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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáRecientemente se ha solicitado ante la Corte Electoral el reconocimiento de un nuevo partido que se denominará el Partido de la Gente. Surge espontáneamente al influjo de un nuevo líder político, el Sr. Edgardo Novick y a requerimiento de muchos ciudadanos que habiendo estado adheridos a algún partido, como es mi caso, o sin estarlo, han entendido que la oferta partidaria actual no es la adecuada para canalizar las diversas demandas insatisfechas que estos hacen (seguridad, educación, salud, vivienda, medioambiente, etc., etc. ) y que por su intermedio se podrá lograr la diversidad de cambios que deben realizarse para superar la crisis de valores actual, fundamentalmente los morales, y recuperar el bienestar que el país ha perdido y lo seguirá haciendo si no se producen urgentemente los mismos.
En mi opinión, el origen de este hecho político lo sintetizaría en la frase contenida en “Hamlet” (“The Tragedie of Hamlet, Prince of Denmark”), obra de William Shakespeare, que dice: “Algo huele a podrido en Dinamarca”. Todos los días nos sorprende un hecho nuevo que causa asombro e indignación a los ciudadanos y es la clara señal de que algo anda mal. Y si algo anda mal hay que cambiarlo y hay que hacerlo dentro del orden institucional vigente y este es el objetivo que pretende este nuevo partido.
En Uruguay se está cumpliendo, consecutivamente, un tercer gobierno del Frente Amplio. Por lo tanto, no hay excusas en cuanto al tiempo que se ha dispuesto para cumplir con sus conocidos contenidos programáticos. No hay duda de que hubo una voluntad mayoritaria de quienes participaron en cada una de las instancias electorales para que este fuera el resultado, aunque se percibe que esa realidad está comenzando a cambiar aceleradamente.
¿Qué es lo que percibe la gente? Que nos enfrentamos a una crisis de valores que está provocando una crisis social que era desconocida en nuestro país. La inseguridad, la marginalidad, la falta de aprecio a lo público, el desconocimiento de la autoridad, la mentira, la corrupción, entre otros, son algo corriente. En su lugar se han instalado los antivalores que provocan una erosión enorme a los sentimientos de honestidad y culpa. Y ya mucha gente se ha dado cuenta de que ello es resultado de las políticas implementadas por el Frente Amplio.
Desde el inicio de la actual gestión todos nos vimos sorprendidos por los anuncios del elenco ministerial que eligió el presidente. Dio toda la impresión de que no se quería apostar a nada nuevo y que el espacio a nuevos actores quedaba totalmente vedado. La gente dijo: siempre los mismos. Y la realidad muestra que es así. Y los pocos actores nuevos no juegan roles importantes o fueron alejados de sus compromisos cuando pretendieron dar un punto de vista diferente a las formas en que se estaban encaminando las cosas.
Al presidente, por más que quiere hacer ver que está en comunicación con la población a través de los desgastados Consejos de Ministros en el interior, todos lo ven como un hombre solo y poco comunicativo. Y cada vez que trata de comunicar algo lo hace con una pose de elevación y sabiduría que no condice con la forma de ser de los uruguayos.
Son permanentes las desinteligencias entre el Poder Ejecutivo y los legisladores del partido que él representa o con los integrantes de la Mesa Ejecutiva de este. Se percibe que para no generar fricciones en la interna partidaria se resuelven asuntos en ámbitos alejados del Parlamento, que luego son comunicados a los legisladores oficialistas que legítimamente fueron los elegidos para representar al pueblo. Ello, a mi entender, es una muy mala señal para el funcionamiento del sistema republicano.
El presidente exagera su participación personal en asuntos que debieran ser encaminados por su equipo de gobierno. Recientemente, en una reunión con los representantes del PIT-CNT acordó modificar las pautas que regían para la negociación salarial. ¿Por qué no autorizó a los ministros de Economía y Finanzas y de Trabajo y Seguridad Social que fueran ellos los protagonistas de este paso? Para mí es un claro ejemplo de desautorización que nada bien le hace al funcionamiento del Poder Ejecutivo. Y me pregunto ¿por qué no se dio participación a la otra parte de la relación laboral, los empleadores?, todo muy difícil de entender.
Sus expresiones sobre temas de seguridad y respaldo a la gestión del ministro Bonomi, no generan beneplácito entre todos los que a diario verificamos que la realidad es muy diferente a la que se nos pretende hacer ver. Cualquiera que haya sido víctima de un delito sabe que la Policía no cumple acabadamente con su rol. ¿Qué pasa con los objetos robados?, la enorme cantidad de autos que se roban a diario no aparecen y solo de vez en cuando se descubre un desguasadero. Y qué garantía nos dan cuando se reconoce que no entras a determinados barrios o que no puede con la delincuencia que se ha instalado dentro de los estadios de fútbol. ¿Qué pasó con los megaoperativos o los operativos de saturación que se difundieron tanto? Todo esto hace que la Policía no sea respetada como debiera ser, lo cual es muy malo.
La marginalidad ha seguido creciendo. Ya hay un importante número de personas que han sido excluidas del sistema y se “atrincheran” en espacios físicos con una calidad de vida inhumana. Todo se quiso arreglar con plata o dádivas del Estado. Resultado: barrios superpoblados (se quiere minimizar esta realidad con el término asentamientos), con alta natalidad, niveles de educación preocupantes, con problemas de salud y salubridad tremendos, pauperización en extremo, etc., etc. Yo me pregunto ¿y los derechos humanos que tanto preocuparon al Frente Amplio?
Del tema de la droga daría para escribir un libro. Nadie sabe qué va a pasar cuando se comience a comercializar la marihuana. Además, son muchos los operativos que se hacen contra los narcotraficantes y corruptos. Normalmente se les confiscan bienes de mucho valor. Nos preguntamos ¿qué se hace con ellos, qué destino tienen? En fin, aunque todas las respuestas puedan estar dadas por la normativa vigente, la gente quiere saber más y tal vez analizar si no será necesario cambiar el sistema legal vigente.
El actual conductor económico, el Cr. Danilo Astori, quien ha manejado la economía del país directa o indirectamente durante los gobiernos frenteamplistas, también entró en inconsistencias muy grandes y pretende, con sus cualidades de educador que nadie desconoce, y muchas veces mediante argumentaciones falaces, convencernos de la bondad de decisiones que se toman que ya no convencen a nadie. Nunca vi mayor agresión a los jubilados afectando derechos adquiridos. Siempre su respuesta preferida es “el que tiene más que pague más”. De lo que la gente se ha dado cuenta es de que “el que tiene más” se ha extendido irracionalmente a sectores de la sociedad que nunca imaginaron ser alcanzados.
De la salud y la educación no hace falta explayarse porque es algo de lo que todos los habitantes de nuestro país, directa o indirectamente, somos testigos, del estado de situación en que ellas se encuentran, y que no ha sido posible canalizar adecuadamente la acción gremial.
Y de la infraestructura qué se puede decir. Todos quienes utilizamos nuestras rutas somos testigos de la situación. Un caso increíble es el de la Ruta 30. Cuando recién asumió el presidente, en una visita a la zona, conminó al ministro de Transporte y Obras Públicas a que dijera el plazo en que se iba a dejar en condiciones y la respuesta optimista alegró a todos quienes vienen reclamando desde hace años su reparación. Resultado, la situación actual de esta ruta sigue igual. ¿No es una tomada de pelo? Mayor incógnita se presenta con la nueva inversión en una planta papelera, ¿qué va a poner el Estado?, ¿cómo se va a recuperar esa inversión?
Sobre las posiciones del gobierno ante lo que sucede en Venezuela y Brasil, son muy diferentes a lo que opina la mayoría de la gente. Hay mucha ideología que entrevera todo.
Y qué dice la gente del Parlamento. Creo que ya no hay dudas de que las mayorías parlamentarias suelen ser más perjudiciales que beneficiosas cuando solo se usan para imponer. Nos han vendido la idea de que sin ellas no es posible gobernar. La actual realidad argentina nos demuestra lo contrario. Las diversidades partidarias dan lugar a las discusiones, a los análisis, a la necesidad de acuerdos, etc. La actual mayoría parlamentaria nos ha restado republicanismo. Y como consecuencia nadie se interesa en su funcionamiento, ya que las resoluciones son conocidas de antemano porque muchas veces se resuelven fuera de ese ámbito y luego son convalidadas por el Parlamento. Realmente lamentable para la democracia.
Y qué dice la gente de las empresas públicas tradicionales y las empresas públicas de Derecho Privado que estas han sido creadas para actuar por fuera de las normativas que regulan al Estado y que están totalmente fuera de control. Siempre nos dijeron que ellas nos garantizan servicios esenciales y que son de todos nosotros. Poco se sabe de sus gestiones y lamentablemente cuando algo se sabe no es para alegrarnos. La gente debería tener más información sobre sus actuaciones. No alcanza con publicar un balance o rendir cuentas en el Parlamento. Hay que generar mecanismos que le permitan al común de la gente conocer en profundidad sobre su gestión. Tendrían que existir audiencias públicas que permitieran saber de estas realidades en términos entendibles para el común de la gente.
Y por último, algo de actualidad. Gran nerviosismo expresa el gobierno por el paro que están anunciando los propietarios de las estaciones de servicio, lo cual no condice con la posición que asumió cuando en pleno invierno la población tuvo que soportar el conflicto por el supergás.
Y podríamos seguir enumerando hechos o decisiones que indignan e irritan a la gente y provocan el reclamo de que haya mejor gestión, mayor cristalinidad y transparencia, tanto institucionales como de las personas que ocupan cargos de responsabilidad en el Estado. Se impone que haya una alternancia en el gobierno y que se llegue hasta el hueso en todos los temas. Y que si alguien metió la mano en la lata, se la cortemos. ¿Quién habrá dicho esto? Y que de una vez por todas, quienes trabajen para el Estado sean servidores públicos y no que se sirvan del Estado.
Fernando Mier Peluffo
CI 1.141.440-4