(Texas, EE.UU) Amarillo, en Texas, se ubica en el centro de uno de los complejos ganaderos más grandes del mundo. En un radio de unos 380 kilómetros alrededor de esta ciudad se concentra la mayor densidad de ganado bovino de Estados Unidos, con más de 6 millones de cabezas en cerca de 100 corrales, que equivalen a entre un cuarto y un tercio de la faena.
En esa región está una de las mayores capacidades de procesamiento frigorífico del país, con plantas de gran escala, universidades, centros de investigación y empresas ligadas a la genética, la sanidad y la nutrición animal.
Ese entramado productivo fue uno de los focos de la gira técnica organizada por Nutex Uruguay y Teknal Argentina. El recorrido permitió observar cómo funcionan esos sistemas ganaderos, de los más intensivos y desarrollados del mundo, pero también confirmó que la industria estadounidense atraviesa una etapa especialmente desafiante.
El agua, factor sensible
La presión sobre la oferta de ganado se da en una región donde el agua se transformó en uno de los factores más sensibles para el futuro productivo. La dependencia del acuífero Ogallala, que viene bajando sus niveles, ha obligado a ajustar planteos agrícolas y ganaderos.
En muchos casos el maíz ha perdido superficie frente al sorgo, un cultivo que demanda aproximadamente la mitad de agua, y que además cumple un papel importante en la elaboración de silaje para tambos.
La relación entre agricultura, lechería y carne es muy estrecha en esta parte de Texas, y esa integración ayuda a entender varios de los cambios del negocio.
Feedlots y el avance del beef on dairy
USA Feedyard es un establecimiento con capacidad para 75.000 cabezas, y una porción importante responde a programas beef on dairy (carne en lechería), es decir, cruzamientos entre vacas lecheras Holando y toros de razas carniceras, sobre todo, Angus.
En estos sistemas los vacunos permanecen unos 300 días en el corral, y reciben un esquema de implantes hormonales que incluye una primera aplicación a los 100 días y una segunda entre 90 y 100 días después.
Los animales luego se venden a frigoríficos a través de distintos esquemas, que pueden ir desde la venta en pie hasta grillas de pago por calidad de carcasa.
El propietario de ese corral, Jeff Purvines, explicó que en este momento del ciclo la mayor parte del poder de negociación se desplazó hacia el productor. Mientras los criadores y algunos ganaderos atraviesan uno de los mejores momentos del negocio, los frigoríficos se mueven en un escenario mucho más exigente por la escasez de hacienda.
Un negocio con ganancias desiguales
Se estima que alrededor del 70% del resultado del negocio está en la cría, 20% en la recría y apenas 10% en la fase final, donde se ubican el corral y la industria.
Incluso en el caso del sistema beef on dairy se registraron retornos muy elevados en lotes puntuales, con resultados cercanos a US$ 1.000 por cabeza impulsados por la combinación de precios históricamente altos para el ganado terminado, escasez de oferta y una demanda firme de carne vacuna. A la vez, en los sistemas de engorde, donde pueden participar inversores, se han logrado retornos cercanos al 100% sobre el capital invertido.
Ciclos ganaderos más largos y menos previsibles
La explicación de fondo la aportó el asesor privado e investigador Pablo Loza, quien señaló a Agro de Búsqueda que el rodeo bovino de Estados Unidos se ubica hoy en torno a 87 millones de cabezas, cuando en otros momentos se manejaban niveles significativamente más altos, de entre 100 millones y 120 millones.
Loza explicó que durante mucho tiempo los ciclos ganaderos en Estados Unidos se movían dentro de una lógica con relativa previsibilidad, con unos 10 años de duració repartidos entre cinco años de liquidación y cinco años de retención.
Sin embargo, las condiciones actuales parecen haber alterado esa dinámica. Hoy ya se habla de ciclos de entre 12 y 14 años, lo que da la pauta de la profundidad de la liquidación reciente y de la lentitud con que puede darse la recomposición del rodeo.
Más kilos para compensar menos cabezas
Frente a la menor disponibilidad de animales, la respuesta del sistema fue sumar más kilos por cabeza. Se alargaron los períodos de recría y también los de terminación a corral. Hace 15 años, recordó Loza, los animales se terminaban con 550 o 600 kilos, mientras que hoy es habitual ver novillos de 700 o incluso 750 kilos. Esa estrategia permitió compensar de forma parcial la caída en el número de cabezas.
La demanda de carne vacuna sigue siendo muy firme, incluso cuando su precio en góndola está muy por encima del de otras proteínas. Loza remarcó que el consumidor sigue dispuesto a pagar más por carne vacuna, aun cuando las carnes de pollo y cerdo son considerablemente más baratas.
El costo de producir una libra de carne se ubica entre US$ 1 y US$ 1,20, mientras que el precio de venta ronda los US$ 3 por libra. Al mismo tiempo, el novillo terminado se mueve en niveles históricamente elevados, con valores en torno a US$ 3,5 por libra, equivalentes a alrededor de US$ 8 por kilo.
Reflejo en Uruguay
Toda esta situación explica, en gran parte, el precio que recibe Uruguay por la tonelada de carne de exportación. Hasta el 14 de marzo el precio promedio de la tonelada de carne bovina de exportación era US$ 5.489, 15,6% superior al de igual período del año anterior.
Al cierre de 2025, y en lo que va de este año, Estados Unidos representó casi 33% de la facturación de Uruguay en ventas de carne al exterior. En 2025 se concretaron negocios con el país norteamericano por un total de US$ 970.977, por lo que fue el principal cliente de la carne uruguaya y superó a China, según datos del Instituto Nacional de Carnes.
Investigación
El Laboratorio de Ciencia de la Carne de la Universidad West Texas A&M cumple un papel singular, ya que funciona como un verdadero frigorífico en miniatura al servicio de la formación, la investigación aplicada y la industria cárnica.
La instalación fue diseñada para que los estudiantes trabajen con herramientas, equipos y procedimientos idénticos a los que se usan en plantas comerciales, lo que permite una formación alineada con las exigencias reales del negocio.
Muchos de sus egresados terminan desarrollando su carrera profesional en frigoríficos, y el laboratorio está habilitado e inspeccionado por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, por lo que trabaja con los mismos estándares sanitarios que la industria.
Todo esto ocurre en un contexto donde, según se explicó durante la visita, los frigoríficos están perdiendo entre US$ 200 y US$ 300 por cabeza. Es la contracara de un sistema en el que el stock cayó a niveles históricamente bajos y el poder de negociación se desplazó hacia los productores.