• Cotizaciones
    martes 17 de febrero de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    El puerto de aguas profundas

    Una de las ideas más importantes que han germinado en el pensamiento geopolítico nacional es, indudablemente, el puerto de aguas profundas. Desde hace ya muchas décadas y trascendiendo colores políticos, operadores interesados en el desarrollo regional han incursionado en este complejo proyecto. Muchos profesionales, industriales, productores, comerciantes y empresarios desearían que la realidad confirmara semejante propuesta intelectual.

    De hecho, varios han sido los modelos que puestos en blanco y negro fueron desmenuzados con rigor por los analistas, que los alabaron o lapidaron con particular elocuencia, según su interés particular.

    Recurrentemente, tanta inventiva resuena y vibra esporádicamente sobre las mesas de trabajo. Mientras tanto, muelles y escolleras imaginarias esperan pacientemente por su baño de mar, pero los cargamentos crecen y pasan de largo a ritmo acelerado. Así, muchos autores, con su empeño y profesionalismo, defendieron sin descanso su pensamiento y alimentaron el nuestro.

    La preciada condición de Estado libre y soberano que hoy merecidamente disfrutamos con orgullo, fue alcanzada en gran medida merced al estratégico puerto de Montevideo. Sin él, haberla conservado hasta nuestros días indudablemente hubiera sido muy difícil, cuando no inviable; pero haber alcanzado el desarrollo cultural que nos identifica como nación, definitivamente imposible. La desafiante encrucijada global, que es por cierto tanto o más desafiante que aquella de antaño, hoy exige de nosotros la máxima cautela y celo para planificar nuestro futuro. Naturalmente aflora la vieja idea; se replantea ahora bajo la forma de un gran puerto de mar.

    Conceptualmente teníamos asumido, porque así se nos enseñaba desde pequeños, que nuestros límites territoriales nos mantenían encajados entre dos únicos gigantes vecinos y además unos pocos kilómetros de playas y el mar. Hoy la realidad nos demuestra que, efectivamente, tenemos la más generosa de las fronteras. El mar nos convierte nada más ni nada menos que en vecinos de casi todos los Estados del mundo. Nuestra situación estratégica, al final de la gran Hidrovía del Plata, nos regala también el privilegio de poder desarrollar una terminal marítima con características operativas que no se pueden reproducir en la región.

    El generoso territorio de la cuenca platense, que nos hermana con Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay, cuenta con una red fluvial navegable de gran extensión, con una generación de productos de alto valor, volumen e importancia estratégica, que finalmente se vuelca al comercio internacional por vía marítima. Pero llegar al mar implica la navegación por extensas rutas fluviales y de cabotaje negadas a los modernos buques de gran porte. El puerto de aguas profundas en nuestra costa oceánica, potencialmente es la llave que abre el hinterland al mundo, con los volúmenes y costos requeridos por la exigente competitividad moderna.

    Pero “la realidad es la única verdad”. La ingeniería puede resolver todos los problemas técnicos; la situación estratégica es ideal; el comercio mundial crece y requiere cada día más y más grandes bodegas. Siendo el panorama tan prometedor, no podemos dejar de preguntarnos cuál ha sido la causa de que proyectos tan convenientes no alcanzaran a superar la fase teórica. La respuesta es fácil: la inmensa mayoría de las cargas entrantes y salientes de la región, no son nuestras. Solo generamos y consumimos una pequeña porción de ellas. El verdadero dilema es político.

    Cualquier observador puede apreciar que solo en la región más próxima, hay al menos dos grandes polos capaces de producir y consumir más de lo que hoy se puede transportar: Buenos Aires y San Pablo con sus respectivas zonas de influencia; pero no se agota allí. Un análisis más detenido revela un inmenso potencial, no explotado por falta de medios capaces de transferirlo al mundo exterior. Sin embargo, a la vista de las históricas conductas de nuestros gigantes vecinos cercanos, no es razonable pensar que el tremendo peso del comercio mundial será suficiente para armonizar las voluntades.

    No basta con desearlo. El verdadero desafío no está en la mesa de los ingenieros (esos detalles se resuelven); ni siquiera en los cálculos de los productores o comerciantes, que ya son muy alentadores. Está en los despachos de los negociadores políticos. Para tener un gran puerto de mar que reciba grandes buques, se requiere tener una gran producción de salida; un gran consumo de entrada; una gran capacidad de almacenamiento; ágil y eficiente intercambio entre las diferentes modalidades de transporte y formas de aportar valor agregado a mercaderías en tránsito. Habiendo grandes cargas, los grandes buques hacen su negocio y todos ganamos. Pero sin ellas será todo un gran fracaso y un gran costo, que alguien tristemente deberá asumir.

    A pesar de los buenos sentimientos que nos alimentan los entrañables y honorables amigos argentinos y brasileños que tenemos, pensamos que difícilmente podremos superar las barreras que separan la amistad del poder. No creemos posible que las grandes cargas desde y para Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay naveguen libremente por ríos bajo control exclusivo de las autoridades argentinas, o traspasen las fronteras terrestres donde a instancias de las autoridades brasileñas, frecuentemente se amontonan interminables caravanas de camiones. El ferrocarril proclamado a todos los vientos es inexistente y las carreteras se congestionan tan solo con el tráfico de la temporada estival. ¿Todo esto para llegar finalmente a un puerto bajo nuestro control? Impensable.

    Si este nuevo impulso que ahora se anuncia tiene por finalidad la extracción de nuestra producción de minerales, granos o madera, seguramente quedará en la mesa de dibujo o se agotará como la más costosa excusa para habilitar emprendimientos duramente resistidos. Si por el contrario, apunta con miras más elevadas, deberá necesariamente incorporar la participación de las otras banderas regionales y el capital inversor desde ultramar. El gran puerto de mar que todos imaginamos, y que puede promover a nuestra nación y a la región toda a niveles de desarrollo superiores, es un gran desafío que somete a dura prueba las voluntades y el muy escaso margen negociador de las partes.

    Capitán de Navío (r) Raul Lerena

    // Leer el objeto desde localStorage