• Cotizaciones
    viernes 10 de abril de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    El fugitivo

    El corpulento personaje, vestido con una campera deportiva roja, y ostentando un sólido bigote caribeño, se acercó a uno de los guardias de la puerta del Centro de Exposiciones y Conferencias de Viena. Venía rodeado de no menos de seis guardaespaldas tan corpulentos como él, pero claramente él llevaba la voz cantante.

    Encaró al guardia y le dijo: “¿Tú hablas español, chico?”.

    El guardia lo semblanteó de arriba abajo, con un razonable desconcierto, y le respondió como pudo: “Sí, una poquito de español la hablo, señor”.

    —Bueno, entonces déjame pasar, que io vengo a ver a aquel señor del pelo blanco que está dando la conferencia, fíjate que io soy el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ¿me conoces por la tele? Salgo todos los días, y mira, io tengo una necesidad muy grande de hablar con ese hombre bueno, ese hombre de paz y de armonía, en quien confío mucho, porque tenemos una vaina con el Mercosur aiá en Suramérica, mira, y él nos va a aiudar a arreglar esa vaina, ¿me entiendes? —le dijo de una parrafada al guardia, quien claramente no entendió un pomo de lo que el grandote de la campera roja le estaba diciendo.

    —Mira usted, señor, el señor que está dando la conferencia ser el presidente del Uruguay, es un médico oncologista, o de cáncer, como se diga, y todos aquí dentro ser médicos, y él además ser un presidente, y nosotros guardias tener orden de no dejar pasar a nadie que no ser registrado en congreso, tú esperas afuera y él saldrá, pero no dejarte entrar, tener órdenes…

    —Pero no seas tan pendeho, guardia —replicó el hombrón—, ¿no te estoy diciendo que io también soy presidente?, y tenemos que hablar por…

    Ahí el guardia cerró filas con otros cinco colegas igualmente uniformados y armados, que le cortaron el paso a Maduro, quien arremetió para ver si atropellando lograba pasar, a la vez que gritaban “¡Tabaré, mírame! ¡Estoy aquí, he venido a verte!”, pero Tabaré estaba lejos, sobre el podio, leyendo pausadamente su conferencia, y ni cuenta se dio del borbollón de la puerta, que se clausuró mientras el grupo de los camperas rojas se alejaba.

    No obstante, los oficiales de seguridad del congreso, una vez concluida la disertación, le informaron al Dr. Vázquez acerca del episodio, y le advirtieron que el inesperado visitante, y su pequeña aunque corpulenta  comitiva, lo estaban esperando junto a la puerta de entrada.

    El Dr. Vázquez se dio por enterado, pero aludiendo a exigencias de su agenda, pidió que le permitieran salir por una puerta lateral, donde lo recogió un vehículo oficial austríaco, dirigiéndose raudamente al hotel Hilton, donde estaba alojada la delegación uruguaya.

    Cuando Maduro se enteró de que Vázquez había hecho mutis por el foro (aunque sin saber que Vázquez estaba al tanto de su presencia), puso en práctica el Plan B, y el grupo partió, con buen olfato, rumbo al hotel, donde imaginó que allí sí lo encontraría.

    En la recepción del Hilton le dijeron que el Dr. Vázquez estaba descansando, y había pedido que no se le interrumpiera con llamadas o visitas.

    —¡Pero qué vaina, caraho! —replicó el inusual visitante—, ¡dile que quien está aquí esperándolo es Nicolás Maduro, y verás que baja de inmediato! —vociferó.

    Pero nada ni nadie puede conmover a un recepcionista austríaco que ha recibido órdenes de un huésped VIP, y más aún si se trata de un jefe de Estado.

    —Pues aquí me quedo hasta que baje, io tengo que verlo, porque… bueno, qué te voy a explicar por qué —replicó Maduro, y se fue a sentar junto con sus acompañantes en unos mullidos sillones del lobby.

    Por cierto que al Dr. Vázquez le informaron de manera discreta que tenía un visitante que lo esperaba en el lobby, razón por la cual el presidente uruguayo decidió cenar en la habitación, y anunciar que al día siguiente saldría por la puerta trasera rumbo al aeropuerto, para volar a París.

    Tras la nueva frustración, más triste que disgustado, Maduro marchó horas más tarde a su propio hotel, desde donde partió temprano hacia el aeropuerto de Schwechat, con la esperanza de encontrar a su amigo, con quien tenía que hablar por temas de crucial importancia.

    Pero se encontró con que el Dr. Vázquez y su delegación habían adelantado la partida en otro vuelo, y ya estaban rumbo a París cuando Maduro vociferó a la funcionaria de la aerolínea que “¡parece una pendehada hecha a propósito, caraho, si no fuera que io lo conozco bien y lo quiero tanto, que él me quiere mucho a mí también, y tengo que hablar urhente con él, y no me lo puedo encontrar, coño!”.

    Cuando Maduro llegó a la puerta de la Sala de Encuentros de la Casa de América Latina en París, donde Tabaré se reuniría con residentes uruguayos en Francia, daba por seguro que por fin lograría su objetivo.

    Pero nuevamente se frustró el encuentro, porque el Dr. Vázquez había pedido que le adelantaran el encuentro con sus compatriotas, porque tenía otros compromisos oficiales, y ya no quedaban en el lugar nada más que los funcionarios. Por cierto, varios de ellos eran venezolanos, y lo recibieron con las manos abiertas, le ofrecieron unas arepas con café tinto, y lo querían hacer quedar un rato más, pero él partió de apuro rumbo a la Sala Pleyel, donde lo recibiría a Vázquez el presidente Hollande (que es socialista, chico, qué vaina, ahí sí que nos dehan entrar, —les dijo a sus acompañantes), pero la cosa no fue tan sencilla.

    El impresionante despliegue de seguridad en torno al sitio de la Cumbre de los Gobiernos Abiertos frenó a la delegación venezolana, por más que viniera encabezada por su presidente.

    —Vous no estar acredités para esta rencontre —le dijo a Maduro el general del Ejército francés Charles de la Sureté Tressolide, quien se encontraba a cargo del dispositivo.

    Maduro lo vio pasar de pronto a Tabaré y le gritó de nuevo “¡aquí estoy, Tabaré, soy Maduro, mírame, io necesito hablar contigo, he venido nada más a verte y a hablar contigo pa que me aiudes con la vaina del Mercosur, caraho, Tabaré! ¿No me oies ni me ves, coño?”.

    Y efectivamente así fue. Tabaré ni lo vio ni lo oyó, prosiguió su marcha rodeado de muchas personas que parecieron ni darse cuenta de la presencia de aquel pequeño grupo y su vociferante líder.

    Se estima que la presidencia uruguaya estudiará en estos días la agenda oficial del Dr.Vázquez, a ver si el encuentro solicitado por Nicolás Maduro puede tener lugar este año, o el año que viene.