Nº 2091 - 30 de Setiembre al 6 de Octubre de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa noche del domingo 27 empezó con festejos compartidos. Unos se emocionaban por los triunfos en Montevideo, Canelones y Salto y otros por haber recuperado terreno en varios lugares claves del interior. Era hasta un poco esquizofrénico seguir al detalle las reacciones de los dirigentes políticos en los medios masivos de comunicación y en las redes sociales: parecía que todos habían ganado. Entrada la madrugada la balanza se inclinó a favor de los blancos, pero en Montevideo todavía continuaban los bocinazos de autos embanderados de rojo, azul y blanco.
Es entendible que así haya ocurrido porque la que volvió a ganar fue la brecha. La que se impuso en todo el país fue la fractura, la división en dos mitades, el divorcio ideológico cada vez más beligerante, el nuevo bipartidismo. Tenía razón el general Liber Seregni cuando decía que Uruguay iba camino a ser un país con solo dos partidos mayoritarios. Su error fue creer que esa división sería entre el Frente Amplio y el Partido Colorado. La realidad muestra de un lado a los blancos y del otro a los frenteamplistas y lo ocurrido durante todo el proceso electoral, incluido las elecciones municipales, lo confirma.
Porque el principal perdedor de los lemas históricos al cierre de este ciclo de más de un año de comicios nacionales y departamentales es el Partido Colorado. El Frente Amplio y los blancos lograron renovar liderazgos, ganaron en lugares importantes y ya están proyectados con posibilidades para las próximas elecciones. No pasa lo mismo con el viejo partido de Rivera, que tienen por delante una lucha para poder sobrevivir.
A los hechos. El Partido Nacional logró un absoluto dominio en el interior del país, recuperando departamentos que a priori parecían casi imposibles, como Rocha. Además, desplazó al Frente Amplio de Paysandú y de Río Negro y confirmó una supremacía absoluta en sus bastiones históricos. Casi todo el mapa uruguayo quedó pintado de celeste y blanco. El campo, las pequeñas localidades, algunas no tan pequeñas y la más acaudalada, como Maldonado, son del Partido Nacional. Allí ganaron en octubre, repitieron en noviembre y terminaron de demostrar su supremacía ahora. El país de los caudillos, el de a caballo, el que históricamente lució la divisa blanca, les sigue perteneciendo. Cada vez más.
Del otro lado, en las ciudades más populosas, otrora bastión de los “doctores” asociados con el Partido Colorado, sigue mandando el Frente Amplio. Y encima los blancos pasaron a ser los segundos, ocuparon el lugar de retadores, aunque todavía lejos. Todas las zonas más pobladas del país, con excepción de Maldonado, son gobernadas por la coalición de izquierdas. El paradigma es sin duda Montevideo, donde desde que Tabaré Vázquez llegó a intendente por primera vez en las elecciones de 1989 no ha habido un cambio de signo político. Pero algo similar ocurre con Canelones y ahora se suma Salto.
Además, los frenteamplistas tienen para celebrar el surgimiento de nuevos liderazgos con proyección como para sustituir a los expresidentes Tabaré Vázquez y José Mujica y al exministro de Economía Danilo Astori, que todavía no han querido o no han podido pasar la posta. Está bastante claro que tanto el intendente electo de Canelones, Yamandú Orsi, como la de Montevideo, Carolina Cosse, corren con una amplia ventaja en la carrera electoral para 2024. Falta mucho todavía, pero, con los triunfos del domingo, ya hay al menos una fórmula presidencial del Frente Amplio en la mira. El orden dependerá de los votos, como siempre.
Así las cosas, queda muy poco espacio para los colorados, que además tienen un competidor importante, como es Cabildo Abierto. Terminaron siendo el partido anecdótico, el tercero que queda afuera de la pareja, el jamón de sándwich. Se quedaron solo con Rivera y en algunos departamentos tuvieron la peor votación de su historia. Perdieron cerca de 81.000 votos desde octubre hasta el domingo 27.
Tienen además un problema serio de liderazgos. El expresidente Julio Sanguinetti es su principal referente, pero se encuentra en la última etapa de su carrera política. Su sucesor natural parecía ser el excanciller Ernesto Talvi, pero dio un paso al costado, dejando a muchos dirigentes y militantes a la intemperie. Ante ese panorama, algunos ven la posibilidad de que resurja Pedro Bordaberry. Podría ser él u otros pero todavía no hay ninguno que realmente entusiasme. Y sin líderes no hay votos. Y sin votos no hay partido. Por eso los colorados están en riesgo de extinción. Como ocurre con algunas especies que ingresan en esa zona, necesitan medidas extremas como para poder volver a multiplicarse. De lo contrario, tendrán una muerte lenta.
Sanguinetti lo sabe y por eso insistió tanto en hacer alianzas con los blancos en todos los departamentos, como forma de fortalecer aunque sea un poco a su partido. No se concretaron porque “desgraciadamente el Partido Nacional pensó distinto”, escribió el viernes 25 en el semanario virtual Correo de los viernes. De todas formas, al evaluar el martes 29 los resultados de las municipales en Radio Carve, el expresidente concluyó que se consolidó un nuevo bipartidismo, entre el Frente Amplio y la coalición multicolor, y que el Partido Colorado “seguirá representando sus valores históricos”. Lo del nuevo bipartidismo está fuera de discusión, pero lo que todavía está en duda es si ese esquema permitirá que sobrevivan todos los viejos partidos.
La sociedad uruguaya está cada vez más polarizada y tiende a reducir casi todas las discusiones a blanco o negro. Eso dificulta a las colectividades minoritarias, que pierden adherentes ante tanto enfrentamiento. Ahora parece que o estás con la Exposición Rural o estás con la Marcha de la Diversidad y hasta la pandemia de coronavirus tiene un color partidario, por poner solo un ejemplo de los últimos días. Crecen los extremos. O al menos son los que hacen más ruido.
Y no parece que ello vaya a cambiar a corto plazo, aunque algunos de los nuevos líderes han dado señales de acercarse al camino del medio. Pero igual las próximas elecciones se encaminan a ser “entre dos modelos de país”, como les gusta decir a ambas partes. No es una buena noticia para los uruguayos. Y mucho menos para los colorados.