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    El “giro a la izquierda” que reclamó el presidente a ministros es visto como una finta a la interna para amortiguar embate sindical

    El ex presidente argentino Juan Domingo Perón cargó con la chanza de haber puesto el señalero para la izquierda y doblado a la derecha. Sin llegar a ese extremo, algo parecido podría estar pasando con el segundo gobierno de Tabaré Vázquez.

    Una gestualidad política hacia las propias filas en medio de la preparación artillera de la batalla por el Presupuesto Quinquenal que marcará las grandes líneas de su gobierno. Así calificaron fuentes políticas y diplomáticas consutladas por Búsqueda a la sorpresiva afirmación del presidente Tabaré Vázquez a sus ministros acerca de la necesidad de más “izquierda”. 

    Durante la campaña electoral, Vázquez negó que durante el tercer gobierno del Frente Amplio se fuera a producir un “giro a la izquierda”.

    “El gobierno del Frente Amplio es un gobierno de un partido de centro-izquierda. Esa es la realidad. Yo no veo la posibilidad de un giro a la izquierda. Sí veo la posibilidad de ir avanzando en algunos temas en forma gradual, seria y responsable para no afectar equilibrios importantes como la economía”, dijo el entonces candidato en abril de 2014 en el programa “Código País” de Canal 12.

    La propia presencia de Vázquez como candidato, con el respaldo del equipo económico encabezado por Danilo Astori, fue un mensaje de moderación.

    A tres meses de haber comenzado el gobierno, la introducción del debate entre sus ministros reafirmando que el gobierno es “de izquierda” es leída por los especialistas con suspicacia y no como un cambio estratégico, sino apenas como una jugada táctica para mitigar los efectos de un desgaste prematuro de la imagen del Poder Ejecutivo en un año en el cual se juega mucho.

    Vázquez, luego de una introducción de estilo irónico en la que dijo que pensó en buscar la palabra “revolución” en Google, citó ante sus ministros el miércoles 17 un discurso del líder cubano Fidel Castro, quien en 2000, cuando su país comenzó a salir de la gran crisis que provocó la caída de la Unión Soviética, dijo que “revolución es sentido del momento histórico”.

    El momento histórico para Vázquez, explicaron a Búsqueda fuentes políticas, está marcado por una desaceleración de la economía y una crisis dentro del propio partido de gobierno, que durante años postergó un debate para mantener los delicados equilibrios internos y volver a ganar las elecciones.

    Con esos dos fuertes hándicaps pero con un buen panorama fiscal al menos por dos años, Vázquez se propone avanzar en educación, llegando al 6% del Producto Bruto Interno (PBI) al final del mandato, mejorar la infraestructura del país, en especial para disminuir el costo de los fletes de las exportaciones, con  una mejor inserción internacional e instalar el sistema de cuidados que permita comenzar con una democratización del acceso a los derechos.

    El mensaje de “izquierda” del presidente debería leerse como un “no se preocupen, a pesar de que tenemos que gastar menos por el cambio de viento de la economía, las metas de redistribución se mantendrán. Eso sí, será más difícil dado que los números dejarán de ser tan favorables”, explicó un integrante del gobierno.

    Desde Bobbio.

    Al provocar a sus ministros, Vázquez se introdujo en una discusión pendiente.

    La palabra clave es igualdad. El politólogo Adolfo Garcé dijo esta semana a Búsqueda que para medir cuándo una política es de izquierda la categoría igualdad es una herramienta útil.

    Garcé citó a su colega italiano Norberto Bobbio, quien en la década de 1990 reivindicó la vigencia de la izquierda-derecha, la primera con énfasis en la búsqueda de la igualdad y la segunda privilegiando la libertad.

    En 1995, poco después de que implosionó el mundo socialista, Bobbio publicó “Destra e siniestra” (Derecha e izquierda), un libro en el cual analiza lo que llama “razones y significados de una distinción política”.

    En esa obra, que para Garcé mantiene vigencia dos décadas después, Bobbio desarrolla la idea de que lejos de desaparecer, las categorías izquierda y derecha continuaban vigentes, pero con la particularidad de que no se puede hablar de una derecha y una izquierda sino de izquierdas y derechas.

    El efecto trompo.

    Eduardo Vaz, uno de los animadores de Redes Frenteamplistas, realizó su propio análisis sobre el “giro a la izquierda”.

    “No hace falta ser Euclides para darse cuenta de que dos giros consecutivos a la izquierda nos dejan mirando exactamente en sentido contrario al que arrancamos. Si lo llevamos a la situación límite, es decir, uno vive girando a la izquierda, entonces se genera el efecto ‘trompo’: uno gira sobre sí mismo hasta que el rozamiento lo detiene y cae (y, muy probablemente, mareado)”, opinó.

    Para Vaz, “cuanto más se repite y machaca con el izquierdismo (…) más hay que desconfiar. No de la gente que lo proclama, que es buena y bien intencionada, sino de las consecuencias que tanto giro y revolución provocan”.

    Este dirigente frenteamplista sin partido, cuyo movimiento reclamó a Vázquez la remoción del ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro, opina que “nuestro país necesita consolidar los cambios que empezó a procesar en 2005, manteniendo la brújula y zigzagueando todo lo necesario para no chocar contra los icebergs que abundan y hunden cualquier Titanic, si quiere llegar al puerto del desarrollo con equidad”.

    “No sobrevive el más inteligente ni el más fuerte sino el que mejor se adapta a los cambios y el mundo que lo circunda. Puede no sonar épico ni heroico, pero la gente quiere cosas tan tontas como comer todos los días, no pasar frío, educarse y trabajar dignamente, tener una familia a quien amar, vivir en libertad y democracia, en fin, esas pequeñeces que de tanto girar y revolucionar terminan por olvidarse”, señaló.

    Para el dirigente del Movimiento de Participación Popular (MPP) Daniel Caggiani “la principal seña de identidad del tercer gobierno del Frente Amplio, además de los avances en materia educativa y sistema nacional de cuidados, radica en que, en contextos de crisis internacional y situaciones de alerta a nivel regional, la principal variable de ajuste no va a ser los salarios de los trabajadores ni la reducción del gasto público social”. 

    Este dirigente del MPP defiende el papel jugado por el ex presidente José Mujica para situar “como nunca” a Uruguay en el mundo.

    Caggiani dijo a Búsqueda que no comparte la política exterior que lleva adelante el canciller Rodolfo Nin Novoa. En su opinión, “debería contemplar a la oposición y también al Frente Amplio”.

    Sin embargo, reivindica como “una seña de identidad de un gobierno que prioriza, en la medida de las posibilidades, el gasto público social y el mantenimiento del poder adquisitivo de los trabajadores como uno de los elementos primordiales de la política de distribución del ingreso en los últimos años”.

    Dos días antes de citar a Castro, al promover la discusión presupuestal entre sus ministros, Vázquez había hecho señales en el mismo sentido durante el acto de inauguración del congreso del Pit-Cnt.

    “Yo sé de dónde vengo. Supe vender diarios en los ómnibus, trabajar en una carpintería en La Teja, hacer changas en la construcción, trabajar en un almacén por mayor, estudiar y trabajar. Trabajé como practicante, como médico. Vendí diarios, entre otras actividades y me siento como presidente de la República un trabajador más perteneciente a la clase trabajadora. Sé de dónde vengo, y no me olvido” expresó.

    Para el politólogo Garcé, las señales que manda el presidente Vázquez tienen como objetivo principal amortiguar la embestida sindical.

    “Cuando enfatiza que hay que hacer un presupuesto ‘de izquierda y progresista’, cuando anuncia que el 6% para la educación no incluye el Sistema de Cuidados, como había dicho el director nacional de Educación, está claramente intentando calmar a los sindicatos, en general, y a los de la enseñanza, en particular. ¿Por qué está tan preocupado por intentar bajar los niveles de desconfianza de la coalición compuesta por las fracciones frenteamplistas más de izquierda y los sindicatos de la enseñanza?  (…) Es probable que se esté anticipando a un enfrentamiento fuerte en torno a la reforma educativa que anunció largamente durante la campaña electoral y de cuyo proceso de elaboración todavía no se tienen noticias”, escribió Garcé en su columna del miércoles 24 en “El Observador”.