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El tornado del 14 de abril en Dolores fue uno de los eventos climáticos más severos de los últimos tiempos. Las imágenes de barrios arrasados por la furia del viento y las terribles consecuencias sociales que dejó se viven hasta el día de hoy en esa ciudad.
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Los esfuerzos de reconstrucción son lentos (algunos dicen que son “a la uruguaya”). Pero la ciudad empezó a levantarse nuevamente y se ven signos de mejora. La solidaridad masiva de los uruguayos logró que el drama fuera algo menor para aquellos que fueron afectados.
Pero de los efectos del tornado en la propia producción agropecuaria poco se ha hablado o poco se sabe. Quedaron opacados por la magnitud del drama que generaba tamaño daño en la ciudad. La furia del viento se llevó todo a su paso.
Cadol (Cooperativa Agraria Limitada Dolores) es una cooperativa de productores agropecuarios que tiene muchos años en la zona. Como casi todas las cooperativas agrarias del interior, se fue construyendo sobre la base de un trabajo constante de sus asociados y con una buena parte del apoyo del Estado, en especial en lo que hace a infraestructura de acopio de granos.
En las ciudades del interior, muchas veces las cooperativas agrarias tienen negocios que permean a toda la sociedad brindando servicios más allá de la mera actividad agropecuaria. Cadol, por ejemplo, tiene un supermercado en pleno Dolores. Antes del tornado, Cadol tenía una capacidad de almacenaje estática de 20.000 toneladas de granos en un galpón-celda de reciente construcción, 15.000 toneladas en una planta de silos de hormigón y unas 2.000 toneladas más en silos bolsa.
En las horas posteriores a la tragedia, los uruguayos pudieron observar un video en el que se ve a un grupo de jóvenes cerca de unos galpones que se meten de apuro en una casa de madera antes de que el viento arrase con todo. Eso era Cadol. Fue la primera estructura de importancia con la que se dio el tornado.
La celda de almacenaje fue reducida a chapas retorcidas, al igual que todo el resto de la estructura de apoyo para el manejo de granos: secadoras, elevadores exteriores y otras infraestructuras de apoyo. Voló todo. Los silos bolsa quedaron en añicos y los granos que ahí se guardaban se perdieron por la lluvia de los días siguientes.
Los daños materiales, solo a Cadol, están en el entorno de los 8 millones de dólares.
Aun así, la cooperativa enfrentaba otro dilema: la pérdida de su principal herramienta productiva, que era la venta de servicios a sus asociados en una zafra que habría sido muy buena en cuanto a la comercialización de servicios.
La cosecha de cultivos de verano había sido muy complicada y fue necesario mucho esfuerzo para lograr la calidad requerida para la exportación, aparte de secar en forma artificial buena parte de los granos que se recibían.
Ocurre que una empresa que procesa granos tiene su principal fuente de ingresos en recibir y acondicionarlos antes de su destino final, para lo cual eran necesarios los elementos que se llevó el tornado. Cuando el grano llega de las chacras se lo limpia, se lo seca (cuando tiene más humedad que la requerida para almacenarse) y finalmente se lo almacena, teniendo en cuenta la calidad, para luego despacharlo.
Cadol pudo recibir mediante empresas tercerizadas apenas unas 14.000 toneladas de granos y tiene que empezar de cero. Sin embargo, la cooperativa no redujo su plantilla de personal sino que solamente debió apelar al seguro de paro en forma circunstancial. Cadol contaba con seguros que cubren su pérdida patrimonial.
Pero el tornado no empezó y terminó en Dolores sino que siguió con su marcha destructiva por el interior de Soriano. De esto se conoce todavía menos. Varios establecimientos rurales tuvieron daños más o menos severos en sus poblaciones e infraestructuras. En otros casos las pérdidas fueron significativas pero difíciles de medir.
Por ejemplo, dos encierros de ganado que se vieron afectados fueron los establecimientos Don Carlos y La Escalera. En el primero, las pérdidas se registraron principalmente en la infraestructura (alambrados arrancados, roturas en los comederos) que afectaron las operaciones aunque no áreas sensibles. En el caso de La Escalera, la furia del viento se ensañó con las reservas de alimentos para el ganado y con los cultivos todavía en pie que estaban próximos a cosechar; por tanto, la pérdida fue sensiblemente mayor.
En total, una estimación primaria de los costos que genera la pérdida directa para el sector agropecuario en Dolores se cifra en no menos de 15 millones de dólares en forma directa, sin contar las pérdidas que genera, por ejemplo a un engorde a corral, reacomodar todas sus operaciones para volver a funcionar con normalidad.
Un aspecto destacable fue la respuesta de las autoridades nacionales, en especial la presencia del ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Tabaré Aguerre, al día siguiente del tornado.
Sabedor de las dificultades que ese fenómeno climático extremo generaba para una comunidad vinculada a la producción agropecuaria, la impresión sobre el desempeño de las medidas adoptadas desde el MGAP contaron con una buena aceptación de parte de las organizaciones locales.
Otras empresas vinculadas al rubro agropecuario también se vieron afectadas. Barraca Erro tuvo daños en una playa de recibo de granos aunque los mismos fueron menores. Otras empresas tuvieron daños puntuales más serios.
Tal fue el caso de Lázaro Bacigalupe, quien sufrió la presión del viento en un galpón que se vino abajo con toda la maquinaria adentro.
Seguramente hay otros productores agropecuarios anónimos que con el paso del tornado experimentaron pérdidas en mayor o menor cuantía, acerca de los cuales Campo carece de información.
Es posible que poco se hubiera podido hacer para prevenir los daños, más allá de instancias obvias que arrancan por tener un seguro que cubra huracanes, tormentas y tornados.
En comparación con el drama social de una ciudad arrasada, las pérdidas del campo son menores, pero son pérdidas al fin.
A diferencia de lo que ocurre en la ciudad, donde a más de tres meses las cosas siguen “en veremos” y a paso de tortuga, en la reconstrucción el campo ya se puso de pie y produce de nuevo.
Cadol seguramente podrá recomponer una parte de su estructura para la próxima cosecha de verano y con ello resurgir.