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    El “inmovilismo” fue superado y la productividad se duplicó en el agro

    Redactor Agro de Búsqueda

    “Pasan 40 o 50 años, en el mundo se desarrollan nuevas técnicas que implican un aumento vertical de la producción, tanto pecuaria como agrícola, y no obstante, Uruguay mantiene incambiados sus índices”. Con ese comentario, un artículo publicado en Búsqueda en su edición Nº 36 de junio de 1975 describía una situación de “inmovilismo” en la agropecuaria por esos años.

    Pero hoy ese tipo de conclusiones ya no tienen cabida cuando se analizan las transformaciones y la evolución que tuvo la productividad en el agro local, sobre todo en los años más recientes. En el paisaje del campo, la estancia ganadera y las explotaciones a cargo de núcleos familiares hace rato que no están solas, porque ganaron espacio las grandes compañías con una gestión y organización distintas, y aparecieron nuevos agricultores más tecnificados.

    Es así que en Uruguay operan actualmente fondos de inversión que en miles de hectáreas, propias o arrendadas, producen granos, carne, leche y otros productos, y que tienen entre sus accionistas, por ejemplo, al multimillonario húngaro-estadounidense George Soros y al presidente de la firma líder en alimentos Nestlé, Peter Brabeck-Letmathe.

    Soros es accionista en Adecoagro, que posee campos agrícolas en el país. Y Brabeck-Letmathe adquirió acciones de Union Agriculture Group atraído por las buenas perspectivas de Uruguay como país agropecuario, informaron a Búsqueda fuentes de esa empresa.

    También tienen inversiones en el agro uruguayo reconocidos hombres de negocios de Argentina —como Alejandro Bulgheroni (olivos, vinos, granos y lechería) y Pérez Companc (firma agrícola Garmet y frigorífico San Jacinto)— y de Brasil —Ernesto Correa (producción agrícola y ganadera) y Marcos Molina (grupo Marfrig, que posee cuatro frigoríficos en Uruguay), entre otros—.

    Cambios

    En los últimos 20 años el campo tuvo cambios significativos desde el punto de vista productivo, particularmente con el desarrollo importante de dos sectores. Por un lado el forestal, para la producción de pulpa de celulosa y madera, que creció a partir de estímulos otorgados por una ley de 1987: de casi 180.000 hectáreas plantadas en 1990 se pasó a un millón en la actualidad. Por otro, el cultivo de soja tuvo un incremento exponencial, al pasar de 12.000 hectáreas en 2000 a poco más del millón en los años recientes.

    “Ese fenómeno fue tal que el país registró en 2009 un cambio estructural simbólico: el valor bruto agrícola superó al pecuario, por primera vez en la historia del país”, destacó el docente de la Facultad de Agronomía Pedro Arbeletche, al presentar en agosto un estudio junto a otros investigadores en un foro de ciencias agrarias.

    Para ilustrar las transformaciones tomaron como caso algunas zonas de Tacuarembó. Ese departamento es el segundo en cantidad de área forestada del país, con 125.000 hectáreas de pinos y eucaliptos en 2010, a la vez que la superficie sembrada con soja en ese año era 1.250% mayor que en 2000. Pero también forma parte de la segunda zona arrocera, junto con Durazno y Rivera, y es el principal departamento en cantidad de bovinos y el tercero en ovinos.

    En la década de los ochenta apareció la rotación de cultivos de arroz con pradera, lo que generó una fuerte vinculación de ese rubro agrícola con la ganadería. Esa combinación productiva quedaría como una especie de marca registrada entre los arroceros tacuaremboenses.

    Tierra

    La diversificación de rubros, que en años recientes se dio por la valorización que tuvieron sobre todo los granos, derivó en una competencia por tierras.

    Por las características de los suelos, la forestación compite por los que son ocupados por la ganadería de cría y la producción de granos lo hace con la lechería, afirma Miguel Vasallo, profesor de Economía Agraria de la Facultad de Agronomía estatal, en un estudio publicado este año. Otra forma de competencia se estableció entre la agricultura y los sistemas agrícola-ganaderos, que constituyeron un esquema productivo altamente eficiente y sustentable en cuanto a la preservación de los recursos naturales, como el suelo, sostiene. Eso mediante la rotación y la cobertura de las capas del terreno, frente a la erosión que se registra por el golpe de las gotas de lluvia.

    Según Vasallo, “la ganadería especializada en el engorde de novillos fue desplazada de las áreas que ocupó la agricultura de secano”.

    Otros rubros no cedieron tierras ante la presión de la competencia de nuevas actividades, como es el caso del arroz y la citricultura, indica.

    Arbeletche advierte que “un país con una bajísima densidad poblacional durante medio siglo ha expulsado a una alta proporción de su población agraria”. Y agrega que el despoblamiento de las zonas rurales “generó bolsones de pobreza urbana en las últimas décadas”.

    “Hoy, los productores y los actores políticos se encuentran confrontados con la necesidad de elegir entre la voluntad de dinamizar el desarrollo económico del país a corto plazo, basada en gran parte en el agro, y preservar un potencial productivo y social que permita mantener este desarrollo en el tiempo, para no tener que gestionar un desierto rural”, señala en su trabajo.

    Nuevos jugadores

    En cuanto al funcionamiento de las nuevas empresas creadas en el agro en años recientes, el libro “Transformaciones en el agro uruguayo”, publicado en 2011 por el programa de Agronegocios de la Universidad Católica, incluye una descripción detallada de los operadores del sector y su funcionamiento.

    “Las empresas corporativas consisten básicamente en una organización en red con un nodo o centro, donde un agente o gerente es el responsable de la coordinación de los recursos orientados a la producción y comercialización”, explica. Añade que “una característica central es que las decisiones son tomadas en forma totalmente independiente de los dueños de la empresa, es decir que no están determinadas en grado alguno por condicionantes familiares u otras de carácter subjetivo”.

    El modelo organizacional en ese tipo de empresa lleva a la especialización de las tareas en distintos actores, a diferencia de la empresa tradicional familiar, con una organización vertical no especializada, comenta.

    Según ese trabajo, existen muchas variantes en la estructura de esas corporaciones, pero en el extremo se trata de empresas sin patrimonio, con pocos activos tanto en maquinaria como en infraestructura, que no poseen tierra en propiedad, sino en arrendamiento, con una escala operativa que les da un grado importante de autosuficiencia en el acceso a financiamiento y a insumos.

    En lo comercial utilizan instrumentos modernos para el manejo del riesgo de mercado: ventas anticipadas, operaciones con futuros y opciones, venta final, entre otras.

    La logística de transporte, acondicionamiento de granos y almacenaje juega un papel fundamental en la estrategia empresarial, explica.

    Según ese estudio, los agricultores locales de porte mediano y grande,  y los de corte familiar, fueron incorporando tecnología y otras herramientas empleadas por las grandes corporaciones extranjeras. Mientras, muchos productores optaron por abandonar la producción en sus predios y pasaron a prestar servicios a modo de contratistas, principalmente para las labores de siembra, aplicaciones de agroquímicos y cosechas.

    Los resultados de toda esta reorganización de la producción agrícola en Uruguay se manifiestan en las estadísticas de productividad.

    En los años ochenta el promedio de kilos producidos por hectárea se situaba entre 1.000 y 1.500, según datos del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. Pero en la última década ese promedio saltó a 2.600 kilos por hectárea en los cultivos agrícolas. En el caso del arroz en particular pasó de unos 4.000 a 8.400 kilos en 2011.

    También otros rubros tradicionales, como la lechería, registraron un aumento en su producción, que llegó a ser de 2.400 litros por hectárea al año, en promedio.