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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáWilsonistas. Recibo con cierto estupor, aunque no con sorpresa, un discurso que se comienza a escuchar sistemáticamente y cada vez con mayor frecuencia por parte de la coalición gobernante y muchos de sus acólitos, aseverando que los wilsonistas estaríamos mejor representados si votáramos fuera del Partido Nacional.
No soy tan ingenuo para creer que esto es una mera estrategia para el balotaje. Es, sin dudas, el comienzo de una estrategia dialéctica electoral de futuro, lanzada desde la tribuna gobernante, hoy ensoberbecida por su coyuntural y legítimo triunfo en las urnas el 26 de octubre próximo pasado.
Solo aquellos que no son ni han sido wilsonistas pueden sostener tal hipótesis. Las razones son muy claras y sencillas: Wilson Ferreira Aldunate fue, antes que nada, un eximio y riguroso republicano. Jamás hubiese permitido que lo político estuviese por encima de lo jurídico. Como diputado, ministro y posteriormente senador, jamás se apartó un ápice de la Constitución y las leyes, a pesar de haber sido perjudicado algunas veces por ellas (ley electoral de 1971).
Wilson jamás comulgó ni comulgaría, como él mismo lo dijo, con partidos totalitarios o con organizaciones que hayan puesto en tela de juicio la legitimidad de la democracia en nuestro país y menos que hayan atentado contra ella.
Los wilsonistas no sabemos de rencor, de venganzas ni de resentimientos pero tenemos buena memoria. Recordamos quiénes pergeñaron aquella mentira de 1971 de que a Wilson lo financiaba la ESSO Estándar Oil (¡qué paradoja!; ¡hoy a algunos los financian Soros y Rockefeller!) y también recordamos quiénes eran los que coreaban en sus manifestaciones: “Wilson gana, con las vacas que afana”.
Wilson fue, tal como lo prometió, acérrimo enemigo de la dictadura y cuando esta se caía a pedazos (empujada en gran parte por él, desacreditada y desfinanciada gracias a su intervención en el Senado de los EEUU) y solo había que esperar el desenlace, fue traicionado. Los wilsonistas claramente recordamos quiénes actuaron como partiquinos en un pacto en el Club Naval que lo dejaría solo y encarcelado, sin ninguna posibilidad de participar en una elección que probablemente hubiese ganado.
Wilson jamás puso los intereses de su amado Partido Nacional, ni los suyos propios, por encima de los de la patria y seguramente su cruel enfermedad fue acelerada por el enorme disgusto que le provocó tener que promover una ley tan contraria a sus principios, pero que como todos sabemos hoy, aunque muchos no lo admitan, fue la que permitió en aquella coyuntura política tan dramática, superar el difícil trance condicionado por la decisión del Gral. Medina de guardar en su caja fuerte las órdenes de detención a militares emitidas por el Poder Judicial de la época.
Recordamos cómo Wilson fue por ello denostado e insultado desde varios medios de prensa escritos y sobre todo radiales de la izquierda en aquella triste (para todos los demócratas) Navidad del ‘86.
Nosotros perfectamente recordamos quiénes le endilgaron una estafa a otro wilsonista de ley, a su colaborador y entrañable amigo, recientemente fallecido, “Polilla” García Costa, mediante pruebas inexistentes y falsificadas en el caso Focoex (sus perpetradores hoy ostentan cargos diplomáticos en la coalición gobernante).
Podría enumerar muchísimos actos agraviantes hacia la persona de Wilson y sus seguidores, injustamente infringidos por la izquierda.
No he escuchado jamás a ninguno de aquellos dirigentes pedir tan siquiera disculpas por ello. Lo que sí hoy veo con indignación son lisonjeras y promocionadas visitas a su viuda y la dádiva de un cargo rentado a su hijo, por aquellos mismos que tan grande daño en el alma le hicieron a Wilson.
Miguel Ferreira Trujillo
CI 2.726.489-1
Canelones