En alusión a las posibles consecuencias que pueda tener ese caso en la colocación de carne uruguaya en los mercados, el director del Frigorífico Casa Blanca, Eugenio Schneider, dijo a Campo que “indudablemente” eso genera un riesgo para el negocio cárnico.
El empresario afirmó que no usa el sistema feedlot porque “filosóficamente” cree que “no es para la situación de Uruguay”. Además, dijo que no le ve futuro, porque “durará lo que dure” el cupo de exportación de carne 481, otorgado por la Unión Europea.
El feedlot “es el camino para que la imagen de Uruguay Natural, como muestra el logo del Instituto Nacional de Carnes, con el pastito transformado en un código de barras, se vuelva cada vez más una mentira”, cuestionó.
El titular del frigorífico Casablanca, ubicado en Paysandú, contó que Estados Unidos trasladó la mayoría de sus feedlots al desierto, donde casi no llueve, porque en esas condiciones los animales “no pasan tan mal”.
“No es de buen ganadero tener siempre la misma cantidad de animales en un espacio limitado, cualesquiera sean las condiciones”, opinó. Y consideró que “si el pasto no alcanza para todos los animales entonces es preciso darles otro alimento”.
Polémico y frontal, como es conocido entre los ganaderos y empresarios de los frigoríficos, Schneider recordó que la trazabilidad “fue una vía de escape” tras la epidemia de fiebre aftosa, que afectó el rodeo local en 2001. “Pero no hay que olvidarse que el objetivo original fue el de evitar la evasión” fiscal, enfatizó, en referencia a la instalación del sistema electrónico de información de la industria frigorífica, conocido como cajas negras.
“Estamos exagerando con la importancia de la trazabilidad, en la medida en que siempre estamos poniéndola por delante de todo”, dijo el empresario, y comentó que en el marco del Congreso Mundial de la Carne los participantes fueron invitados a probar un plato de carne trazada. Eso permitió informar al comensal el origen de ese producto, de qué establecimiento proviene el animal y quién es el productor responsable, entre otros datos.
Para Schneider, “el día que haya un fraude a ese sistema —que lo va a haber, si ocurrió en Ancap por qué no va a pasar en la ganadería o en los frigoríficos— todo lo que parecía bueno se volverá malo”.
El gran enemigo
Otro de los temas analizados en el Congreso Mundial de la Carne fue el bienestar animal y el impacto de la ganadería en la biodiversidad y en el medioambiente.
Consultado sobre estos asuntos, Schneider opinó que “en general, en los temas ambientales el gran enemigo no está en el tema en sí, sino en la ignorancia del grupo que se manifiesta”. “Es un tema rico y sabroso”, dijo, y acotó que al recorrer Montevideo “uno se da cuenta que el problema ambiental está en cada cuadra, en la contaminación de los plásticos”.
“La carne no tiene más amenazas que cualquier otro producto”, señaló.
A modo de ejemplo, el empresario comentó que en Alemania vio cuando un grupo de manifestantes ambientalistas abrió las puertas de un predio de producción de cerdos para que pudieran salir los animales.
La consigna era que “el cerdo no tiene una vida digna”, porque “come por un tubo, ya ni toma agua porque se le suministra el líquido incluido” en el alimento, contó.
Esos asuntos se empiezan a tratar en los medios de prensa y en las redes sociales “hasta que se desencadena una especie de furia colectiva”, afirmó.
Otro caso que generó preocupación en el sector fue planteado en un artículo publicado en un diario en Alemania, que informaba sobre la práctica de sacarles sangre a las yeguas preñadas para extraer una hormona y fabricar un producto que hace más prolíficos a los cerdos, relató.
La publicación en cuestión se basó en casos registrados en Uruguay y en Argentina, donde preñaban varias veces a las yeguas para sacar ese producto. Es que, según explicó Schneider, esas hormonas “valen una fortuna”.
El tema lo conversó con el ministro de Ganadería, Tabaré Aguerre, para advertirle que podría traer consecuencias negativas a Uruguay.
Ese episodio sucedió hace menos de un año y fue aclarado con los alemanes, a quienes el MGAP informó sobre las medidas que se aplican para controlar esos temas, aseguró.
El empresario dejó en claro que a su juicio “está bien que haya esa mentalidad de protección ambiental, porque en caso contrario terminaríamos con todo, con los bosques, con el agua”.
En Uruguay operan unos 139 corrales de engorde de ganado con capacidad para unas 207.800 cabezas, según registros de la División de Sanidad Animal del Ministerio de Ganadería.
Entre los propietarios de esos feedlots figuran el ministro de Ganadería, Tabaré Aguerre, y empresarios agrícolas que incursionaron en ese negocio, entre otros productores y dueños de frigoríficos.
Fuera de la gremial
El frigorífico Casablanca no está integrado a ninguna gremial del sector, ya que en 2015 fue expulsado de la Cámara de la Industria Frigorífica (CIF) por declaraciones que realizó en un medio de prensa y que fueron cuestionadas por los demás integrantes.
Schneider comentó que estuvo 20 años en esa asociación pero que para él “era bastante incómodo tener que salir a decir algo porque a un directivo de la gremial se le ocurría”.
“Al no retractarme me eliminaron de la nómina” de integrantes de esa gremial, “y por unanimidad, así que nadie puede decir: no, yo voté en contra”, dijo.
Valoró que la CIF “era una fuente de información ordenada”, pero que “en los hechos, es mejor no integrarla, porque cuando uno la integra tiene que bailar al ritmo de ciertos tambores”.
“No he querido volver a integrarla porque me siento mucho más apreciado por los productores, que confían más en mí ahora que cuando estaba teóricamente confabulando contra ellos”, señaló.