Había un “manguero” profesional que esperaba a Gardel en el hipódromo, muy temprano; sabía que era madrugador; Gardel, cada vez, le daba diez pesos. Un día el cantor llegó tarde y se topó con el pedigüeño encolerizado:
Había un “manguero” profesional que esperaba a Gardel en el hipódromo, muy temprano; sabía que era madrugador; Gardel, cada vez, le daba diez pesos. Un día el cantor llegó tarde y se topó con el pedigüeño encolerizado:
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá—¡Cómo va a venir a esta hora! ¡Justo hoy, que para la primera tenía una fija… y pagó cincuenta pesos! Me amargó la tarde… Y todo por esperarlo…
Alguna vez le recordaron a Gardel esa anécdota y la respuesta fue sutilmente irónica:
—De puro pavo me perdí ese cliente. No consigo otro igual en mi vida…
Otra historia que ratifica, con humor, la relación estrecha entre el tango y el turf. Aunque, a fin de exponerla en toda su intensidad, hay información quizás poco conocida para la mayoría pero muy reveladora. Con seguridad, muchos lectores —salvo, tal vez, los investigadores o los entendidos acerca de estas dos pasiones populares, música y pingos— se sorprenderán con una lista, extremadamente parcial, sobre tangos escritos en homenaje a caballos de carreras desde comienzos del siglo XX (en orden alfabético):
Alúmine (Aieta, 1912), Araca (Arolas 1916), ¡Arriba, Bizancio! (Puglia, Pedroza, Seijo y Machado, sin fecha cierta), Astuto (Pino y Desábato, 1928), Augusta (Alfieri, 1916), Aurreko (Martínez y Aroher, 1954), Batacazo (Pizarro, 1918), Botafogo for ever (Gambino, 1918), Buen ojo (Visca, 1920), Capablanca (Pérez, 1924), Catriló (Maglio, 1916), Dinamita (Arolas, 1912), El célebre Botafogo (Rossi, 1918), El crack Larrea (Espósito, 1911), El zaino (Gorrindo y Rossi, 1933), Fosforito (Servidio, sin fecha), Fripón (Polito, 1915), Homero (Firpo, 1930), Ilusión burrera (De Feo y Racciatti, (sin fecha), Indiecita (Firpo, 1913), Lepanto (Martínez, sin fecha), Lunático (Barbieri y Cárdenas, 1926), Mascotón (Bonasso, 1924), Melgarejo (Mónaco, 1907), Mineral (Mafia, 1930), Moñito (Arolas, 1917), Pippermint (Ponzio, 1902), Polilla (Mendizábal, 1908), Raspail (Mattos Rodríguez, 1916), Reina de Saba (Mendizábal, Temes y Weis, 1903), Retintín (Arolas y Clausi, sin fecha), Romántico (Brunelli, 1939), Sideral (Balcarce, Federico y Flores, sin fecha), Soplido (Frediani, 1928), Tímido (Posadas, 1909), Tiny (De Caro y Mafia, 1919) y Torpedero (Mendizábal, 1910).
Como aspecto interesante hay que decir que el famosísimo Yatasto, que llegó a defender los colores del stud uruguayo Atenas, así llamado por su propietario, Sbárbaro, en homenaje a la Troupe Ateniense y al Club Atenas de básquetbol, tiene varios temas compuestos en su honor —Milonga para Yatasto, A Yatasto, Yatasto, puñado de viento y, simplemente, Yatasto— aparte de ser nombrado en la letra de numerosos tangos “burreros” —incontables, aunque jugaría boletos a que nadie olvida Milonga que peina canas, del cantor Alberto Gómez ni Leguisamo solo, de Papávero— que llevan otros títulos.
Otra curiosidad que reserva este pasional matrimonio entre el tango y el turf tiene que ver con los jockeys con más trayectoria o más famosos, sujetos también de diversos temas creados a través del tiempo; aquí van solamente algunos:
A Aníbal Echart (Molina, 1971), Arriba Jara (Marcó, sin fecha), Dale Topo viejo (autor desconocido, al menos para mí), El Pulga (Basso, sin fecha), El Yacaré (Attadía y Soto, sin fecha), El Zurdo (Maglio, 1921), Emilio Ruiz (Rodríguez, 1915), Leguisamo solo (Papávero, 1925), Luis Laborde (Aieta, l914), Manuel Lema (Espósito, 1915), ¡Pelletier, toda la vida! (hermanos Servidio, 1922), Pelusita (Attadía, 1954), Torterolo (Dumas, 1915) y Vamos Topo todavía (Demarco, 1976). Los apodos corresponden a los legendarios Vilmar Sanguinetti (El Topo), Héctor Ciafardini (El Pulga), Elías Antúnez (El Yacaré) y Luis Laborde (El Zurdo).
De esta cuestión, y en particular de la importancia que para Gardel tuvo el turf, aún quedan cosas por decir. Mientras eso llega, cerramos este aporte con otra anécdota del gran cantor.
El 16 de abril de 1927, Gardel se presentó en el Teatro Solís. Simultáneamente se corría en Palermo el Premio Pethy, donde el favorito era su entrañable amigo Leguisamo. El Mago, mientras transcurría el espectáculo, no ocultaba sus nervios: ¡le había jugado todo el dinero que le quedaba! De pronto, un amigo entró al escenario y le habló al oído: ¡“El Pulpo” primero, a once pesos la “barba”! Gardel se arrimó a los guitarristas, ordenó hacer Leguisamo solo y lo cerró, para sorpresa general, de esta forma:
—¡Lunático, viejo y peludo, nomás…¡ ¡Salvado el hombre y todos los guitarristas!
La ovación fue larga y debió hacer varios bises con coro del público. ¡No faltaba más!