N° 1846 - 17 al 23 de Diciembre de 2015
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl escándalo de Ancap se está tornando en algo muy complicado. El déficit es tan inmenso que ya se habla de recapitalizarlo: o sea, de volver a fundarlo.
Es una bomba a punto de estallar en la propia casa del Frente Amplio. Los reproches muy duros, que se hacen unos a otros, sorprenden. La Comisión Investigadora avanza, los minuciosos detalles que se van conociendo preocupan. Como efecto colateral empieza a desnudarse la pésima gestión de José Mujica cuando le tocó ser presidente.
Algo nuevo está ocurriendo en el mapa político. Por un lado, la oposición aprende a moverse de otro modo y así lo demuestra la investigación respecto a Ancap. Por otro lado, el oficialismo, hasta ahora capaz de presentarse monolíticamente unido pese a no estarlo, exhibe sus fisuras sin pudor.
Es probable que ambas novedades tengan que ver con un cambio de humor en la población. Cosas a las que antes nadie prestaba atención, ahora cobran importancia. Eso envalentona a la oposición y dentro del oficialismo, unos quieren deslindarse de los errores de los otros.
Lo cierto es que el gobierno está jaqueado, la población está alerta y la oposición juega con más eficacia.
Podrá decirse que en el pasado período, el tema de Pluna estuvo sobre el tapete con una investigación amplia, llevada a cabo por los blancos y en especial por el entonces senador (hoy intendente de Colonia) Carlos Moreira. Así fue. Lo increíble es que pocos lo recordaron a la hora de votar.
José Mujica le dijo a un periodista de Búsqueda, mientras volaba en viaje oficial, que en ese exacto momento se realizaba el remate de los aviones y que ello duraría pocos minutos. No es que Mujica fuera un profeta bíblico, simplemente sabía lo que pasaba. Luego vinieron las famosas fotos en el restaurante, las renuncias de un ministro y un director, en medio de la tenaz tarea de Moreira, que permitió saber mucho del caso pero no escandalizó ni generó castigo.
Hoy las cosas son distintas. Para empezar, la investigación parlamentaria sobre Ancap implicó un operativo coordinado. Hubo y hay un trabajo en equipo de recopilación y análisis de datos en especial por la bancada blanca. El esfuerzo está bien apuntalado por los independientes (y en especial por el senador Pablo Mieres) y por los colorados con el senador Pedro Bordaberry.
En estos meses, los blancos han ido puliendo su estrategia general. Ya no actúan al golpe del balde ni terminan reduciéndolo todo a interpelaciones que no sacuden la modorra aldeana. Además, pese a las diferencias entre quienes apoyan a Luis Lacalle Pou y a Jorge Larrañaga, dan la idea de un partido que sabe sintonizar.
El Partido Colorado no termina de procesar su profunda crisis, donde los ánimos siguen exacerbados. Sin embargo, uno de sus dirigentes más cuestionados, Bordaberry, mostró que más allá de esa crisis y del precio que el mismo paga por ella, hay un hecho innegable: fue elegido senador y eso implica obligaciones y responsabilidades. En consecuencia se aboca a los temas y va a fondo con ellos.
El Partido Independiente celebra contar con un senador que se muestra activo. Es claro en cuestionar las cosas mal hechas por el gobierno, pero no tan claro para perfilar su estrategia de futuro.
Su intención de generar un acuerdo socialdemócrata con sectores de cada partido podría ser vista como divisiva por los colorados, que no encuentran aún una salida a su crisis y por lo tanto no necesitan que alguien de afuera les diga cómo hacer estos acuerdos.
Asimismo, el Partido Nacional parece estar pasando un muy buen momento y no le sirve, justo ahora, que alguien ponga a los wilsonistas de un lado y al resto del otro. Hoy están en otra cosa
Menos suerte tendrá con los frentistas moderados. Por más que los seduzca, estos aprendieron a que las cosas internas se pueden tensar pero no romper. La historia pasada del propio Mieres es un recordatorio de esa lección aprendida.
Mientras tanto es llamativo el empuje que ha ido tomando el Partido Nacional. Cambió su manera de abordar los temas nacionales. Tiene agenda propia y cuestiona las cosas mal hechas por el gobierno en la medida que van contra esa agenda. Ello se ve en el coordinado trabajo que hace en la Comisión Investigadora de Ancap. Usó el mismo método para discutir el Presupuesto. Pese a saber que al final se impondría la mayoría frentista, supo meter bazas donde había divisiones, mostró haber estudiado el tema, marcó posturas, indicó preferencias y señaló fallas.
La bancada funciona con agilidad. Según el tema, un día hace declaraciones un legislador y al día siguiente otro. En ciertos tópicos, Álvaro Delgado tiene la voz cantante. En otros aparece Javier García. Hasta su reciente accidente, también lo hacía José Carlos Cardoso, así como Rodrigo Goñi, Luis Alberto Heber, Graciela Bianchi, Jaime Trobo y Gustavo Penadés. De similar manera funciona el sector de Larrañaga.
En la Junta Departamental, los blancos no están dispuestos a dar sus votos para que la Intendencia obtenga un préstamo indispensable para hacer ciertas obras. El argumento que esgrimen es correcto. Si las anteriores administraciones frentistas malgastaron sus recursos (con impuestos de los montevideanos), ¿por qué ha de confiársele más dinero? Su actitud es firme pero no cerrada y el voto habrá de venir si como contraparte la Intendencia asume algunos compromisos. Ello fue planteado en una especie de encuentro “en la cumbre” entre el intendente Daniel Martínez y el líder nacionalista Luis Lacalle Pou.
La realidad cambió. Los que votaron al Frente en la última elección, ahora son más críticos y desconfiados. Eso estimula a la oposición, que aún digiere su crisis en el caso de los colorados, pero que cuenta con un vigoroso liderazgo en el de los blancos. A la vez, ambos afrontan un fenómeno desconcertante como lo es Edgardo Novick y el Partido de la Concertación. Ni blancos ni colorados muestran el mismo entusiasmo de antes. Para los colorados, el tema interfiere en su difícil proceso de recomposición. Los blancos, que están en un buen momento y lo sienten así, lo ven como algo ajeno a sus propios proyectos.
Ante este panorama, otro tema también mete su cola en la realidad. Ahora es posible decir en voz alta y clara que la gestión de Mujica fue mala. Realmente mala. Antes pocos lo sostenían y nadie les hacía caso. Ahora las críticas salen del propio Frente. Es Astori quien cuestiona a Mujica. Y también la oposición encuentra espacio para hacerlo. Dice lo mismo que siempre, pero ahora se le escucha.
Mujica es popular y se convirtió en una figura querible, fuera y dentro de fronteras. Pero nada impide señalar con contundencia que su gestión fue mala, ineficaz, desordenada y dejó legados calamitosos como los de Pluna y Ancap. Hacerlo al menos ayuda a que el registro histórico no sea distorsionado.