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    El mundo del golf se conmueve ante el triunfo de Tiger Woods en el Masters de Augusta, con el que consigue la marca de 15 majors

    El hombre que revolucionó el mundo del golf, el que fue número uno del mundo a lo largo de 625 semanas, el que ganó más de US$ 120 millones en premios está de regreso. Con su victoria en el Masters de Augusta, el primer major del año, Tiger Woods cortó una larga y sufrida racha de 11 años sin ganar un grande.

    Mucho sufrió Woods desde su anterior triunfo en un major, en 2008, cuando ganara el Abierto de los Estados Unidos en la majestuosa Torrey Pines a los 32 años de edad. Pasaron cuatro operaciones de columna y tres de rodilla, además de problemas personales con un divorcio multimillonario. Pero los verdaderos ídolos, los grandes, tienen un plus especial y la historia de los deportes muestra el “regreso” de varios fenómenos a los primeros planos en circunstancias especiales.

    Con su victoria en el último Masters, Tiger llegó a la marca de 15 majors, quedando ahora a tres de alcanzar los 18 grandes que ganó el legendario Jack Nicklasus. El propio Woods ha dicho en más de una ocasión que esa era su gran meta a superar, su gran motivación desde que se hizo profesional. La victoria en Augusta además elevó su palmarés a 81 torneos ganados, quedando también a uno solo de alcanzar los 82 campeonatos oficiales que tiene en su carrera Sam Snead.

    Su victoria en el Masters disipó todas las dudas acerca del rendimiento de Woods y sus posibilidades de trascender en el alto nivel. A fines de la temporada pasada, llegaron algunas buenas señales al ganar el Players Championship luego de haber llegado también a las instancias finales tanto del Abierto Británico como del PGA Championship.

    A fines de mayo del 2017, Tiger era detenido al quedarse dormido al volante de su camioneta al costado de una carretera en el estado de la Florida. Dichas imágenes recorrieron el mundo y costaba comprender hasta cuán bajo podía caer un deportista que había dominado el mundo del golf por más de una década.

    Hasta que un día Tiger Woods volvió.

    El Masters y sus tradiciones

    A las 8 de la mañana en punto del jueves 11, una multitud rodeaba la zona del tee del hoyo 1 del Augusta National Golf Club. En ese instante Jack Nicklaus (ganador de seis Masters) y Gary Player (tres títulos) pegaron cada uno un drive simbólico y dieron comienzo oficial a la edición 83ª del Masters. Ese primer día de juego marcó el retraso de varios favoritos, quedando en lo más alto de las posiciones el estadounidense Bryson DeChambeau con un muy buen recorrido de 66 golpes, seis bajo el par de la cancha.

    Como dato vale destacar que solo 89 golfistas formaron parte del certamen de acuerdo a un estricto régimen de invitación que este campeonato aplica. Augusta y sus tradiciones.

    En la segunda vuelta, quedó como líder el estadounidense Brooks Koepka con un acumulado de 137 golpes para los 36 hoyos. El corte clasificatorio quedó marcado en 145 impactos quedando 65 golfistas en competencia, donde el mexicano Álvaro Ortiz, ganador del Latin American Amateur Championship (LAAC) disputado en enero en República Dominicana, cumplía una excelente actuación y quedaba con todas las expectativas para el fin de semana.

    Otra de las tantas tradiciones que encierra el Masters es que en la tercera jornada los organizadores presentan las condiciones más difíciles y severas para el trazado, buscando exigir de esa manera a los jugadores. En ese panorama, el italiano Francesco Molinari fue la gran figura del día al presentar una tarjeta de 67 golpes, gracias a la cual quedaba en la punta con un acumulado de 202 golpes. En esa jornada también se destacaron los estadounidenses Webb Simpson, Tony Finau y Patrick Cantlay al terminar los tres con recorridos de 64 golpes, quedando a uno solo del récord del Augusta National.

    La definición.

    Los pronósticos de tormentas eléctricas y fuertes lluvias para la tarde del domingo 14 llevaron a que los integrantes del Comité del Campeonato resolvieran que la última vuelta se jugara en threesomes y en forma simultánea desde los hoyos 1 y 10. Una decisión por demás polémica tratándose de un major, pero está claro que en Augusta no hay lugar para las discusiones. Al jugarse en forma simultánea desde los dos hoyos, las ovaciones se escuchaban a lo largo de todo el recorrido ante el delirio del público. No hay cifras oficiales sobre la cantidad de aficionados, pero las estimaciones indican que hubo 40.000 personas ese domingo.

    Molinari hacía 36 golpes en los primeros nueve hoyos y todo parecía bajo control para el italiano, pero es bien sabido que el Masters comienza realmente en los segundos nueve hoyos de la ronda final. Y en el par tres del hoyo 12 comenzó la tragedia para Molinari al enviar la pelota al agua y terminar con un terrible doble bogey que cambió por completo la definición del campeonato. Otro golpe fallido en el par cinco del hoyo 15 para terminar con otro doble bogey y la despedida poco creíble del campeonato por parte de Molinari. Los segundos nueve hoyos de Augusta seguían marcando historias.

    Jugando en el penúltimo grupo Koepka también tiraba al agua con su salida en el hoyo 12 y provocaba otro doble bogey que cambiaba los números de los grandes tableros ubicados en zonas estratégicas del campo. En ese panorama, quien primero se destacó fue Dustin Johnson con tres birdies consecutivos entre los hoyos 15 y 17, para colocar el score de 274 golpes y esperar a los últimos threesomes.

    En el grupo final, Tiger mantenía sus expectativas sin hacer grandes cosas ante la caída de los líderes. Un espectacular birdie en el par cinco del hoyo 15 le daba la punta a Tiger en un major, algo que no ocurría desde hacía mucho tiempo. Por si fuera poco, en el siguiente el exnúmero uno del mundo dejó la pelota a pocos centímetros del hoyo luego de pegar un hierro 8 perfecto. El público no daba crédito: Tiger liderando el Masters por dos golpes a falta de dos hoyos. Fue par en el 17 y un bogey en el 18 luego de pegar tres tiros muy malos, con los que buscó seguramente no cometer grandes errores para cerrar el campeonato y lograr un nuevo Masters, en un día histórico para el golf. El quinto saco verde ya estaba en el vestuario de los campeones.

    El “fenómeno” Tiger

    En la cobertura de Búsqueda de la Presidents Cup jugada en octubre del año pasado, se daba cuenta de la clara renguera que aquejaba a Tiger. En su función de segundo capitán del equipo norteamericano era notoria su dificultad para trasladarse de hoyo a hoyo incluso utilizando un carrito eléctrico en varias oportunidades. En la tradicional cena de campeones que se realiza el martes previo al Masters, ese mismo año Woods le comentó al inglés Nick Faldo que difícilmente podría volver a jugar al golf. Incluso tuvo que utilizar bastones para trasladarse en otras ocasiones. Esa era la realidad de Tiger poco tiempo atrás. Finalmente, luego de varios estudios llegó la decisión de una riesgosa operación donde le fijarían dos vértebras, pero sin asegurar ningún tipo de resultados. Tras la operación llegó un período de recuperación de más de un mes y el resto ya es conocido.

    En su camino hacia el recinto donde se entregan las tarjetas de juego un grupo de jugadores esperaban la llegada de Tiger. Allí estaban Zach Johnson, Rickie Fowler, Justin Thomas, Brooks Koepka y Bernhard Langer, entre varios. Era una clara demostración del “efecto” Tiger sobre sus rivales de ahora y de siempre. Por otra parte, deportistas de elite como Serena Williams, Roger Federer, Michael Phelps y Michael Jordan hacían extensivas sus felicitaciones al ganador del Masters a través de las redes sociales.

    Hoy en Estados Unidos se comenta como el mayor “regreso” en la historia de los deportes, ya que se entiende que ningún deportista que fuera tan atacado tuvo la fuerza y la valentía para retomar la senda con gloria. Incluso, también se da como un hecho la realización de una película sobre la vida de Tiger Woods.

    En una conferencia de prensa previa al inicio del campeonato, Tiger adelantó que utilizaría en esta ocasión los mismos colores de remera que usó cuando ganara su último Masters en el 2005.

    Dicha actitud rememora al gran Muhammad Ali cuando pronosticaba en qué round ganaría la pelea. Cuestión de grandes.