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    El nuevo gobierno y los impuestos (I)

    Sr. Director:

    El Dr. Vázquez había anunciado en la campaña electoral, y recientemente lo ha repetido como compromiso asumido, que en su gobierno no se crearía ningún impuesto nuevo. Sucede que en el Presupuesto que acaba de ser presentado al Parlamento se incluye una disposición que deroga anterior exoneración para el pago de la contribución inmobiliaria rural, lo cual se traduce, sin ninguna duda, en un aumento de la carga impositiva para los productores rurales.

    Esta situación ha suscitado perplejidad en los legisladores del Partido Nacional porque plantea problemas, algunos inmediatamente visibles y otros, que siendo graves, no están a la vista. Los problemas visibles son dos. Para los productores rurales que inesperadamente tendrán que pagar más impuestos y para el gobierno que no podrá honrar sus compromisos y quedará como mentiroso.

    Para evitar esto último el gobierno ha dicho, por boca del ministro Astori, que esa disposición sobre la contribución inmobiliaria rural fue incorporada al Presupuesto a pedido expreso de los intendentes. Más allá de que, como excusa, es de dudosa calidad, aquí es donde aparece el problema que no está a la vista, que afecta directamente al Partido Nacional y que es lo que quiero someter a la consideración de los lectores. Me refiero al divorcio político-partidario planteado entre los intendentes departamentales blancos y el Partido Nacional por el que ellos fueron electos.

    Ese divorcio —nocivo para el Partido Nacional— tiene dos orígenes, uno institucional y otro político, que se refuerzan entre sí. El origen institucional está en la última reforma constitucional que separó las elecciones departamentales de las elecciones nacionales. Si la separación se hubiera limitado a las hojas de votación no habría problemas y se conseguía el beneficio buscado, o sea, candidatos departamentales auténticos, no atados al candidato nacional. Pero al separar también en el tiempo las elecciones y empujar las departamentales medio año después de las nacionales, el pleito departamental se entabla cuando lo nacional ya está jugado. Como consecuencia de esto los candidatos a intendente encaran una campaña electoral propia, con tácticas propias, objetivos propios, sin referencia alguna a lo nacional, que ya ha sido resuelto. Las estrategias, los discursos y sobre todo las lógicas políticas de lo departamental y lo nacional se independizan, van cada una por su camino y poco importa para la elección departamental coincidir o no con lo que fue la lógica de la campaña del candidato único del Partido y, por ende, del propio Partido. Esta situación, que rápidamente genera hábitos, afecta la coherencia partidaria y da lugar al tipo de problemas que ahora ha quedado a la vista en el planteo del Presupuesto.

    En cuanto al origen político de este divorcio él se sitúa en una astuta movida de Mujica respecto a los intendentes del interior, casi todos blancos. Primero logró instalar en los medios de comunicación y en el ambiente político que la diversidad de patentes de vehículos en un país tan chico era un escándalo y un problema nacional. Al noventa y nueve por ciento de los uruguayos les importaba muy poco el problema: solo desvelaba a algunos intendentes con administraciones municipales muy caóticas que perdían, por esa razón, empadronamientos. Después Mujica se presentó como el salvador que iba a traer la solución para tan grave problema y procedió a agregar la promesa de dineros para que las intendencias deficitarias arreglaran sus cuentas y pudieran pagar la luz, que ni eso podían algunas. Aderezó la propuesta con sendos almuerzos en Anchorena, la mayoría de los intendentes lo declaró dios y llegados de vuelta a sus respectivos departamentos habrán dicho: amigos, esta es la dimensión de nuestra victoria: un lugarcito en el banquete no está nada mal en esta sociedad de comensales (como decía Methol), cuidadosamente adiestrada en el antiquísimo arte de la mendicidad.

    Como consecuencia de cosa tan banal como la unificación de las patentes, los ingresos de las Intendencias ya no provienen del propio departamento ni del prestigio o buen manejo de los intendentes sino que se han convertido en una paramétrica: un departamento con tantos kilómetros cuadrados y tantos habitantes, tantos pesos. Listo. Lo sustancial de los recursos de las Intendencias hoy son las partidas que llegan desde el gobierno central: los intendentes se han convertido en funcionarios de la OPP.

    De aquí se desprende una notoria merma de las autonomías departamentales, bandera histórica del Partido Nacional. Asimismo deriva de aquí una merma en lo que tiene que ver con la filosofía política de la descentralización, también bandera muy propia del Partido Nacional. Si todo (o la mayor parte) depende y proviene del gobierno central: adiós descentralización.

    Y, finalmente, de aquí nace la incómoda situación de hoy: el Partido tiene una visión política global sobre la situación del país y la inconveniencia de aumentar impuestos. En función de eso todos sus legisladores se han comprometido en el Parlamento en contra del impuesto mientras los intendentes se prestan como excusa o aun actúan expresamente para que haya un aumento tributario sobre los productores rurales. El desacople (como dicen los economistas) entre el horizonte nacional y el municipal, entre la política nacional y la de los intendentes se está manifestando hoy en toda su inconveniencia.

    El problema viene de atrás, de la reforma constitucional, como he señalado más arriba. No se trata de buscar culpables, lo que sería de poca utilidad. Nadie eligió expresamente el divorcio. Lo que es inadmisible es ignorarlo, no hablarlo. El Partido Nacional tiene que enfrentar el problema —lo tienen que hacer los dirigentes nacionales y los dirigentes departamentales— y sopesar las consecuencias que acarrea la divergencia de los enfoques nacionales y departamentales para el Partido Nacional como actor político histórico y con vocación de gobierno. De no hacerlo corremos el riesgo de convertirnos en un Partido departamental, con éxito electoral en la mayoría de los departamentos (menos en los más poblados y urbanos) pero sin atractivo como actor político interesante para ser alternativa en lo nacional.

    Juan Martín Posadas