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Contra la opinión de actores privados que prevén un área menor, desde la Oficina de Programación y Política Agropecuaria (Opypa) del Ministerio de Ganadería estiman que el área sembrada de trigo se situará en un entorno de las 250.000 a 300.000 hectáreas, dijo a Campo Gonzalo Souto, técnico de esa repartición y especialista en el análisis de las cadenas agroindustriales de base agrícola. De confirmarse esa cifra, la disminución respecto a la zafra 2014/2015 se situaría entre el 25 % y el 40 %.
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Souto sostuvo que el MGAP nunca estimó un área para esta campaña, aunque sí tienen la convicción de que el escenario es de una “probable caída importante” desde las casi 400.000 hectareas sembradas en 2015. “La idea es que una caída importante va a haber”, sostuvo, pero indicó que los datos oficiales se van a conocer públicamente sobre fines del mes de julio. Informó que esta semana se comenzó a recibir la información de campo de la encuesta de intención de siembra que realiza la Dirección de Estadísticas Agropecuarias (Diea) y que en los próximos 10 días la cartera contará con una cifra más precisa, la que previó que se hará pública sobre fines del próximo mes. Por las buenas condiciones para la siembra y la velocidad con que esta ha avanzado, más que “intención” de siembra, en muchos casos la encuesta reflejará la información de áreas ya plantadas con el cereal.
Dijo que aunque es “opinable”, en el Ministerio no esperan un área de 200.000 hectáreas como proyectaron algunos operadores desde el sector privado, y que eso personalmente le “parece” una caída “demasiado grande”. Su impresión, según confió a Campo, es que la superficie sembrada con trigo se va a ubicar entre las 250.000 y las 300.000 hectáreas, pero aclaró que “la verdad va a ser lo que haya en la cancha”.
Consultado sobre cómo explica que aún siga habiendo agricultores que frente a la mala performance económica del cultivo en los últimos años aún hayan decidido plantarlo, Souto dijo que el rubro, como otros, “esconde toda la variabilidad del mundo” y así como para algunos con costos altos y rendimientos bajos deja de ser una opción, otros, ubicados cerca de los puertos o centros de acopio y con rendimientos potenciales de 4.000 o 5.000 kilogramos por hectárea, “todavía encuentran condiciones de negocio”.
Dijo que el mismo precio se traduce en situaciones distintas en función de las localizaciones, y que eso es lo que explica “en alguna medida” que haya productores que aun con esta caída de precios se mantengan en el negocio triguero. Consideró que otro factor involucrado está referido al hecho de que en muchos casos haya una “cierta planificación” de la secuencia de cultivos, que ahora está “más amarrada” por los planes de uso y manejo de suelos, que obliga a tener las chacras cubiertas durante el invierno. Estimó que algunos optaron por sembrar cebada o ampliar el área de este cultivo, y otros por hacer “puentes verdes”, pero según su criterio ambas opciones están limitadas. En el caso de la cebada porque su crecimiento “siempre” está restringido a la superficie que pueda plantar la maltería, que a su vez está acotada a la capacidad de malteo con la que cuenta. Y en el caso de los puentes verdes, la limitante para esta opción que consideró “atractiva” y una buena opción para el cuidado del suelo y la rotación, está referida a la posibilidad de disponer de las categorías de ganado adecuado para el pastoreo y aprovecharlos mejor como negocio, algo que no cree que “todo el mundo lo tenga tan fácilmente”.
Costos bajaron entre 5 % y 10 %
En función de estos aspectos, Souto dijo entonces que “aunque el trigo no sea una maravilla”, igualmente pueden existir razones para que determinados productores “necesiten ponerlo en el negocio”, mirando la secuencia de cultivos y apostando a “defender” su inversión de mejor manera con la campaña de soja.
Por otro lado se refirió también a los arrendatarios, quienes ya asumieron un compromiso de pago de rentas y tienen todavía uno o dos años de contrato, y sin obtener un “gran resultado”, el trigo les ayuda “de una manera mínima” a mantener el flujo del negocio.
Dijo que de todas formas, entiende que el área triguera se va a circunscribir a la denominada zona núcleo, cercana a los puertos y en chacras con mejor aptitud agrícola, lo cual entendió “lógico” que suceda, ya que el cultivo se “maximiza” en las locaciones y la calidad del suelo, que habilitan a un mejor resultado en condiciones “tan estrechas” del negocio.
En Opypa no tienen estimado cuál es el rendimiento de equilibrio promedio para el cereal, pero Souto dijo que lo que está sucediendo, aunque “no en todos los rubros ni en la magnitud que se esperaría”, es una baja en los costos, que en algunos casos pueden estar vinculados con la suba del tipo de cambio al abaratarse en dólares, y en otros por la propia oferta y demanda, como es el caso de las rentas agrícolas. Entendió que “en general todas las fuentes que generan costos hablan de una cierta reducción en dólares del 5 % o del 10 % según contra qué se compare, que en parte mitiga un poco la caída de precios, aunque no totalmente porque esta fue mucho más grande”.
Para este técnico, esa caída de costos colabora para que en algunas condiciones “mucho” más eficientes de productividad y localización, haya situaciones donde se puedan encontrar resultados “modestamente” positivos. Sin embargo, remarcó que el agricultor necesita ser cada vez más eficiente y que por tanto, en parte, ello explica que cada vez “sean menos” y que ello se traduzca en la menor área estimada para esta campaña.
Además del bajo precio y los costos, para Souto el otro factor “desestimulante” en esta campaña son los problemas relativos a la calidad que el cultivo de trigo ha debido enfrentar en los últimos años. Dijo que mientras un año se registraron granos dañados por fusarium, en otro fue el problema del DON o el bajo nivel de proteína el año pasado, lo cual está relacionado con factores asociados al clima, que es uno de los determinantes de la calidad final, y que si ocurren de manera “perversa” hacen que sea “casi inevitable” una afectación, lo cual ha sido un factor adicional de dificultades para la cadena triguera.
No obstante, señaló que hay una serie de medidas de manejo, como la selección de la variedad a sembrar o la alternancia de las épocas de siembra tratando de manejar el ciclo del cultivo, o medidas de corte sanitario que pueden contribuir para disminuir los riesgos.
Precios no mejorarán
“Lamentablemente, en el trigo ha habido más estabilidad en los precios”, afirmó Gonzalo Souto, quien apuntó que no se ha beneficiado como sí lo hizo la soja con cambios “muy favorables” o incluso el maíz, que en una “situación intermedia” ha tenido un menor rango de mejora. En el caso del trigo, dijo que “si bien ha mejorado algo, es el que se ha comportado peor en ese sentido”.
Explicó que cuando se observan los movimientos del mercado mundial de granos, “da la impresión de que se corresponden muy bien con los balances mundiales de oferta y demanda”. Dijo que en el caso de la soja hubo un cambio importante y se están pronosticando caídas significativas de la existencia para la zafra que está terminando e incluso para la que viene. Algo parecido —señaló— ocurre con el maíz, aunque de menor intensidad. Pero apuntó que en el caso del trigo, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) en sus últimos pronósticos volvió a confirmar una expectativa de expansión de las existencias, por lo que todavía no aparece ningún “cambio radical en el horizonte que permita decir que la situación del mercado en el mundo va a cambiar significativamente”.
Más allá de eso, señaló que aunque por sus propios números de oferta y demanda la situación para el trigo “no pinta mejor” como para que tenga un impulso alcista, sí se puede tomar como un elemento “interesante” el hecho de la mejora en los precios de los otros granos, ya que entiende que en cierta forma “hay una capacidad de sustitución en el mercado que hace que si el maíz vale muy caro, en alguna medida le permite al trigo tener un precio mejor como competencia, y de esa manera generarle un poco de tirón hacia arriba vía relación de precios con el maíz y eventualmente con otros cereales”.