtió el mármol a su imagen y semejanza. En general, su trabajo apunta al cielo. Pequeñas o grandes, sus esculturas se elevan con la gracia y la liviandad de una piedra trabajada con sutileza extrema. Sus famosos cortes y tallados hacen que el mármol parezca una hoja de papel delicada, doblada en pliegues que transmiten la imagen de una materia nueva, distinta a la original. Si uno no la toca, es posible confundir la textura, el peso, la solidez, con un material que expresa toda la sutileza de la vida, del propio ser humano. Pero es mármol duro, difícil, complejo y milenario. Un material cuyos bloques enormes parecen monumentos imposibles, gigantes dormidos que no pueden eludir su arraigo a la tierra. Pero son parte esencial de la tierra. Y ese es el secreto más importante de este artista, porque Atchugarry hace volar aquellos bloques.

    Como todos los grandes escultores, extrae del origen dormido la novedad. Eleva la solidez y la dureza de una materia tan áspera como fina, que guarda en la profundidad su propio ser, tan distinta a la de sus comienzos. Bastaría con algunas de las obras que regularmente expone en otra sala de la fundación o la escultura que marca su presencia en el espacio público uruguayo para entender que Atchugarry es, además, un artista popular, de inmediata identificación con el público. Y ese es un logro aún mayor, un plus importantísimo cuando se obtiene sin forzar nada, a puro arte.

    Pero que el artista haya juntado esta veintena de obras genera la sensación de encuentro con algo complicado, difícil de captar. Porque, por otro lado, la obra del creador que se luce en Christie’s no es necesariamente accesible. Es, sí, de una poética complicada de describir, aunque conmovedora y delicadísima. En esta muestra hay piezas formidables, como sus esculturas en mármol rosado de Portugal. Hay otros materiales (bronce, chapa galvanizada, madera) y algunos dibujos en acrílico sobre papel.

    Pero también hay un trabajo que seduce completamente al visitante. Es un tronco de olivo sutil, despegado de la tierra y convertido en un objeto casi ritual. Atchugarry parece haberlo moldeado con las manos, sin instrumentos, apenas acariciado. Pese a ello, las líneas denuncian la sutileza de un trabajo demoledor, tremendamente personal y logrado. Textura, forma y colores: la impresión es cautivante. Una vez más, sorprenden la belleza y el desprendimiento de la naturaleza de la mano de un artista que transita por los límites de la creación.

    “Pablo Atchugarry: viaje a través de la materia”. Fundación Pablo Atchugarry. Ruta 104, km. 4,5. Manantiales. Punta del Este. Hasta el 31 de enero. Todos los días de 11 a 21 horas. Teléfono: 42775563.