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Como dijo el filósofo, cada cual cree en lo que quiere creer. Álvaro Fernández dice en su carta a Búsqueda del 19.03.13, que en relación con la elección de los papas, “la prensa y la opinión pública equivocan sus juicios” y que “desde posturas seculares es muy difícil entender a la Iglesia”, porque, afirma, en tales elecciones se olvida la participación del Espíritu Santo, “como en el siglo I, en el siglo II, el XII y el XXI…”.
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Lo que es muy difícil entender es cómo conciliar la intervención divina en un proceso tan plagado de irregularidades, corrupciones, connivencia con reyes y emperadores, crímenes, lujuria, ambiciones, cismas, papas múltiples, guerras “santas”, caza de brujas, etc... que no otra cosa es la historia del papado.
En los primeros siglos, no hubo cónclaves ni cardenales…hubo confusión y disputas, hasta el punto de que no está fehacientemente demostrado que Pedro haya sido el primer jefe de los cristianos. Es más probable que haya sido Santiago, el hermano de Jesús, también enfrentado a Pablo de Tarso. Por otra parte, es muy extraño que solo Mateo hable de la designación de Pedro, en un pasaje muy cuestionado. ¿Por qué los otros tres evangelistas canónicos no hacen ninguna mención de un asunto tan relevante?
Sorprende además, que se ponga como ejemplo de “defensor del depósito de la fe” nada menos que a Inocencio III, promotor de cruzadas contra los musulmanes (iniciadas por Urbano II, al grito de “¡Dios lo quiere…!”, ¡insólitamente canonizado!) y también contra los herejes cátaros, valdenses, judíos, etc. Empresas que dejaron cientos de miles de muertos y saqueos de ciudades y cientos de miles de quemados en las hogueras por pensar o creer distinto (“Matadlos a todos… Dios reconocerá a los suyos…”). ¿Habrá intervenido en aquellas ocasiones el Espíritu Santo? ¿Habrá tenido algo que ver en la designación de Juan XII, ungido a los 18 años, simoníaco y pervertido sexual que organizaba orgías en la Santa Sede? ¿Habrá inspirado a quienes eligieron a Gregorio IX, creador de la “santa” Inquisición, que carga con otros cientos de miles de herejes torturados e incinerados? ¿Estaría distraído el Santo Espíritu cuando eligieron a Alejandro VI, el licencioso Papa Borgia, o a Pablo IV, inquisidor y creador de ghettos para los judíos de Roma, o a León X, denunciado por Lutero por vendedor de indulgencias para construir la basílica de San Pedro?
Flaco favor le haríamos al Espíritu Santo si le endilgamos la responsabilidad de tantos desastres, muchos de ellos sin duda catalogables hoy como crímenes de lesa humanidad. No creo, como afirma Fernández, que “…todos y cada uno sean ‘Pedro’, todos y cada uno queridos por Dios…”; más bien fueron resultado de gruesos errores muy humanos, muy alejados del mensaje cristiano, en los que nada tuvo que ver la divinidad. Una cosa son los hechos históricos verificados, y otra cosa es el dogma, inventado no hace mucho por algunos obispos. Yo creo en la historia.
De todos modos, abrigo la tímida esperanza de que el papa Francisco haga honor a su nombre y tome la antorcha de Roncalli y Montini, y vuelva al camino de la renovación y reformas que por tanto tiempo frustró Wojtyla.