También la población deberá adaptarse a un sistema que brinda más garantías a los indagados, y en el que los procesamientos con prisión dejarán de ser la regla. “El pueblo va a tener que entender que solo porque se acusa a alguien no quiere decir que es culpable”, dijo Chapa. “En el sistema inquisitorio el acusado se arresta y se pone en la cárcel hasta que él pueda probar su inocencia. Y la gente se acostumbra a eso: es un delincuente, échenlo a la cárcel y ya se quedó ahí”. Pero en el nuevo sistema “el acusado es inocente hasta que la Fiscalía pruebe el caso”, afirmó.
La fiscal y la jueza confían en que con el tiempo, la ciudadanía entenderá y apoyará el sistema. “Porque lo ve, lo entiende. Puede entrar y ver por qué el juez decidió condenar a alguien. O por qué la Fiscalía no pudo probarlo. Es muy diferente a cuando se cae un caso y uno no sabe por qué”. Hoy, “que se hace todo tras la puerta, no hay quien les impugne las decisiones, porque el pueblo no sabe nada”, señaló Chapa.
Lo que sigue es un resumen de la entrevista que les realizó Búsqueda.
—¿Cuáles son las principales ventajas del sistema penal acusatorio?
Virginia Hernández Covington (V.H.C.)—El sistema acusatorio es abierto, transparente, y eso es bueno porque el pueblo sabe lo que está pasando en los juicios. Sé que es un cambio, y que es difícil. Hay que adaptarse a algo diferente a lo que uno está acostumbrado. Pero después de que todo el mundo se acostumbre al sistema nuevo, creo que se van a sentir cómodos. En los países latinoamericanos que están cambiando su código penal, todo el mundo se ha visto beneficiado. No es que decimos que el sistema americano es el mejor, pero comparado con los otros sistemas en el mundo, es el que funciona mejor. Por esa razón, porque es transparente y no se puede ocultar nada. Eso es lo bueno y es a lo que se le teme a veces, hasta que el pueblo se acostumbra.
María Chapa (M.C.)—Es un sistema en el que el pueblo puede confiar. Porque es abierto, las audiencias son abiertas, el juez, el defensor, el acusado y la Fiscalía están presentes. Todos hacen presentaciones orales, y presentan las pruebas, en un proceso transparente. También están presentes los investigadores que desarrollaron el caso, y tienen que testificar sobre eso. Y el pueblo puede ver por qué se toma una decisión.
Otro aspecto es que en el sistema nuevo el acusado es inocente hasta que la Fiscalía pruebe el caso. En el sistema inquisitorio el acusado se arresta y se pone en la cárcel hasta que él pueda probar su inocencia. Y la gente se acostumbra a eso: es un delincuente, échenlo a la cárcel y ya se quedó ahí. Pero si le pasa a uno en carne propia, uno quiere que el sistema le dé garantías.
—Algunos operadores han advertido sobre ese tema, ya que en momentos en que la población pide mano dura contra la delincuencia, un proceso más garantista (que quizás redunde en menos procesamientos) puede ser difícil de comprender…
V.H.C.—En un sistema en que las investigaciones están bien hechas, y que la Policía trabaja bien con la Fiscalía, no creo que vaya a haber un problema para la seguridad, al contrario. Creo que esto ayuda, porque tendrás investigaciones bien hechas y esa para mí es la clave. No todos son culpables, y cuando la evidencia no está ahí, está bien que el caso se caiga. Ese es el sistema de garantías.
M.C.—El pueblo va a tener que entender que solo porque se acusa a alguien no quiere decir que es culpable. Tiene que haber más pruebas. Mi esposo es policía y se queja de que a los delincuentes los dejan salir. Pero el sistema funciona porque eso se tiene que probar en un juicio. Con que lo arresten no es suficiente. No puede quedarse encarcelado porque el pueblo quiere. Eso va a cambiar. Y lo van a entender, porque lo van a empezar a ver.
—¿Piensan que la reforma va a mejorar la seguridad?
V.H.C.—Colombia, que pasó a un sistema acusatorio, es un país diferente hoy de lo que era hace 25 años. La diferencia es como el día y la noche. ¿Por qué? Porque el pueblo tiene confianza en el sistema de Justicia. La seguridad es mejor en un sistema en el que todo el mundo tiene confianza.
M.C.—También en México la reforma ha tenido éxito. A estados del norte, como Juárez y Chihuahua, no se podía ir. Pero desde que está el sistema acusatorio, hace unos ocho años, la seguridad ha cambiado mucho. Y aquí el impacto va a ser más grande, porque la inseguridad no es la misma.
—¿Una Justicia más transparente termina siendo una Justicia mejor?
M.C.—Sí, y el pueblo apoya más el sistema. Porque lo ve, lo entiende. Puede entrar y ver por qué el juez decidió condenar a alguien. O por qué la Fiscalía no pudo probarlo. Es muy diferente a cuando se cae un caso y uno no sabe por qué. ¿Por qué este delincuente salió en libertad? Por lo menos si lo explicas en un juicio, se sabe el porqué. Y también se ve si se condenó a alguien contra quien no había suficiente prueba.
—Estuvieron en varios países latinoamericanos que hicieron reformas similares; ¿cómo ha sido el proceso de transición?
M.C.—Lo que he visto en otros países (hemos estado en Colombia, en Chile, en México) es que al principio hay una resistencia de los participantes, los fiscales, los defensores, los jueces, los investigadores, y del pueblo. Pero el pueblo aprende a confiar en él. Porque cualquier persona de la calle puede entrar a ver un juicio. En el sistema presente no se puede, hay un expediente escondido en una oficina. Y ahora no: todo eso que era el expediente se presenta en pruebas, en audiencias abiertas.
—Mencionó el tema de la resistencia al cambio. Jueces, fiscales y defensores deberán adaptarse a un sistema en el que serán más observados por el público y la prensa. ¿Será difícil para los operadores acostumbrarse a eso?
M.C.—Todo depende de los sistemas. En países más tranquilos como este, no tienen tanta resistencia. En los tres años que hemos estado viniendo, la Fiscalía ya está totalmente metida en esto. Lo que pasa en otros países, más al norte, es que la corrupción llega a los funcionarios, y entonces al ser un sistema transparente, genera más resistencia. El policía que inició la investigación en la calle, luego va a tener que testificar, todo lo que hizo, lo bueno y lo malo. El fiscal también va a tener que presentar el caso en un juicio abierto. Y el juez va a tener que explicar por qué decidió como decidió. En el sistema de ahora, que se hace todo tras la puerta, no hay quien les impugne las decisiones, porque el pueblo no sabe nada. Esos países resisten un poco más. Ahora estoy trabajando en México, y el elemento de la corrupción impacta. Pero acá en Uruguay no espero eso. Veo más avances aquí en tres años que en los ocho que he estado yendo a México.
V.H.C.— Veo mucho empuje. Todos nos ponemos nerviosos cuando hay un cambio. Pero creo que están listos. La Fiscalía se está preparando desde hace tres años. También quedé bien impresionada con los jueces y los defensores públicos, que los vimos este año por primera vez. Todo el mundo se está preparando, trabajando duro.
—La publicidad de las audiencias ¿puede poner en peligro a testigos o exponer demasiado a las víctimas?
M.C.—Los defensores me preguntaban sobre eso, si se puede cerrar la sala para proteger a las víctimas. Pueden pedirle al juez si se puede cerrar y que no entre el público, la prensa, por la seguridad de la familia o del acusado. Pero tienen que convencerlo, no es algo automático. El juez preguntará por qué el derecho a la privacidad del acusado pesa más que el derecho del pueblo a estar presente. Lo de la transparencia en Estados Unidos lo tomamos muy en serio. Y pienso que aquí va a ser así. Le dije a los defensores: prepárense para eso.
—En el nuevo proceso los fiscales serán los responsables de llevar a cabo las investigaciones. ¿Será difícil para los jueces adaptarse a un sistema que los aleja de la investigación?
V.H.C.—El juez tiene un rol diferente, y creo que se están preparando para aceptar eso. Es un trabajo muy interesante. Sigue siendo un rol muy importante, solo es diferente al que hacían antes.
—En el seminario trabajaron sobre técnicas de litigación oral, otro aspecto que implicará un gran desafío para los fiscales. ¿Cómo se desempeñaron?
M.C.— Tienen mucha habilidad, hicieron un muy buen trabajo. Hay mucha habilidad en la Fiscalía. Hay algunos mejores que otros pero se ve que en general todos van a poder hacer un buen trabajo. Y les gusta. Con el tiempo van a ser excelentes.
V.H.C.— Hay mucha habilidad y mucho deseo de hacer un buen trabajo. Las dos cosas. Vimos a los fiscales con los que trabajamos hace dos años, y es un placer ver lo bien que les está yendo, y lo mucho que están aprendiendo. Están trabajando duro. Una de las clausuras que oímos fue increíble. Y sabían preguntar en los contrainterrogatorios. Hay mucho talento. Es algo completamente diferente de a lo que ellos están acostumbrados. El rol del fiscal probablemente es el cambio más grande.
M.C.— En esta oportunidad empezamos a trabajar con los defensores también, y hay mucho entusiasmo con la capacitación y el apoyo que les estamos dando. Están un poco más atrasados, porque no han tenido la capacitación que han tenido los fiscales. Y para ellos también es un sistema completamente diferente. Creo que les va a ir bien, porque son igual de talentosos que los fiscales. Son uruguayos, y por lo general aquí hay mucho talento. No tienen temor de pararse a hablar. Valdrá la pena ir a verlos hacer su trabajo, cuando ya estén ejerciendo.
—¿Qué fortalezas y debilidades encontraron?
V.H.C.—He visto fortalezas en todos los aspectos. Las aperturas y las clausuras son excelentes. Y algunos fiscales han hecho un excelente trabajo en presentar la evidencia. Eso es lo más difícil, porque es lo más diferente: presentar la evidencia en un sistema oral. Pero algunos ya son excelentes, y otros están aprendiendo.
M.C.—Presentar la evidencia es lo más difícil, hasta quienes nos educamos en este sistema batallamos con la presentación de la prueba en un juicio. Cómo se presenta, cómo se admite, qué testigos pones en la silla de testigos. Eso es un arte. Y hay algunos que son muy buenos en eso y otros van a tener que aprender, pero no lo señalaría como una debilidad imposible de superar.
—Los primeros meses de implementación de la reforma ¿podrían ser muy caóticos?
M.C.—Es lo que piensan todos. Pero no ha sido caótico en otros países. Al principio se caen algunos casos, pero así se aprende. Uno aprende a no cometer tal error, con la experiencia.
—Son optimistas sobre el éxito de la reforma…
V.H.C.—Absolutamente. Son servidores públicos muy dedicados. Vimos mucho patriotismo por el país, y por que Uruguay sobresalga y sea exitoso.