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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHablemos sobre la calidad de vida que tenemos, pero en términos futbolísticos y en clave comparativa, para que se entienda mejor. A partir de junio 2017 regresé a Alemania para culminar una investigación post-doc y para aprovechar la temporada de la Bundesliga del equipo de mi ciudad: el Freiburg Sport Club. La década que viví en la ciudad (entre 2003 y 2013) no pude seguir al equipo en todos sus partidos como locatario, y, menos aún, de visitante, como lo pude hacer esta vez. La condición de habitual me permitió ver cómo organizan los alemanes sus espectáculos deportivos y, mientras los disfrutaba, no podía dejar de comparar con nuestra realidad. Y eso que estoy hablando del Freiburg, un equipo menor en la primera división de Alemania. Sucede, sin embargo, que detrás del equipo hay una ciudad entera, lo que ya ab initio no permite la comparación con la realidad uruguaya, donde Montevideo reparte su población en más de una treintena de equipos; aunque serviría como parámetro para los departamentos del interior. Empecemos entonces por la edificación y estructura de los estadios. La capacidad de los estadios de los distintos equipos no es comparable con la de los de los equipos uruguayos profesionales, que podrían ser similares a la de los equipos regionales alemanes (como una divisional D), así como tampoco se puede comparar la calidad de las construcciones que luego del Mundial 2006 siguen la línea Arena. Dejando de lado el tema demográfico (los 80 millones contra 3), me pregunté muchas veces: ¿por qué razón esta diferencia abismal en la calidad de las construcciones, cuando muchos estadios alemanes están ubicados en predios municipales, al igual que sucede con la mayoría de los clubes uruguayos? Volviendo al caso de Freiburg, aun teniendo un estadio para 20.000 espectadores que sería la envidia en Uruguay, fue obligado por la Federación Alemana de Fútbol a construir uno nuevo para albergar mayor capacidad. El predio en el que está actualmente volverá a manos de la Intendencia de Freiburg, que le ha brindado otro espacio físico en el que ya se construye el nuevo recinto deportivo. ¿Por qué los clubes uruguayos no mejoran las infraestructuras, cuando históricamente las intendencias les han prolongado el uso de los predios en los que los estadios están ubicados? La razón de la no mejora de los estadios debe ser otra a que los predios no son propiedad de los clubes y otras también las razones por las cuales la AUF no exige ni obliga a un reacondicionamiento de los estadios en Uruguay que, dicho sea de paso, aspira a coorganizar el Mundial de 2030. ¿Acaso los dineros a recibir por la participación en el Mundial de Rusia no podrían ser utilizados para estas tareas, en lugar de solventar el viaje de Fredy Varela? ¿Acaso no merecemos los ciudadanos algo mejor cuando vamos al fútbol? ¿Acaso no merecen los jugadores mejores lugares de trabajo? ¿Debería el PIT-CNT manifestarse en el tema? Vayamos a otro aspecto que hace al producto fútbol. En Alemania los partidos son espectáculos que comienzan dos o tres horas antes con la transmisión de imágenes en pantallas gigantes dispuestas al menos en dos tribunas para poder ser apreciadas por todos los espectadores. Allí se transmiten goles de fechas pasadas, historia del club, canciones que identifican al club y son cantadas por los hinchas como un acto simbólico de reafirmación y pertenencia, un animador profesional aparece en directo desde el propio campo de juego comentando distintas circunstancias o eventos o realizando competencias al estilo de las que acontecen en el básquetbol de Uruguay (salvando las distancias). También se vende publicidad, porque es un producto de mercado (para el amateurismo y para pagar por jugar ya tenemos suficiente con la Liga Universitaria). En los estadios el sistema de audio es parte del todo, de modo que no lastima los oídos ni suena a lata, esto es, no obliga a los espectadores a taparse los oídos o pedir que por favor se utilice lo menos posible. Lo que importa es brindar un espectáculo antes de los partidos, porque se quiere no solo vender todas las localidades y publicidad, sino que la gente consuma todos los productos que allí se venden. Salvando todas las distancias ya mencionadas, ¿acaso no se puede brindar algo similar a un espectáculo profesional en Uruguay? ¿No se podría agregar al menos pantallas de TV en algunos estadios, para que las personas disfruten del momento previo a los partidos? Hablemos ahora de comportamiento. En Alemania no hay pulmones para separar a las hinchadas; por reglamento, el locatario tiene que brindar al menos el 10% de su estadio para la hinchada visitante. La Policía de la ciudad, en un exceso de prevención (pero efectividad total), generalmente acompaña el trayecto de la hinchada visitante desde algún punto de encuentro hasta el estadio, y no se queda afuera, sino que ingresa para continuar con las tareas de disuasión y prevención. Una vez dentro se puede beber alcohol, no solo litros inimaginables de cerveza sino también otras bebidas alcohólicas. Freiburg tiene uno de los récords de venta de cerveza por temporada y en todo lo que va desde 2017 no he presenciado un solo conflicto, dentro o fuera del estadio. ¿Podría venderse nuevamente cerveza en los estadios de Uruguay? ¿Por qué esto que describo incluso a mí me parece utópico para la realidad de Uruguay? ¿Podría pensarse algo similar, a nuestra escala, como una especie de meta social? Pues yo creo que el gran inconveniente que tenemos en Uruguay es que la sociedad uruguaya, los distintos sistemas y estamentos que la componen, no están acostumbrados a premiar ni valorar la excelencia y no es redituable en términos sociales y económicos: arriesgar, innovar, “invertir a corto plazo para ganar a largo plazo”, y otros ítems asociados al capitalismo. Los cambios de actitudes y la forma de ver el mundo tienen que ingresar primero en el ADN de una sociedad para que puedan tener éxito y no ser forzados, porque de lo contrario serán efímeros. ¿Qué tiene que pasar para que valoremos el esfuerzo individual o colectivo y la búsqueda de la excelencia? A veces pienso que desde la construcción del batllismo en adelante, el uruguayo se acostumbró a que solo el Estado puede construir obras de calidad y duraderas, pero de lo que el uruguayo no se ha dado cuenta es de que luego de la guerra de Corea la caja estatal ya no fue capaz de subvencionar tales construcciones, ni de siquiera asegurar un buen nivel de vida a sus miles de funcionarios públicos (olvidemos a los privados, que para el uruguayo estarán siempre bajo sospecha de tener en cualquier ámbito de la vida ánimo de lucro). Lo que ha ocurrido es que hemos ido aceptando, generación tras generación, que los éxitos son obra de la casualidad (Maracaná, nuestra perdición, aceptado por todos que si se jugara 10 veces perderíamos 9) y que adoptar una posición conservadora y chata (Juan Pueblo, doña María) es a la larga (no importa cuánto tiempo dure la espera) más redituable que arriesgar perderlo todo por “ambiciones personales” que no solo no serán reconocidas positivamente sino que, incluso, serán mal consideradas por el sistema social, laboral y cultural. Decía críticamente (creo interpretar) la letra de una murga poscompañera: “Para qué vas a arriesgar si la tuya está segura”, y daba en el clavo de la uruguayez al palo. Mientras la innovación no sea considerada positivamente, mientras que mejorar individualmente para aportar a la mejora de nuestra situación colectiva no se entienda como una necesidad, mientras que calidad de vida solo sea un concepto utilizado por la medicina, mientras que no se permita (sistémicamente) ganar al que arriesga y merece o es el mejor en su área (aunque no forme parte del sistema que ostenta el poder), mientras no busquemos la excelencia en lugar de ganar el premio al ciudadano promedio, mientras no entendamos que el éxito solo puede ser fruto de la planificación y el esfuerzo (no de la casualidad), pues, mientras no entendamos que el fútbol es profesional y un bien de mercado, seguiremos teniendo el fútbol que tenemos, en las condiciones en las que lo tenemos. Al fin y al cabo, nos lo merecemos, porque a pesar de creer que somos el país más laico de América Latina, seguimos religiosamente creyendo que las cosas son así y así seguirán siendo (por los siglos de los siglos), simplemente porque “es lo que hay, valor”.
Pablo Galain Palermo