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    El tratado de intercambio de datos tributarios “es un problema” para el argentino que tiene inversiones en Uruguay, dice experto

    Para los argentinos que por ejemplo, son dueños de apartamentos en la costa uruguaya o tienen depósitos en bancos locales y no los declararon en su país, el tratado de intercambio de datos tributarios que hoy jueves 7 cumple nueve meses en vigor “es un problema”.

    “Pero hoy es un problema en todo el mundo. En Uruguay, en Suiza, en Luxemburgo y en Estados Unidos ni que hablar. El mundo cambió de forma descomunal y la música” en lo que refiere a normas para el combate a la evasión de impuestos “la pone la OCDE, nos guste o no nos guste”, sostiene Miguel Tesón, presidente de la Asociación Argentina de Estudios Fiscales.

    El cambio al que alude este especialista tuvo la fuerza de un tornado para Uruguay. A comienzos de 2009 el país fue incluido por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en una “lista gris” por no adherir a sus estándares de transparencia y logró salir de ella luego de negociar una docena de tratados bilaterales que regulan el intercambio de datos tributarios con propósitos de fiscalización. A regañadientes, el gobierno también acordó con Argentina y el convenio entró en vigor el 7 de febrero pasado.

    “No había mucha alternativa. El mundo cambió tanto que la posición histórica de Uruguay no la puede sostener ni Luxemburgo ni Bélgica ni Holanda. Suiza es Suiza”, comentó Tesón, quien es además socio del departamento de Derecho Tributario en el estudio O’Farrell y docente de la Universidad Católica Argentina.

    Su opinión es que no habrá un uso político del convenio por parte de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), que en Argentina se encarga de cobrar tributos, y de controlar las aduanas y el sistema previsional. “Sería una cosa realmente terrorífica que eso ocurriera”, comentó.

    Dice que la economía argentina está “encorsetada” —pero estima que el gobierno de Cristina Fernández no tocará las cosas sustancialmente— y contrasta eso con Uruguay, que más allá de que enfrenta “algunos problemas estructurales” es “un país para vivir y para invertir”.

    Tesón disertó la semana pasada en las VI Jornadas Tributarias organizadas por la Dirección General Impositiva. Luego habló con Búsqueda y a continuación se presenta una síntesis de la entrevista.

    —¿Uruguay podía haber seguido resistiéndose a negociar un tratado con Argentina?

    —No. El país no estaba en condiciones de negarse a firmar el número de convenios que le requería la OCDE para superar las evaluaciones. Y, además, debía hacerlo con países relevantes por su vínculo económico.

    No había mucha alternativa. El mundo cambió tanto que la posición histórica de Uruguay no la puede sostener ni Luxemburgo ni Bélgica ni Holanda. Suiza es Suiza.

    —¿El acuerdo bilateral firmado es equilibrado?

    —Hubiera sido más equilibrado si hubiera incluido un acuerdo para evitar la doble imposición.

    Lo que se acordó fue un régimen para el intercambio de información y un artículo para evitar la doble imposición. Es decir que está más orientado a lo primero, que es lo que le interesaba más a la administración argentina.

    —¿Fue un triunfo argentino en ese aspecto?

    —No estoy tan seguro.

    Argentina está firmando convenios para evitar la doble imposición. Denunció los que denunció y ahora volvió a firmar con España, con Suiza, y con Austria se van a firmar. Con Chile no creo.

    No sé cómo habrá sido la negociación, pero entiendo que fue por momentos dura.

    Se puede hacer un convenio para evitar la doble imposición también.

    —Hay quienes perciben a la AFIP como un organismo politizado y eso genera en Uruguay cierto temor acerca del uso que le pueda dar al convenio. ¿Qué dice usted sobre esto?

    —La promesa de la AFIP es que no se iba a hacer uso político del tratado en absoluto.

    Sí hay discusiones técnicas. La AFIP sostiene que el acuerdo es retroactivo, mientras que la doctrina y la academia afirman que no lo es. No sé bien qué sostiene la administración tributaria uruguaya, pero supongo que su posición es también que no es retroactivo por aplicación de la Convención de Viena sobre los tratados.

    Más allá de esta discusión técnica, confío en que no habrá una utilización política del tratado. Sería una cosa realmente terrorífica que eso ocurriera. Y no creo que la administración uruguaya lo permita tampoco.

    —¿Habrá algún impacto sobre inversiones que poseen argentinos en Uruguay?

    —El que tiene inversiones no declaradas tiene un problema. Mejor dicho: el que tiene inversiones no declaradas siempre tuvo un problema y ahora tiene uno más grande. Las inversiones hay que declararlas.

    —Muchos argentinos ven al mercado inmobiliario y a los bancos en Uruguay como un refugio para proteger su capital...

    —Justamente, el intercambio de información es una herramienta útil para evitar ese tipo de cuestiones. Entonces, para el argentino que no tiene declarados bienes o activos financieros es un problema.

    Pero hoy es un problema en todo el mundo. En Uruguay, en Suiza, en Luxemburgo y en Estados Unidos ni que hablar. El mundo cambió de forma descomunal y la música la pone la OCDE, nos guste o no nos guste.

    En materia del control de la evasión todo cambió en los últimos diez años, así como los temas de lavado, definitivamente.

    —¿El mundo va hacia tratados multilaterales para combatir la evasión fiscal, en lugar de bilaterales?

    —Sí, y en el corto plazo. De hecho ya se están firmando muchos. Se va hacia ese esquema rápido, muy rápido.

    En esto la globalización y la integración avanza mucho más velozmente que los aspectos económicos, comerciales y de ruptura de barreras, que son temas que les pueden interesar más a nuestros países.

    —En la economía argentina se están presentando ciertas distorsiones, algunas de ellas en el plano tributario como las retenciones que se aplican a las exportaciones agropecuarias básicamente. ¿Cómo evolucionará esa realidad crecientemente compleja, ahora incluso con un gobierno más débil políticamente?

    —La economía de Argentina está muy regulada y encorsetada. El sistema cambiario, el sistema financiero, el comercial, las exportaciones. Y la verdad es que cuando se va por ese camino, salirse es difícil.

    Lo mismo pasa con el control de cambios, en el que hay muchos cepos.

    No creo que el gobierno vaya a modificar sustancialmente el esquema económico que está siguiendo, ni a alterar el sistema tributario, porque tiene todavía dos años por delante y eso es mucho tiempo.

    —Usted asesora a empresarios en su país que deben convivir con ese esquema que describe. ¿Les aconseja invertir en Uruguay?

    —Definitivamente. Uruguay ha tenido una transformación brutal, en el campo, en la agricultura y en la ganadería. También en la tecnificación. Recorrer el país y verlo plagado de silos... eso hace 10 años no existía. Quizás falta un esfuerzo en materia de infraestructura.

    Pero han sido años de transformación importante. Y eso sin tener un mercado interno, lo cual no es poco.

    La transformación del campo y la tecnificación es brutal. En esos aspectos Uruguay ocupó muchos espacios que dejó vacíos Argentina. Incluso hubo muchos argentinos que en los últimos años invirtieron en el sector agropecuario uruguayo.

    Lo digo sin demagogia: Uruguay es un país para vivir y para invertir. Es cierto que tiene sus dificultades, como un tipo de cambio atrasado y la ausencia de sectores industriales, que hacen que ciertos bienes y servicios sean excesivamente caros. Tiene algunos problemas estructurales, pero ni hablar que está mejor que hace 20 años.