Desde que el Frente Amplio llegó al poder en 2005 cada cierto tiempo aparecieron planteos desde sectores del oficialismo en torno a la orientación de las políticas económicas y la discusión sobre su sesgo de más o menos “izquierda”.
Desde que el Frente Amplio llegó al poder en 2005 cada cierto tiempo aparecieron planteos desde sectores del oficialismo en torno a la orientación de las políticas económicas y la discusión sobre su sesgo de más o menos “izquierda”.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCasi siempre detrás de este debate se encuentra la distribución del ingreso. De hecho, lograr más equidad en el país es lo que dicen que busca la propuesta de subir la carga tributaria a algunas actividades empresariales que elaboran economistas cercanos al presidente José Mujica.
Los indicadores sobre distribución del ingreso muestran mejoras en los años recientes, aunque con algunos altibajos, de acuerdo con el coeficiente de Gini (que pasó de aproximadamente 0,45 en 2006 a 0,4 en 2011). Un coeficiente de 0 supone que el ingreso se distribuye entre la población de forma perfectamente equitativa y 1 indica la máxima concentración.
Mediciones alternativas realizadas por Búsqueda sugieren que en la primera mitad de 2012 siguió la mejora, aunque en forma más leve que en otros años.
Una de esas mediciones consiste en comparar la evolución del ingreso per cápita anual relevado por el Instituto Nacional de Estadística —de unos U$S 8.569 a junio de 2012— y el Producto Bruto Interno (PBI) por habitante que surge de las cifras de Cuentas Nacionales del Banco Central (BCU) —U$S 14.690— en el mismo período de un año. El primero de esos indicadores refleja con relativa precisión el ingreso promedio por habitante a partir de una encuesta y el segundo muestra cuánto dinero anual percibiría cada persona si se distribuyera el ingreso total del país en forma equitativa. Ese enfoque, planteado por Joaquín Etchevers de la Red de Economistas de Izquierda, busca medir el ingreso que no se distribuye o que “se apropia el capital”.
Si se observan los datos de los últimos años, el ingreso per cápita aumentó de forma más veloz que el PBI por habitante, lo que supone desde esa perspectiva una mejora distributiva. En el año cerrado a junio de 2012 el aumento fue de 16% y 14,8% respectivamente, siendo el segundo trimestre el de mayor diferencia en favor del ingreso per cápita.
En relación a los dilemas entre crecimiento y distribución, la literatura económica señala que en muchos casos los países atravesaron etapas de concentración de la riqueza mientras la renta fue en aumento y luego de cierto nivel de desarrollo el reparto se volvió mas equitativo. De todas formas, no existe un consenso acerca de la necesidad de “crecer para luego distribuir” o si ambos procesos pueden darse simultáneamente.
El equilibrio pasa principalmente por la evolución de los ingresos de los trabajadores y empresarios, ya que la gran mayoría de los hogares uruguayos tienen como fuente principal de recursos los salarios. Los impuestos para financiar el gasto público así como el nivel salarial son claves en ese aspecto.
El total de sueldos que se pagan en la economía y su relación con el PBI es otro indicador que se puede utilizar para observar los cambios distributivos.
En los últimos años se produjo un incremento de la masa salarial debido principalmente a la generación de nuevos puestos de trabajo y a los aumentos de sueldos surgidos de la negociación colectiva reinstalada desde 2005.
Según el índice de masa salarial calculado por Búsqueda, el aumento en términos corrientes fue 24% en 2007, 15% en 2008, 12% en 2009, 13% en 2010 y 11% en el año cerrado a junio de 2012.
El PBI nominal creció cerca de 15% todos los años excepto en 2009, cuando la crisis internacional impacto en la economía uruguaya.
De esa forma, y tomando como base el cálculo de la masa salarial realizado por el economista Jorge Notaro para años anteriores, los sueldos totalizaron unos U$S 10.394 millones en los 12 meses cerrados a junio mientras el PBI fue de U$S 49.654 millones. Así, los salarios fueron 20,9% con respecto al ingreso generado en ese período anual.
Eso supone un aumento mínimo comparando con 2011 (cuando fue 20,7%). Al menos desde 2007 la porción de la masa salarial respecto al Producto se mantuvo cerca de 21%, con pequeños altibajos. A fines de la década de 1990 la relación era cerca de 25%, según estimaciones realizadas años atrás por el Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas estatal.
Esta relativa estabilidad de la masa salarial respecto al PBI es uno de los argumentos manejados por el sector sindical para justificar que el nivel de los sueldos debe seguir aumentando, en particular el de los más bajos.
Simultáneamente, el gobierno se encuentra enfrascado en otra batalla por controlar la inflación. La política salarial así como la fiscal y monetaria juegan un rol fundamental en el aumento de los precios al consumo y las presiones inflacionarias (ver página 24).
De un tiempo a esta parte, la amplia mayoría de los analistas económicos de Uruguay advierten que la suba salarial debe ser menor ya que resulta inconsistente con el objetivo de inflación. Más sueldos implican una mayor demanda interna, lo que incrementa la presión sobre los precios de los bienes y servicios.
Al mismo tiempo, los empresarios advierten que los aumentos de salarios por encima de la inflación suponen dificultades de algunos sectores con baja rentabilidad, principalmente si los aumentos no se dan a partir de una mayor productividad del trabajo.