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    El viento cambió

    N° 1990 - 11 al 17 de Octubre de 2018

    Nunca me gustó, en tantos años de periodismo, traer a colación un vaticinio hecho anteriormente, cuando el decurso del tiempo ha venido a confirmarlo. Sin embargo, me tomo la licencia de hacerlo en esta oportunidad; no para hacer gala de una suerte de profética clarividencia, sino por cuanto el anuncio original poco tenía de adivinatorio, y sí mucho de la experiencia acumulada en tanto tiempo.

    Apelo a la memoria de los lectores, y me remito al contenido de una de las últimas columnas, publicada tres semanas atrás. Ya desde el mismo título (Solo rachas cambiantes) aludía al discreto nivel del fútbol de entrecasa y al hecho —inalterable en nuestro medio— de que el interés de los aficionados solo estaba puesto en la tradicional rivalidad de los dos equipos grandes, ya por entonces los únicos aspirantes a la obtención del actual Clausura. Y, más en concreto, se hacía mención al sorpresivo y pronunciado bajón de un dominante Nacional, muy bien aprovechado por Peñarol, para desplazarlo del cómodo liderato que hasta entonces ostentaba, tanto en ese torneo como en la Tabla Anual acumulada.

    ¿Cuál fue la predicción en esa oportunidad? Pues que ese brusco viraje en los últimos resultados de los dos equipos y, consiguientemente, en sus respectivas posiciones en ambas competencias, no podía tomarse como algo definitivo, en función precisamente de esos profundos altibajos antes señalados, y que, en definitiva, la cuestión era adivinar “cuál de los dos equipos tendrá el ‘viento de cola’ en esta decisiva recta final”. Y, por cierto, lo ocurrido desde entonces no ha hecho sino confirmar ese anuncio, pues la situación de los únicos aspirantes al cetro en disputa ha tenido un vuelco radical en estas últimas fechas, producto de una firme reacción del equipo tricolor y de un paralelo brusco retroceso del mirasol; lo que obviamente se ha visto reflejado en ambas tablas. Lo que, sin embargo, no ha mudado en absoluto, es la certeza de que, con un cotejo clásico de por medio, no puede aventurarse ni por asomo cuál de los dos podrá quedarse con el título del Clausura.

    Veamos. En este lapso relativamente corto, el equipo tricolor logró derrotar, aun con algunas zozobras, a un Liverpool que le dio dura lucha, en un partido que debió interrumpirse por una insólita granizada, y completarse en un “pico” adicional, disputado unos días después. Estaba ganando bien Nacional hasta la obligada suspensión, aunque sin sobrarle mucho; pero en la reanudación su rival logró empatar el tanteador, y transitoriamente sobrevoló la inquietud, entre los hinchas tricolores, de que se sumaran otros dos puntos a la racha negativa de los partidos anteriores. Sin embargo, llegó un segundo gol y esas dudas quedaron disipadas. Posteriormente, el peculiar calendario de este torneo —por la insólita deserción de El Tanque Sisley horas antes de su comienzo— jugó en favor del tricolor, que pudo sumar otros tres puntos más, sin tener que bajar a la cancha. Nacional pudo, entonces, sumar seis puntos en ambas tablas, cortando la preocupante racha negativa de las semanas anteriores. Y, para retemplar aún más el ánimo en alza, en ese mismo período Nacional derrotó a San Lorenzo en el Parque Central, revirtiendo una coyuntura que se le presentaba sumamente complicada, logrando acceder a la siguiente fase de la Copa Sudamericana. Las oscuras nubes del horizonte parecían disiparse, pero aún restaba saber qué pasaba en las otras tiendas.

    Y —tal como antes había acontecido, aunque en sentido contrario— en paralelo a ese fuerte repunte tricolor, se produjo el sorpresivo desbarranque de Peñarol. Primero fue un magro empate 1 a 1 ante Torque —un equipo comprometido en la zona de descenso— en una actuación que marcó un muy marcado retroceso, respecto a lo que la escuadra aurinegra había mostrado en partidos anteriores (con la singular particularidad de que este modesto equipo, recién ascendido, se ha convertido en una suerte de “bestia negra” para Peñarol, pues ya lo había vencido en los dos cotejos disputados este mismo año, por el Apertura y el Intermedio). Y a ese inesperado durísimo traspié vino a sumarse este último fin de semana la derrota por diferencia mínima ante un Rampla Jr. que venía hundido en la tabla anual y había apelado, para que lo dirigiera, a un consumado experto en salvatajes in extremis, como lo es el Tola Antúnez.

    En rigor, fue un partido de aristas muy singulares. Peñarol debió afrontarlo con un par de ausencias significativas: la de Guzmán Pereira y, especialmente, la de Christian Rodríguez —el máximo referente del equipo— a las que se sumó, a último momento, la del argentino Viatri. Podría invocarse esta circunstancia para explicar, de un modo simplista, la razón de esta derrota, pero ocurre que a Rampla también le faltó medio equipo titular, y no disponía de un plantel tan amplio como el de su rival. Más bien la explicación debe buscarse por otro lado. En la primera media hora del partido Peñarol prácticamente arrolló a su adversario —con la mejor actuación de Maxi Rodríguez desde que vino— basándose en un fútbol preciso y veloz, que desnudó la absoluta impotencia de la defensa ramplense. Fueron muchos los goles errados increíblemente, casi abajo del arco (en un trámite muy similar al del empate de Nacional ante River). Y haciendo honor a un antiguo axioma en el fútbol —que dice que “goles errados son goles en contra”—, casi al filo de la primera parte, en una réplica aislada, Rampla se puso en ventaja.

    Se pensó que, con un tiempo aún por disputar, Peñarol podría dar vuelta el partido, pero no fue así. Aunque Rampla decidió cederle la iniciativa, buscando mantener la exigua ventaja, el aurinegro fue perdiendo claridad y ya no llegó al arco rival con la asiduidad del primer tiempo. Incluso, los cambios dispuestos por su técnico, lejos de mejorar el panorama, no hicieron sino complicarlo más; tanto que fue su rival de contragolpe, tuvo las mejores oportunidades de marcar algún nuevo gol y liquidar anticipadamente el pleito.

    En síntesis: a Peñarol se le aguó el festejo de un nuevo aniversario y el estreno de una camiseta alusiva a esa circunstancia (algo que ya le había pasado otras veces). Además de perder su invicto, vio reducida a un solo punto su amplia ventaja en el Clausura, al tiempo que volvió a quedar lejos de Nacional en la Tabla Anual. Son esas “rachas cambiantes”, que mencionamos oportunamente. Y, como tantas veces, ha de ser el resultado del partido clásico, en un par de semanas, el que permita clarificar el panorama. Aunque con otras dos fechas por disputar posteriormente —y atentos a la rampante irregularidad que ambos equipos han tenido hasta ahora— es probable que tampoco a esa altura, pueda vaticinarse quién será el triunfador del actual torneo.

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