Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNos quedamos sin ideología. Es la conclusión que saco al leer algunas páginas de la pasada edición de Búsqueda. Por un lado, la columna de Claudio Paolillo llama a los partidos tradicionales a unirse, a juntar votos bajo un mismo lema. Suena lógico, ¿pero por qué? Se sostiene que ya nadie vota por el “poncho y el sobretodo”. Nadie vota por su convicción de “batllista” o “wilsonista” o “herrerista”. Y creo que es verdad porque, al final, ¿qué quiere decir ser “batllista” en el 2014? Pero más importante, ¿cuál es la gran diferencia entre ser batllista o wilsonista y votar a Astori? ¿Acaso hay alguna? Habrá matices pero son los mismos que pueden coexistir dentro de un mismo partido político. El argumento de José Amorín en las internas era que él representaba “más batllismo” que su contrincante, como si fuera una religión o que su celular tiene más gigas. Nadie le entendió. Para empezar porque no sabemos a cuál batllismo se refiere. A mí me gusta el batllismo de Jorge Batlle, que no tiene mucho que ver con el de su padre. El batllismo de José Batlle y Ordóñez ya no tiene oposición. ¿Quién se opone hoy a las 8 horas, al voto femenino y a todos los avances a nivel social que trajo ese batllismo? Eso es un given, ya está logrado, puso al Uruguay a la cabeza de Latinoamérica en su época, es parte del patrimonio institucional y político de nuestra nación, ya es de todos, no de un partido. No puede usarse entonces en el 2014 como fundamento ideológico diferencial para votar al Partido Colorado. Es como las patentes de los fármacos cuando se liberan. Cualquiera puede usar la fórmula porque se sabe que está probada y da resultado.
Para los partidos tradicionales el asunto no es solamente juntar sus votos sino generar una nueva ideología, una nueva fórmula, que se adapte a estos tiempos y que suponga una innovación, un avance sobre lo ya construido sin renegar de lo que siempre ha caracterizado a este país: el respeto al Estado de Derecho.
Sigo leyendo Búsqueda y encuentro que los “Colorados disidentes” dicen que su partido está pasando por la “peor crisis de identidad a la que se haya visto enfrentado”, que “han perdido el rumbo” y despotrican contra una “militancia tenaz vacía de contenido”. Pero tampoco se la juegan por ningún candidato, no ofrecen ninguna solución más que votar en blanco. Parece débil su argumentación para rechazar la fórmula Lacalle Pou-Larrañaga. Aducen que no quieren “sacrificar sus convicciones”. Me resulta contradictorio. ¿Cuáles son esas convicciones? ¿No me acaban de decir que no tienen rumbo y que están en una crisis de identidad? ¿Y acaso las convicciones que les quedan son muy diferentes a las de la fórmula blanca?
Paso a las “Cartas al Director” y me encuentro con rechazos a la postura “poncio-pilatesca” que adoptaron los dirigentes del Partido Independiente. Otros que no tienen mucha convicción. Ellos no encuentran elementos diferenciales en las dos fórmulas que se postulan a la Presidencia que los lleven a pronunciarse por una u otra. Es que al final todo esto es una gran victoria para el Uruguay: hemos llegado a un estadio en el cual, gane el bloque que gane, al decir de Paolillo, “ambos aceptan pacíficamente los fundamentos básicos de la Constitución de raigambre republicana y liberal que rige en el país”. Parecería entonces que no tenemos necesidad de generar una ideología que refuerce los elementos básicos de un Estado de Derecho, sino que debemos ir hacia nuevas corrientes de pensamiento, cimentadas en la actual, para encontrar allí elementos de diferenciación de los partidos políticos.
Los partidos tradicionales necesitan una versión 2.0 de su ideología. La versión 1.0 sembró los fundamentos de la sociedad republicana y liberal en que vivimos. Las raíces de esa siembra fueron lo suficientemente fuertes para resistir y recuperarse de embates totalitarios provenientes tanto de la izquierda sesentista como de la derecha militarizada.
Además de una nueva versión de su ideología, necesitan liderazgo que la transmita y genere adhesiones. Ese liderazgo debe empezar por reconocer que la versión 1.0 está desactualizada. No hay una App Store donde comprar la nueva, hay que generarla en base al diálogo e ideas y no es solo juntar los votos bajo un mismo lema. Para lograr eso ambos partidos tienen la ventaja de hablar en el mismo lenguaje y escribir en el mismo código. Ese es su desafío para los próximos 5 años si quieren ejercer el gobierno.
Lord Ponsomby