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    Elecciones universitarias (III)

    Sr. Director:

    ¡Qué importante es elegir! Cuando ingresé como estudiante de abogacía a la Universidad de la República hace poco más de una década, la Regional Norte tenía unos mil alumnos, algunas decenas de docentes, el 80% de ellos venían cada semana desde Montevideo y las clases solamente se dictaban de jueves a sábado. Es que los profesores daban sus cursos en la capital los días hábiles y guardaban los fines de semana para venir a Salto.

    Todavía había un concepto de que ésta era una Universidad de fin de semana, de cursos largos como si fueran carreras y a las que había que dar con una tranquilidad relativa porque era en el interior, el crecimiento no era explosivo como en la capital y por lo tanto las demandas y exigencias eran mucho menores. Así que todos se la tomaban con soda.

    “Tienen un desayuno jurídico importante ustedes”, me dijo una vez el entonces candidato a decano por la Facultad de Derecho, Alberto Pérez Pérez, cuando estuvimos hablando de la Regional Norte y sus problemas, siendo yo delegado estudiantil por el Frezelmi y llevando a la Asamblea del Claustro de la Facultad de Derecho en un convulsionado año 2002 para la Universidad y el país, los temas que aquejaban a nuestra casa de estudios.

    Nosotros queríamos que la Regional Norte creciera, se desarrollara como Universidad a partir de la realidad en la que estaba inserta y no al revés, donde se le dictaba desde la capital del país a esta sede universitaria todo sobre cómo debía funcionar.

    Hasta los calendarios de exámenes dependían de lo que dijera el Consejo de la Facultad en Montevideo, algo de lo que nos logramos despegar, cuando siendo dirigente del Centro Estudiantes de Derecho logramos negociar con el entonces decano, Alejandro Abal Oliú, que algunas decisiones las tomáramos desde acá para nuestra facultad, como por ejemplo, fijar la fechas de los exámenes nosotros mismos y eso ya fue un paso adelante para la anhelada autonomía que planteábamos hace tan solo una década y media atrás.

    Pero el tiempo pasó, hubo avances, se logró que una ex directora de la Regional Norte, Dora Bagdassarián, fuera decana por dos períodos consecutivos de la Facultad más antigua y conservadora del país, como es la de Derecho, pero que en cierta forma y es justo decirlo, fue la que comenzó el proceso descentralizador con su llegada a Salto en 1957 y el comienzo de los entonces cursos universitarios.

    La de Derecho, que fue la primera carrera que tuvo la Universidad de la República en el Uruguay en 1849 y con ello la inauguración de la Universidad estatal (que, como no podía ser de otra manera, entonces se llamaba Universidad de Montevideo), fue la primera además que decidió dictar sus principales carreras (porque la Facultad de Derecho dicta cinco carreras), las de Abogacía y Notariado, en forma completa en Salto desde 1989, lo que fue revolucionario para la descentralización universitaria en ese momento.

    Mientras esto pasaba, otras facultades que decían no ser tan “conservadoras” e incluso como si esto se tratara de un juego político, decían estar “más a la izquierda” que no se qué, no ponían un pie en el interior, mucho menos en Salto, porque de hacerlo, les parecía como si estuvieran bajando su jerarquía en vez de estar expandiéndose por el país. En definitiva, eran unos atrevidos de primera. Pero nadie los consideraba así en esa época. En cambio, ahora, si no se vienen a Salto a dictar sus carreras, quedan en evidencia su propio retroceso.

    Pero la Regional Norte creció y pasó a llamarse Polo Universitario del Noroeste, se juntó con su rival en todas las disciplinas, la Casa Universitaria de Paysandú, que como en el fútbol se disputan todo, y en ese caso, hasta la permanencia de la Universidad en el litoral lo hicieron así, y se creó el Centro Universitario del Noroeste, algo con nombre lindo, forma y contenido. Un contenido que marcha y que tiene forma de algo.

    “¿Pero ustedes qué quieren ser? ¿Una Universidad aparte? ¿Una Facultad? ¿Qué es lo que quieren? Dénme algo concreto y lo hacemos”, fueron las palabras textuales que me increpó tras una convulsionada Asamblea del Claustro de la entonces Regional Norte, el ex rector de la Universidad de la República por dos períodos consecutivos, Rafael Guarga, que mucho tuvo que ver con la desidia que hubo desde la capital hacia la Universidad en Salto. Guarga se aferraba a que nosotros no proponíamos nada concreto y que él no iba a cambiar nada de la estructura universitaria para darnos forma, porque según él “no sabíamos para qué queríamos tener poder”. Pero creo yo que era su manera minúscula de mostrar miedo a perder poder desde el centralismo conservador y trasnochado que defendía y darle autonomía a una parte de la misma Universidad que dirigía pero que estaba en Salto.

    Aunque todo pasa y todo cambia, a veces es para mejorar. Eso quedó así demostrado cuando hoy la Universidad en Salto está construyendo un ala de laboratorios para albergar a destacados científicos uruguayos que están afincados en nuestro medio desarrollando investigación, a experimentados docentes que han apostado por crear conocimiento científico desde este punto a 500 kilómetros de la capital y con un crecimiento explosivo de la matrícula estudiantil debido a una oferta académica que se viene diversificando cada vez más.

    Estamos ante una Universidad de puertas abiertas, con mucha gente que entra y sale, con jóvenes que vienen desde varios rincones del interior de los distintos departamentos de la región, queriendo ser lo que sus padres no pudieron ser y hacer lo que en sus pagos les dijeron que era muy difícil, pero lo hacen con pasión y sin perder su identidad, con muchas ganas de generar conocimiento para desarrollarlo y aplicarlo en su propio lugar de nacimiento.

    Esa Universidad de la República es la que nos da un ejemplo a todos cada vez que realiza un proceso eleccionario. Porque nos enseña que los universitarios de la región pueden y deben defender su destino, deben participar para decidir qué modelo de Universidad quieren y para demostrar con ello que se han ganado con madurez y coraje la institucionalidad que tienen.

    Por eso es importante que todos los universitarios de las más distintas corrientes ideológicas y más allá de resultados en una elección, generen un compromiso real con esa institución y a través de la misma le enseñen a la sociedad que todos podemos convivir con valores y principios tan importantes como el respeto, la responsabilidad y la tolerancia, pero sobre todo, el compromiso de construir una Universidad mejor para todos los que quieran ser parte de ella.

    Hugo Lemos

    Salto